El gran libro de la proyección astral – Algunas experiencias personales

ALGUNAS EXPERIENCIAS PERSONALES
Quizás resulte conveniente dar fin a esta introducción con una breve reseña de algunas tentativas de proyección astral realizadas por mi mismo hace ya algunos años. Las llevé a cabo durante mis experiencias en el campo del Yoga. Unas cuantas veces “deseé” presentarme a cierta dama naturalmente en forma completamente psíquica precisamente en el momento en que comenzaba a dormirme. La mayoría de esas tentativas resultaron frustradas, pero en tres ocasiones la dama de referencia despertó súbitamente y me vio parado en su habitación o sentado en su lecho. Permanecí visible durante escasos segundos para luego “desvanecerme en el aire”. Por mi parte no tuve conciencia de ningún éxito aparente en ocasión alguna; me limitaba a despertar por la mañana como de costumbre, ignorando si había “pasado” algo o no. Estos experimentos abarcaron un período de varias semanas y casi no hace falta decir que en ninguna oportunidad de la menor indicación acerca de las horas escogidas para intentar estas “proyecciones”.




Claro está que así como pueden haber sido proyecciones inconscientes reales, también pueden haber sido experiencias
puramente subjetivas, iniciadas tal vez telepáticamente. Pero una de las experiencias fue realmente sorprendente y quizás deba dedicarle, por ello, mayor espacio. Debo aclarar que la joven dama en cuestión es una eximia pianista y está dotada de una memoria musical prodigiosa. Basta que ejecute o escuche un trozo musical una vez para que ya no lo olvide nunca. Este hecho es de importancia por las razones que veremos más adelante. Un día le pregunté si alguna vez había escuchado una vieja canción, “Cuando los gorriones hacen su nido”, popularizada años atrás por Jenny Lind y que en mi infancia había sido una de mis tonadas preferidas. Ella me contestó que no la conocía. Entonces prometí conseguir un ejemplar de la partitura y enviárselo “alguna vez”, pues tenía la certeza de que le gustaría. Eso es todo cuanto hablamos en esa oportunidad, sin asignarle al asunto más importancia. Dos noches después traté de “aparecer” ante ella y como de costumbre, me desperté por la mañana, sin saber si mi experimento había tenido éxito o no. Poco más tarde recibí una comunicación telefónica y la joven dama de referencia me informó que yo había “aparecido” ante ella la noche anterior ‘en forma bastante más vívida que de costumbre’ y que como consecuencia se había visto impulsada a escribir automáticamente una línea poética. Esa tarde la visité, me narró la experiencia, me mostró el verso y confieso que sufrí una verdadera conmoción momentánea; la poesía consistía en los versos iniciales de la canción “cuando los gorriones hacen su nido”, reproducidos con absoluta precisión, si se exceptúa una sola palabra.
Me limito a dar cuenta de este caso por lo que pueda encerrar de valor, pues no puedo proporcionar ninguna “prueba” y todo el incidente podría haber sido simplemente una notable coincidencia. Personalmente me siento inclinado a dudar que así haya sido. Sin embargo, me abstendré de insistir en ello, contentándome con anotarlo como ejemplo ilustrativo de los curiosos resultados a que puede llegarse experimentando en este espinoso terreno. Como hemos visto, otros investigadores han obtenido resultados muchos más llamativos y convincentes.
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Debo finalizar ahora esta introducción. He gozado del privilegio de trabajar junto a Muldoon durante toda la redacción y preparación de este volumen; he agregado algunas notas al pie de página, de tiempo en tiempo, y sugerido ciertos experimentos convenientes o el tratamiento de algunos puntos no esclarecidos todavía; fuera de esto, la redacción del libro se debe exclusivamente a Muldoon, y es mi convicción que el mundo psíquico ha contraído con él una profunda deuda de gratitud por su espíritu de sacrificio y su determinación al emprender la tarea de escribirlo, hallándose postrado en cama con grandes dolores físicos.

Quiero hacer presente una vez más mi cabal certeza de su sinceridad, su fidelidad y su notable actitud científica hacia sus propias experiencias. Todo lo cual, estoy seguro, se desprenderá naturalmente de la lectura del libro. Es ésta una obra de la mayor importancia; es precisamente la clase de libro que en todo el mundo habían estado esperando los estudiosos de la ciencia psíquica. 


Hereward Carrington

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