EL ROMPECABEZAS DE JESÚS – 1ª PARTE

¿Acaso no hubo Jesús histórico ?

por Earl Doherty

El autor se reserva todos los derechos de republicación. Se pueden hacer copias personales siempre y cuando se preserve la identificación del autor.

Traductor: Hernán Toro
 

PARTE UNO : UNA CONSPIRACIÓN DE SILENCIO
 

Alrededor del año 107, el obispo cristiano de Antioquía hizo un último y penoso viaje. Bajo escolta militar, Ignacio viajó por tierra desde Antioquía hasta Roma, donde en su brutal arena iba a morir una muerte de martir. A lo largo del camino él escribió a varias comunidades cristianas.

A los Tralianos el dijo : “Cierren sus oídos entonces si alguien les predica sin hablar de Jesucristo. Cristo fue del línaje de David. Él era el hijo de María ; él verdaderamente nació, comió y bebió, fue realmente perseguido bajo Poncio Pilato, fué realmente crucificado….Él fué también realmente levantado de entre los muertos.

Pero hay algo muy curioso acerca del hecho de tales ideas en las cartas de Ignacio. Dejemos de lado los Evangelios por ahora, excepto para decir que no hay buena razón para fechar ninguno de ellos antes de muy avanzado el primer siglo, y miremos el cuerpo remanente de escritos cristianos supervivientes en la época de Ignacio.

El plano incluye las cartas genuinas de Pablo, escritas en los años 50; cartas escritas más tarde bajo su nombre : Colosenses, Efesios, 2 Tesalonicenses, las tres pastorales(1 y 2 de Timoteo & Tito); otras espístolas del Nuevo Testamento : Santiago, Hebreos, Judas, 1 y 2 de Pedro, 1, 2 y 3 de Juan; Revelación. También están incluidos escritos no canónicos: 1 de Clemente, la Didaché (Más tarde llamada las enseñanzas de los 12 Apóstoles), las cartas de Ignacio, y la epístola de Bernabé. Las fechas de muchos de estos documentos (todos originalmente escritos en griego) son difíciles de fijar y aquí son sólo tratadas de forma aproximada.

Muchas veces en sus cartas, Ignacio enfatiza su creencia en Jesus como el hijo de María, como un hombre que había vivido
en la época de Herodes, que había sufrido y muerto bajo Poncio Pilato. Cada Cristiano estaría de acuerdo de que estos son
elementos esenciales de la historia del Evangelio junto con el retrato de Jesús como un maestro ético, como ejecutante de milagros, un predicador apocalíptico de la llegada del Reino de Dios. Y aún así, cuando pisamos por fuera de aquellos Evangelios en la mucho más enrarecida atmósfera de las epístolas del primer siglo, encontramos un gigantesco rompecabezas.

Antes de Ignacio no se va a encontrar ni una sola referencia a Poncio Pilato, el ejecutor de Jesús. Ignacio es tambien el primero en mencionar a María; José, el padre de Jesús, no aparece en ninguna parte. La más antigua referencia a Jesús como algún
tipo de maestro viene en la primera carta de Clemente justo antes de Ignacio, quien parece curiosamente inadvertido de cualquiera de las enseñanzas de Jesús. Para encontrar el primer indicio de Jesús como Taumaturgo, debemos movernos más alla de Ignacio hasta la epístola de Bernabé. Otros elementos notables de la historia del Evangelio son igualmente difíciles de
encontrar.

Este extraño silencio sobre el Jesús de los evangelios que impregna casi un siglo de correspondencia cristiana pide a gritos una explicación. No puede ser ignorado como algún capricho inconsecuente, o por la observación descuidada hecha por el academicismo Neotestamentario de que los escritores cristianos primitivos “no mostraban interés” en la vida terrenal de
Jesús. Algo está pasando aquí. En este primer artículo de una seria de tres, vamos a examinar detalladamente esta  “conspiración de Silencio” en la cual Pablo y todos los demás escritores cristianos del primer siglo parecen estar confabulados.

