El Apego, un simulacro del Amor

El Apego, un simulacro del Amor
Cuando somos niños aprendemos qué es la vida, cómo son las relaciones y qué es el Amor a través del ejemplo de nuestros padres y otras figuras que representan a la autoridad en la infancia. También a través de la religión, modelos y símbolos de la cultura y la época en que nacimos. Estos modelos se han quedado profundamente grabados en nuestro inconsciente y respondemos a ellos de manera automática siguiendo su ejemplo, sus creencias.
Vivimos en un mundo que ha devaluado a las personas a la calidad de objetos de nuestra propiedad. Así como nuestros deseos de cosas materiales se encuentran exacerbados, también los seres humanos nos hemos convertido en mercancías y en objetos que podemos poseer. Y la gran mentira es que se supone que tanto unos como otros nos darán la felicidad o la tranquilidad que todos anhelamos. Pero también todos sabemos que no funciona.
¿Qué es lo que no funciona? ¿Por qué el tener a alguien en nuestra vida no es suficiente? Hablamos de pareja, hijos, amigos, mascotas, etc etc. ¿Será que lo que anhelamos no se encuentra ahí, que buscamos en un lugar o en una forma equivocada?
El Amor es mucho más que un sentimiento o una energía que podemos compartir. Es la expresión de lo que somos, es nuestra verdadera esencia revelándose en la experiencia. Cuando no estamos en Amor lo que sentimos es el vacío de no poder conectar con nosotros mismos y es esta desconexión la que nos lleva a buscar alivio en lo externo en lugar de lo interno.
Cuando deseamos poseer algo o alguien lo hacemos con la fantasía de que nos llenará ese vacío interno que, inconscientemente sabemos, solo el Amor puede llenar. Y es así como convertimos al Amor en un pobre sustituto, el apego.
El apego es reducir a la persona a algo que puedo poseer, que es mío. Es reducir al Amor a una relación especial que, además, tiene que cumplir con nuestras expectativas y reclamos. Es un sustituto del Amor real, donde busco un alivio temporal al dolor que supone la falta de Amor.
En el apego me vuelvo dependiente del otro creando un vínculo de necesidad que nada tiene que ver con nuestra natural inclinación por la libertad. En el apego me siento carente y necesitado y por ello busco afuera lo que he olvidado que llevo dentro.
No solo con las personas se desarrolla el apego. Podemos apegarnos además a situaciones, objetos, profesiones, creencias, patrones de conducta, etc. Todo ello pasa a ser algo que nos ayuda a aliviar temporalmente la sensación de carencia que tenemos, la llamada angustia existencial que solo la conexión con nosotros mismos puede llenar.
El verdadero Amor es justamente lo contrario. No tiene un objeto de deseo porque no conoce la necesidad. Es un estado del Ser y por lo tanto, una experiencia interna. Estar en Amor es estar en-Amorados pero sin pedir nada a cambio porque el pedir significa que no tengo, que estoy en carencia y en un estado de Amor solo existe plenitud. El Amor se extiende a sí mismo, solo puede darse y al darse, crece más. Es universal e incondicional, el Amor ama TODO o no es Amor.
Vivimos como mendigos sin saber que contamos en nuestro interior con un tesoro, restringiendo nuestra capacidad de amar a ciertos ¨objetos¨ cuando nuestra realidad es que tenemos la fuente inagotable de aquello que buscamos fuera siempre disponible dentro. Todo el problema es que buscamos el Amor donde no está.
Elegir entre el apego y el Amor es elegir entre experimentarnos a nosotros mismos como una persona carente y desvalida, buscando algo externo para encontrar alivio, o como un Ser completo en Sí mismo experimentándose en su máxima expresión.

 

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