El gran libro de la proyección astral – Dificultad de la pueba

DIFICULTAD DE LA PRUEBA
Claro está que podría contestarse: “Muy cierto, siempre y cuando pueda probarse la realidad del cuerpo astral”. “Después de haberse engullido el camello es inútil preocuparse por el jején”… Pero fuera de estos casos de “proyección” consciente o voluntaria, constantemente se han venido acumulando pruebas de la existencia de este ente que llamamos cuerpo astral oetérico. El primer hecho que llamó la atención de los primeros investigadores de la Sociedad de Investigaciones Psíquicas,
cuando ellos comenzaron sus estudios, fue el gran número de apariciones coincidentes con la muerte de la persona así representada; y el resultado del primer Censo, publicado en Los fantasmas de los vivos, como así también el del segundo, mucho más extenso que el anterior, publicado en el volumen décimo de los Procedimientos de la referida Sociedad, confirmó la creencia de que aquellas coincidencias obedecían a algo más de lo que la casualidad podía explicar, y de que debía existir alguna relación causal entre la aparición y la muerte de la persona cuyo “doble” se hacía presente. Como es natural, se trató de explicar la mayoría de estas experiencias atribuyéndolas a “alucinaciones telepáticas”. Pero no todas ellas podían explicarse tan fácilmente, y en lo que a los resultados del primer censo se refiere, cl señor Myers contemplaba esta explicación no sin ciertos escrúpulos de conciencia, según lo muestra claramente su trabajo “Note on a suggested Mode of Psychical Interaction”. La objetividad de algunos fantasmas se tomó tan evidente que el señor Andrew Lang se vio forzado a admitir en su Cock Lane and Common Sense (pág. 206) que: “. . Algunas apariciones son ‘espectros’, entidades objetivas reales que ocupan espacio.” Y puede agregarse que las pruebas de ello se han multiplicado considerablemente en años recientes, aparte de las “materializaciones” y otras manifestaciones semejantes. Carecemos de espacio ahora, desgraciadamente, para ocuparnos de
ellas.2

Puede afirmarse, en consecuencia, con considerable certeza, que las pruebas de la existencia de entidad tal como el cuerpo astral, no han cesado de acumularse, como resultado de nuestras investigaciones psíquicas, y que son, por cierto, categóricas. Apenas hace falta decir que una vez aceptado este hecho definitivamente, habrá de permitirnos explicar gran número de fenómenos hasta ahora sumidos en completa oscuridad como, por ejemplo, los de las casas habitadas por fantasmas, las apariciones presenciadas por varias personas simultáneamente, las fotografías psíquicas, la clarividencia, etc.; y también, (suponiendo que el cuerpo astral pueda, en ocasiones, actuar sobre la materia) los golpes, la telekínesia, los espíritus ruidosos (poltergeist) y otros fenómenos físicos. De hecho, una vez establecida la existencia objetiva del cuerpo astral, un torrente de luz habrá de verterse sobre todas las manifestaciones psíquicas, ya sean ellas físicas o mentales.

Ahora bien; con completa independencia de estas pruebas colaterales, han existido en todo tiempo individuos que afirmaron ser capaces de abandonar el cuerpo físico a voluntad y viajar por los espacios, por mayor o menor tiempo, en una especie de “cuerpo astral”, conservando una clara conciencia durante todo el proceso. La dificultad a estribado siempre en probar estas afirmaciones. En realidad, esto es siquiera un sueño de vuelo, y, de acuerdo con Muldoon, un sueño de vuelo, es a su vez,
¡algo enteramente diferente de una proyección consciente!

2 Casi no hace falta decir que las “comunicaciones espirituales” han corroborado invariablemente este hecho. Leemos así, en el
segundo informe del Dr. Hodgson sobre los fenómenos de trance de la señora Piper:

“Las informaciones de los ‘comunicadores’ concernientes a lo que ocurre en la esfera física pueden expresarse en términos generales de la manera siguiente: todo” nosotros poseemos cuerpos compuestos de un ‘éter irradiante’ encerrados en nuestros cuerpos de carne y hueso. La relación entre el cuerpo etéreo de la señora Piper y e1 mundo etéreo, donde los “comunicadores’ afirman existir es de tal índole que existe una cantidad especial de energía peculiar acumulada, en vinculación con el organismo, y esto se presenta a su vista como una luz…”, etc. (proc., XIII, pág. 406).




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