El cristianismo nació dentro del Judaísmo, cuya enseñanza teológica básica fué : Dios es Uno. La más grande blasfemia para un judío hubiera sido asociar cualquier hombre con Dios. Aún así, ¿Qué hicieron estos primeros cristianos? Aparentemente, ellos tomaron alguien visto como un criminal crucificado y lo convirtieron el el Hijo de Dios y Salvador del Mundo. Le dieron títulos y roles previamente reservados únicamente para Dios. Le hicieron preexistente: compartiendo la divinidad con Dios en el cielo antes de que el mundo fuera hecho. Esto no fué algo que hubiera evolucionado con el tiempo. Todo este pensamiento altamente espiritual y mitológico es la más temprana expresión acerca de Jesús.

No obstante, hay un profundo silencio en Pablo y los otros escritores del primer siglo. Lo podríamos llamar  “La Ecuación Perdida”. Ninguno de estos escritores afirma en ninguna parte que este Hijo de Dios y Salvador, este Cristo cósmico del cual todos están hablando, era el hombre Jesús de Nazareth recientemente enviado a la muerte en Judea. En ninguna parte hay una defensa de esta proposición descabellada y blasfema, el primer elemento necesario (presumiblemente) en el Mensaje cristiano: que un hombre reciente era Dios.

Dicha defensa hubiera sido requerida aún para una audiencia de Gentiles. Los griegos y Romanos tenían sus propias filosofías religiosas, que incluían la idea de un Hijo divino, de un intermediario entre Dios y el mundo, pero dichos conceptos espirituales nunca habían sido igualados con un ser humano.

En contraste, miremos los Hechos de los Apóstoles, escritos bien entrado el segundo siglo. En el capítulo 2, Pedro se representa hablando a los judíos así : “Hombres de Israel, escuchen mis palabras : Jesús de Nazareth, un hombre “probado ante ustedes por Dios…” Y sigue predicando acerca de éste Jesús, a quien “Dios ha hecho Señor y Cristo”.

Aquí está la ecuación perdida en las epístolas del primer siglo. Empieza con el Jesús humano y le declara que fué divino o que fué hecho divino. Pablo y otros escritores primitivos, sinembargo, parecen hablar exclusivamente de un Cristo divino. Él es una especie de don, nunca identificado con un ser humano reciente. Se estipulan creencias espirituales  acerca de éste Cristo e Hijo de Dios divino.

1 Corintios 8 :6, por ejemplo, dice: “Para nosotros hay un Dios, el Padre, del cual  proceden todas las cosas y hay un solo Señor, Jesus Cristo, por quién son todas las cosas y por quien somos nosotros.” De la misma carta, Pablo recita el evangelio que predicó (15 :3-4) : “Que Cristo murió por nuestros pecados de acuerdo con las escrituras; que fue enterrado; que fué levantado en el tercer día de acuerdo con las escrituras.” ¿Por qué la igualación de este Salvador divino con el reciente Jesús de Nazareth no sería una parte necesaria y natural de al menos algunas de las declaraciones de fé o aún, de argumentos y discusiones simples que encontramos en todas las epístolas del primer siglo? Esta igualación está perdida de forma notoria en 1Corintios 1, 18 y ss, donde Pablo está defendiendo la sabiduría de Dios y la aparentemente absurda doctrina Cristiana, aunque no siente necesidad de incluir una defensa del sinsentido de que un ser humano ha sido elevado a la divinidad. Dejaré al lector que mire cuidadosamente otros pasajes, como Filipenses 2 :6-11, Colosenses 1 :15-20, el primer capítulo de la Epístola a los Hebreos (La lista podría crecer indefinidamente), para que se  pregunte dónde está el reciente Jesús de Nazareth en todo ésto, el hombre que supuestamente había caminado sobre la misma tierra en que estos escritores también habían asentado el pie, en muchos casos, durante sus propias vidas.

Considere otro gran silencio: sobre las enseñanzas de Jesús. Las epístolas del primer siglo regularmente dan máximas morales, dichos, admoniciones que en los evangelios son pronunciadas  por Jesús, sin atribuírselas nunca a él. El bien conocido “Ama a tu prójimo”, originalmente del Levítico, se cita en Santiago, La Didaché, y tres veces En Pablo, aunque ninguna de ellas apunta que Jesús hizo de ésto una pieza central de su propia enseñanza. Pablo (1 Ts. 4 :9) y también el escritor de 1 Juan  de hecho, atribuyen dichos mandamientos de amor a Dios, ¡y no a Jesús !

Cuando Hebreos habla de la “voz” de Cristo hoy ( 1, 2 y ss;  2,11;  3,7;  10,5 ), ¿Por qué todo eso es extraído del Antiguo Testamento? Cuando Pablo en Rom 8 :26, dice que “no sabemos cómo debemos orar,” ¿significa ésto que no está enterado
de que Jesús enseñó El Padre Nuestro a sus discípulos? Cuando el escritor de 1 Pedro insiste en , “no devolver mal con mal, sino que devuelvan bendiciones,” ¿ha olvidado el “Enseña la otra mejilla” de Jesús? Rom 12 y 13 es una letanía de ética cristiana, como lo es la epístola de Santiago y partes de la instrucción de los “Dos Caminos” en la Didaché y en la epístola de Bernabé; pero aunque muchos de estos preceptos corresponden a las enseñanzas evangélicas de Jesús, ni una única alusión se hace en su dirección. Dichos ejemplos podrían multiplicarse por docenas.

De pasada, debe notarse que esa media docena de “palabras del Señor” que Pablo promulga como guías para ciertas prácticas en sus comunidades cristianas no son de algún registro de pronunciamientos terrenales hechos por Jesús. Es una característica reconocida de los movimientos cristianos primitivos que los predicadores carismáticos como Pablo se creían a sí mismos en un estado de comunicación directa con el Cristo espiritual en el Cielo, recibiendo instrucción e inspiración de él .

El cristianismo y otras sectas Judías creían que el fin del mundo y el establecimiento del Reino de Dios estaba a la vuelta de la esquina. Pablo le dice a sus lectores : “El tiempo que vivimos no durará mucho”, y ” Ustedes saben que el Día del Señor viene como un ladrón en la noche.” ¿Pero puede estar Pablo desinformado acerca de que Jesús mismo había hecho casi idénticas predicciones apocalípticas, como se registra en pasajes como Mc.13,30 y Mt. 24,42 ? El no hace ni una alusión de ésto.
Él y otros igualmente parecen ignorantes de la postura de Jesús con respecto a la limpieza de alimentos, sobre la cuestión de aceptar la totalidad de la ley Judía, sobre el tema de predicarle a los Gentiles, incluso en situaciones donde están enfrascados en encarnizados debates sobre dichos tópicos.

Ni siquiera hay alguna referencia en las epístolas a Jesús como el Hijo del Hombre, no importando el hecho de que los Evangelios están llenos de esta autodesignación favorita de Jesús. Esta figura apocalíptica, tomada del Libro de Daniel (7,13), aparece en un cúmulo de documentos sectarios Cristianos y Judíos alrededor del final del primer siglo, incluyendo los Evangelios, donde Jesús mismo se declara ser quien llegará al final de los  Tiempos en las nubes del cielo para juzgar al mundo y establecer el Reino. Parece inconcebible que Pablo, con toda su preocupación  acerca del fin inminente (ver 1 Tes.4, por ejemplo) estuviera, ya sea desinformado o decidiera ignorar, el rol declarado por Jesús como el Hijo del Hombre, .

Pero el silencio se extiende más allá de los pronunciamientos individuales del ministerio de Jesús como un todo, y en ninguna parte es más asombroso que en Rom.10. Pablo está ansioso de mostrar que los Judíos no tienen excusa para no creer en Cristo y ganar la salvación porque ellos han oído la buena nueva acerca de él de parte de mensajeros señalados como Pablo mismo. Y él contrasta los apáticos judíos con los gentiles que lo han recibido. ¡Pero seguro que Pablo ha olvidado lo deslumbrantemente obvio ! Porque los Judíos  -o al menos algunos de ellos- supuestamente habían rechazado ese mensaje
directamente de los mismísimos labios de Jesús en persona, en contraste con los gentiles que habían creido de segunda mano. En el verso 18 Pablo pregunta dramáticamente : “¿Pero puede ser que ellos nunca lo hayan oído (es decir, el mensaje)?” ¿Cómo pudo fallar en enfatizar el rechazo de la misma persona de Jesús por parte de sus coterráneos ? Así, todo a lo que se refiere son los apóstoles como él mismo, quien ha “predicado hasta los confines del mundo.”

Entonces, en Rom.11, Pablo continúa componiendo este increíble silencio, describiendo la extensión del rechazo de Israel,
en donde el cita las palabras de Elías de 1 Reyes acerca del supuesto hábito de los judíos (realmente un mito infundado)
de matar sus propios profetas. Aún así, ¡Pablo falla en adicionar a este registro la atrocidad culminante de matar al Hijo de Dios mismo! (Para 1 Tes.2 :15-16, ver el siguiente artículo.)

Ésta es una característica recurrente de las cartas de Pablo : el ignora totalmente la carrera reciente de Jesús y pone el foco de la revelación y la salvación enteramente sobre el movimiento misionero del cual él es el miembro más prominente (según él lo ve). Las cartas pseudopaulinas también hacen ésto .

Lea pasajes como Rom.16,25; Col.1,25-27;  Ef.3,5-10 y pregúntese Ud. mismo ¿dónde está el papel de Jesus en revelar el por largo tiempo oculto Plan Secreto de Dios para la salvación ? ¿Por qué en 2 Cor.5,18 es Pablo quien ha recibido el ministerio de reconciliación entre el hombre y Dios, y no Jesús en su ministerio? (La críptica y ubicua pequeña frase : “en” o “por medio de Cristo” que Pablo a menudo inserta en pasajes como éste, difícilmente compagina con dicho significado, y hablaré acerca de qué si lo hace en el siguiente artículo.)

La perspectiva de Pablo del presente período conduciendo al fin del mundo parece no tomar en cuenta la actividad reciente de Jsús en la tierra. El no da ningún “intermedio”, ningún período entre la muerte y resurrección de Cristo, y su futura venida. Pasajes en Rom. 8 y 13, y especialmente 2 Cor. 6,2  no conciben ningún impacto de la reciente carrera de Jesús en la progresión desde la era antigua a la nueva; en cambio, es la actividad actual de Pablo la que es una parte integral de este proceso. Él tampoco toca nunca la pregunta que hubiera reflejado las expectativas populares: ¿Por qué la verdadera llegada del Mesías no produjo por si misma la llegada del Reino ? (En las epístolas, nunca se habla de la esperada Venida de Cristo al final de los tiempos como de un “Regreso” o segunda Venida; la impresión que ésto produce es que ésta sería su primera aparición en persona en la tierra.)

Ninguna epístola del primer siglo menciona nunca que Jesús ejecutara milagros. En algunos casos el silencio es impactante.
Tanto colosenses como Efesios ven a Jesús como el Salvador cuya muerte ha rescatado la humanidad de los poderes demoníacos que se creía inundaban el mundo, causando pecado, enfermedad y mala fortuna. Pero ni siquiera en estas cartas hay alguna mención de los milagros de sanación de los cuales están llenos los Evangelios, aquellos exorcismos que pudieron haber mostrado que Jesús había subyugado dichos demonios aún mientras estaba en la tierra.

En 1 Cor.15, Pablo está ansioso de convencer a sus lectores de que los humanos pueden ser resucitados de la muerte.
Entonces, ¿Por qué no apunta a cualquiera de las tradiciones de que Jesús mismo había levantado a varias personas de la muerte? ¿Dónde está Lázaro?

En varias cartas, Pablo trata con acusaciones hechas por ciertos rivales no nombrados de que él no es un apóstol legítimo.
Incluso Pedro y Santiago disputan su autoridad de hacer ciertas cosas. ¿Podemos creer que en tales situaciones ninguno
hubiera usado el argumento de que Pablo no había sido un seguidor verdadero de Jesús, mientras que los otros si lo fueron ?
Pablo nunca discute el punto. De hecho, el afirma (1 Cor.9,1 y 15,8) que él ha “visto” al Señor en la misma forma que Pedro y todos los demás lo han hecho. Ésta es una referencia obvia a las visiones, una de las formas estándar de revelación religiosa en éste período.

Y ¿Cómo pudo Pablo, en Gal 2,6  desdeñar con tal falta de interés a aquéllos que habían sido los verdaderos apóstoles de
Jesús mismo? Pero él no está solo en no concederles ningún estatus especial. El verdadero concepto de “apóstol” en los escritos cristianos primitivos es amplio, significando simplemente un predicador del mensaje (es decir, el “evangelio”) acerca de
Cristo. Nunca se aplica a un grupo selecto de Doce que supuestamente poseían autoridad especial debida a su apostolado de Jesús mientras él estaba en la tierra. ( Está lejos de ser claro a qué  se refiere “Los Doce” en 1 Cor. 15,5 puesto que Pablo lista a Pedro y “Los apóstoles ” por separado.)

Tampoco hay ningún concepto de tradición apostólica en los escritores del primer siglo, ninguna idea de enseñanzas o
autoridad pasada en una cadena, yendo hacia atrás hasta los Apóstoles originales y Jesús mismo. En cambio, todo es
desde el Espíritu, significando revelación directa de Dios, con cada grupo alegando que el Espíritu que han recibido es el genuino y refleja el verdadero evangelio. Ésta es la base de la afirmación de Pablo contra sus rivales en 2 Cor. 11,4. El escritor de 1 Juan, en su declaración (4,1 y ss) de que el Hijo de Dios ha venido en la carne, no se basa en ninguna tradición apostólica ni en ningún registro histórico sino que debe exigir validez por su propio Espíritu, como opuesto al falso Espíritu de los disidentes, inspirado por Satan. En el capítulo 5, él declara que es el testimonio de Dios  a través del Espíritu el que produce la fé en el Hijo, no varias décadas de predicación cristiana remitiéndose hasta Jesús mismo. ¿Cómo pudo este escritor en la comunidad de Juan, que más tarde produjo el cuarto evangelio, decir (5,11) que es Dios quien ha revelado la vida eterna, e ignorar todos aquellos memorables dichos de Jesús como “Yo soy la resurrección y la vida” que aquél Evangelio tan ricamente registra?

Al igual que el gran señalamiento de Pedro por parte de Jesús como la “roca” sobre la cual su Iglesia iba a ser construida, nadie en el primer siglo (incluyendo los escritores de 1 y 2 de Pedro) lo cita alguna vez en los constantes debates sobre autoridad.

El agente de toda la actividad reciente parece ser Dios, no Jesús. Pablo habla de “el evangelio de Dios”, “el mensaje de Dios”.
Es Dios apelando y llamando al creyente cristiano. 2 Cor. 5,18 nos dice que “desde el principio hasta el final, ésta ha sido la obra de Dios” (Nueva traducción inglesa de la Biblia). En Rom.1,19 el vacío es alarmante. Pablo declara : “Todo lo que puede ser conocido de Dios por los hombres… Dios mismo se lo ha revelado a ellos.” ¿ No fué Jesús quien reveló a Dios?, ¿dónde los atributos no visibles de Dios en Jesús ? ¿Cómo pudo cualquier cristiano expresarse de ésta forma en que lo hacen tantos cristianos primitivos?

También merecen mención unas pocas omisiones secundarias . Ninguna epístola del primer siglo, aún cuando discuten el butismo cristiano, menciona alguna vez, ya sea el propio bautismo de Jesús, o la figura de Juan el Bautista. 1 Clemente 17,1 habla de aquéllos que proclamaban la venida del Mesías, pero incluye unicamente a Elías, Eliseo y Ezequiel. El architraidor
Judas nunca aparece, ni siquiera en un pasaje como Hebreos 12,15 donde el autor, al advertir contra los miembros venenosos en medio de la comunidad, ofrece la figura de Esaú como un ejemplo, quien “vendió su herencia por una única comida”. ¡Seguro que vender al Hijo de Dios por treinta piezas de plata hubiera sido una comparación muchísimo más dramática !

Hebreos también contiene (9,20 y ss) un asombroso silencio sobre el establecimiento de Jesús de la Eucaristía cristiana. El
escritor está comparando la antigua alianza con la nueva, pero ni siquiera las citadas palabras de Moisés en la inauguración de la primera : “ésta es la sangre de la alianza que Dios ha ordenado sobre Ustedes”, pueden moverlo a mencionar que Jesús había establecido la nueva alianza en la Última Cena, usando casi idénticas palabras, como lo registran Mc.14,24 y sus paralelos . El vá más allá aún en el capítulo 13 cuando inconmoviblemente declara que los cristianos no comen un alimento de sacrificio. La Didaché 9 presenta una Eucaristía que es solamente una comida de acción de gracias a Dios, sin ningún significado sacramental y no establecida por Jesús.

Esto nos deja con 1 Cor. 11,23 y ss, la declaración de Pablo acerca de las palabras de Jesús en lo que él llama la Cena del Señor. Tocaré ésto en el próximo artículo, al igual que unos pocos tópicos en varias cartas que parecen llegar a a acercarse ambiguamente a un referirse a una vida reciente de Cristo.

He hecho poco más que rasguñar la superficie de esta “conspiración de Silencio” encontrada en las epístolas del primer siglo. Pero me gustaría concluir mirando a una omisión flagrante en la que ninguno, por lo que sé, ha hecho caer en cuenta.

¿Dónde están los lugares sagrados ?

En todos los escritores cristianos del primer siglo, en toda la devoción que muestran hacia Cristo y la nueva fe, ni uno de ellos expresa alguna vez el más pequeño deseo de ver el lugar de nacimiento de Jesus, de visitar Nazareth, su lugar de nacimiento, los sitios de su predicación, el segundo piso donde asistió a su Última Cena, la tumba donde fué enterrado y surgió de entre los muertos. ¡Estos lugares nunca son mencionados ! Más aún, no hay una sugerencia de peregrinar al mismo Calvario, donde se consumó la salvación de la humanidad. ¿Cómo fué posible que dicho lugar no se hubiera convertido en un santuario ?

Incluso Pablo, este hombre tan emocional, tan lleno de inseguridades, quien declara (Fil.3,10) que “Lo unico por lo que me preocupo es por conocer a Cristo, por experimentar el poder de su resurrección, de compartir sus sufrimientos”, aún él parece inmune al atractivo de dichos lugares. Tres años iban a pasar despues de su conversión antes de que hiciera una por cierto, corta visita a Jerusalén. Y ésta -así nos dice en Galatas- unicamente para “ir a conocer” a Pedro ; y no volvería allí durante otros 14 años.

¿Es concebible que Pablo  no hubiera querido recorrer la colina del calvario, para postrarse él mismo en el suelo sagrado que recibió la sangre de su Señor asesinado? ¡Seguramente el hubiera compartido una experiencia emocional tan intensa con sus lectores! ¿No hubiera sido conducido al Jardín de Getsemaní, donde se reporta que Jesús había pasado a través del horror y la duda que Pablo mismo había conocido? ¿No se hubiera regocijado al permanecer de pié delante de la tumba vacía, la garantía de su propia resurrección?  ¿Hay, de hecho, en esta extensa tierra tan recientemente llena con la presencia de el Hijo de Dios, algún lugar sagrado, alguna zona de terreno donde dicha presencia persistiera aún, santificada por el paso, toque o palabra de Jesús de Nazareth ? Ni Pablo ni ningún otro escritor de cartas del primer siglo exhala un susurro de ninguna cosa semejante.

Los académicos del nuevo testamento son muy rápidos en mantener que el “argumento del silencio” no es válido, pero seguro se vuelve poderoso cuando el silencio es tan invasivo, tan inquietante. ¿Por qué escritor tras escritor falla consistentemente en mencionar al mismo hombre que fué el fundador de su fé, el maestro de su ética, la encarnación del Cristo divino que ellos adoraban y en el cual esperaban la salvación ? ¿Por qué cada escritor cristiano, en la atmósfera altamente polémica durante aquellas primeras décadas de la expansión de la fé, falla en avalarse a sí mismo con el soporte de su posición ofrecido por las mismas palabras y hechos del Hijo de Dios mismo mientras estaba en la tierra ? ¿Qué pudo posiblemente explicar este desconcertante, enloquecedor y universal silencio ?

Trataré de responder esa cuestión en el siguiente artículo : “Quién fué Cristo Jesús”

3 comentarios en «EL ROMPECABEZAS DE JESÚS – 1ª PARTE»

  1. Jesucristo si vino al mundo….. y si fue crucificado. Se puede consultar información sobre los acontecimientos de la crucifixion de Jesus en la biografia de la historia oficial de Poncio Pilatos y en la Historia oficial del emperador Constantino I (El grande) sobre los inicios del cristianismo (años despues). Además, hay un dato adicional: los profetas del antiguo testamento lo describen bajo en nombre del Emmanuel (el cristo que salvara al mundo).Es cierto que Pablo escribio sus cartas muchos años despues de la ascensión del Señor, y que los evangelios fueron escritos muchos años despues de esos acontecimientos; incluso Lucas, medico de origen Sirio, fue discipulo de Pablo. Lo sorprendente es la coincidencia en todas las escituras sagradas y el mensaje que ademas coincide con varias partes del antiguo testamento.Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras, y fue sepultado. Resucitó al tercer día, según las Escrituras, y se apareció a Pedro, y más tarde a los Doce. (1Cor 15,3-5).Sólo la fe en la resurrección de Cristo distingue y caracteriza a los cristianos de los demás hombres. Aun los paganos admiten su muerte, de la que los judíos fueron testigos oculares. Pero ningún pagano o judío acepta que «El haya resucitado al tercer día de entre los muertos». Luego la fe en la resurrección distingue nuestra fe viva de la incredulidad muerta. Escribiendo a Timoteo le dice San Pablo: «recuerda que Jesucristo resucitó de entre los muertos» (2Tim 2,8). Creamos, pues, hermanos y esperemos que se realice en nosotros, lo que ya se realizó en Cristo: ¡Es promesa del Dios que no engaña!Sin la resurrección de Jesús la predicación sería vana y NUESTRA FE ABSURDA; sin ella, nuestra esperanza perdería todo fundamento y seríamos los más desgraciados de los hombres (1 Cor 15,14.19)Quien niega la resurrección anula nuestra predicación y nuestra fe. Pues, si la muerte no fue destruida, subsiste la acción del mal. Pues es evidente, que si no tuvo lugar la resurrección de Cristo, sigue siendo señora la muerte y no fue abolido su imperio, puesto que con la muerte nos circundan el pecado y todos los males: «Si los muertos no resucitan, tampoco Cristo ha resucitado, vana es vuestra fe: ¡Continuáis todavía en vuestros pecados» (1Cor 15,16-17). Sólo mediante la resurrección de Cristo fue destruida la muerte (2Tim 1,10) y, con la muerte, el pecado.Así el apóstol, y todo discípulo de Cristo, vive en su vida el misterio pascual, manifestando en la muerte de los acontecimientos de su historia la fuerza de la resurrección. Vive con los ojos en el cielo, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios, buscando las cosas de allá arriba y no las de la tierra (Col 3,1-2).Saludos amiga.Luis.

  2. Hola Luis,Gracias por tu colaboración!!!! Esa es mi intención al poner este tipo de artículos.Por mi parte no dudo de la existencia de Jesus. Y de que él es la luz y el camino. Pero me parece interesante compartir estos escritos con mis amigos. Claro está que ,cada uno hace uso de su libre albedrío. Abrazos,Alejandra

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *