Muerte, Esoterismo y Reencarnación – Capítulo IV: FENÓMENOS ESPIRITISTAS Y REGRESIÓN HIPNÓTICA

Enlazando con el capítulo II, puede decirse que durante el siglo XVIII rebrotan las especulaciones sobre vidas sucesivas entre varios filósofos alemanes, destacando especialmente Gotthold Ephraim Lessing. A caballo entre los siglos XVIII y XIX prestaron también atención al asunto Schleiermacher y Schopenhauer, entre otros. Los autores mencionados entienden que una vez se nace como ser humano, la “reencarnación” sólo ocurre en otro cuerpo humano y mejorando progresivamente. En la Francia de la misma época, Charles Fourier, considerado el padre del socialismo utópico, afirmaba la reencarnación asociándola también con la evolución progresiva a mejor; creía que a todos nos esperan muchas vidas, algunas en este mundo y otras en un plano más elevado, con un cuerpo mejor y con sentidos mas refinados. Pierre Leroux, por su parte, especulaba con las reencarnaciones como necesarias etapas por medio de las cuales van alcanzando las criaturas un estado de progresiva felicidad; creía que la reencarnación es la más sensata explicación para el mal y el sufrimiento tan desigualmente repartidos. Así pues, en tales medios socialistas se estimaba la reencarnación como la más plausible explicación para las desigualdades sociales, y se asociaba con la evolución progresiva. Durante el siglo XIX , el transcendentalismo norteamericano no deja de interesarse por el tema de las diversas existencias, pudiéndose citar al respecto a Ralph Waldo Emerson y a Walt Whitman. Es también en los Estados U nidos y en 1848 donde hay que datar el origen del movimiento espiritista. A finales de 1847 y en una casa de Hydesville (Estado de Nueva York), en la que acababa de instalarse la familia Fox, comenzaron a notarse diversos e inexplicables golpes, desplazamientos de objetos y otros fenómenos, todos ellos típicos de lo que suele llamarse “casas encantadas” y que se conocen desde la Antigüedad. Al cabo de unos meses se tuvo la idea de comunicarse por medio de golpes rítmicos con la entidad que se manifestaba y se consiguió una respuesta coherente.. Se inventó entonces el llamado “spiritual telegraph”, numerando las letras del alfabeto, y ello permitió conversar con la “entidad”, la cual dijo haber sido en vida un tal Charles y también que había sido asesinado en la misma casa y enterrado allí. Excavando en el lugar se encontraron efectivamente restos de osamentas y también se observó que los fenómenos ocurrían casi siempre en presencia de las hermanas Fox, lo cual alertó en adelante sobre el papel de los médiums. A partir de ese momento, y a través de diversas vicisitudes, el espiritismo creció imparablemente, sobre todo en América, y a los cuatro años tenía ya lugar el primer congreso. Los “espíritus” se habían puesto en incesante movimiento y se comunicaban mediante diversas prácticas que fueron apareciendo, como mesas parlantes o giratorias, ouija, etc., pero sobre todo por intermedio de algún ser humano, de un “médium”.En Francia, H. Rivail, alias Allan Kardec, se ocupó de sistematizar las comunicaciones de los supuestos espíritus, especialmente en el Livre des médiums y el Livre des esprits; fue una iniciativa importante para fijar la ideología del movimiento, ya que se veía claramente que los mensajes que transmitían los “espíritus” de marras eran habitualmente contradictorios. Si hay algo evidente en las comunicaciones espiritistas es cómo reflejan, al menos en parte, el contenido mental de aquellos que asisten a las sesiones, el cual está además inevitablemente condicionado por las “ideas que están en el aire”, las corrientes mentales de una determinada época. Como ya se ha dicho, fenómenos similares a los de la mansión de Hydesville son conocidos desde muy antiguo, y ya en una carta de Plinio el Joven se relata un caso muy parecido de una casa de Atenas. Lo característico de los espiritistas es la interpretación que dan a estos fenómenos y a las comunicaciones obtenidas por médiums, vasografía, etc. Por encima de las diferencias ideológicas entre ellos, su creencia común es que se puede comunicar con los muertos por medios materiales. Los casos que se conocen desde la antigüedad serian verdaderamente comunicaciones del espíritu de los difuntos, y así las creencias y prácticas del espiritismo gozarían de una tradición venerable. Lo cierto es que los ejemplos que se invocan de otras épocas o de otras culturas no se corresponden con las banales creencias del espiritismo. Se sabía en la antigüedad que hay una serie de fenómenos que están ligados, no al núcleo permanente y sobrenatural del difunto, sino a los restos psíquicos que deja éste al morir. En el ya citado caso que relata Plinio el Joven (siglo I) el “espíritu” pidió que se llevaran a cabo los correspondientes ritos sagrados que no se habían cumplido a su muerte y, una vez realizado ello, el “fantasma” dejó de aparecer. Es un tópico habitual entre historiadores y antropólogos disertar sobre la “ambivalencia” de la actitud que mantienen diversos pueblos “primitivos” o antiguos con respecto a los “muertos”. Habría tanto una veneración respetuosa como, al mismo tiempo, un miedo irracional, todo ello debido a la ignorancia. Sin duda, todo conocimiento puede terminar por perderse o puede ir degenerando, pero, en este caso, no se trata de ignorancia alguna sino de la distinción entre dos aspectos muy distintos. Si está o estaba extendida entre diversos pueblos de la Tierra la prevención o el miedo hacia manifestaciones de los “muertos”, ello se debía a que, al menos ciertas élites, sabían que no se trata del espíritu del muerto en el sentido auténtico de la palabra, sino de elementos en descomposición pertenecientes al plano sutil. Hablando en términos cristianos, se puede mantener una actitud respetuosa hacia las “ánimas del Purgatorio” porque tales ánimas o almas están, por así decir, en el buen camino y a la espera de entrar en el Paraíso, pero ello no quita para que se tomen medidas higiénicas con relación al cadáver que dejan en el mundo visible. De forma parecida, tales ánimas pueden dejar un “fantasma”, sobre todo si han muerto violentamente, y los ritos mortuorios se dirigen, en parte, a prevenir tales infestaciones. Tampoco son infrecuentes las declaraciones sobre el primitivismo de ciertas culturas que creen en varias “almas”. Sin embargo, sin ir más lejos, la tradición hebrea distingue entre el ob, que es Io relacionado con las infestaciones, “casas encantadas”, etc., el nefesh, el ruah y el nesamah (aproximadamente, “alma vegetativa”, “alma sensitiva” y “alma racional”). El ob puede ser objeto de evocación mágica, y a ello se refiere la evocación del profeta Samuel que se narra en la Biblia. La posibilidad que hay de utilizar el ob en prácticas de brujería es lo que explica la tan extendida prohibición de la necromancia, la adivinación por los “muertos”.El espiritismo tuvo el mérito al principio de llamar la atención sobre realidades alternativas al agobiante materialismo reinante en la época, pero sus creencias no dejan de ser un materialismo traspuesto y reflejo de la ideología de su tiempo. Precisamente esto es lo que explica -en parte- el rápido avance que consiguió, sobre todo en América; especialmente destaca su culto supersticioso al fenómeno, adoración que comparte con la mentalidad predominante tanto hoy en día como en su época de origen. Se olvida demasiado frecuentemente que un mismo hecho es susceptible de varias explicaciones alternativas y que hechos semejantes pueden tener un origen completamente distinto; así, por ejemplo, hay fenómenos que se dan tanto en las vidas de algunos santos como en la brujería. La forma sutil del ser humano viviente es susceptible de diversas posibilidades generalmente desconocidas por el público y que pueden estar detrás de muchos hechos atribuidos a los muertos” por ignorancia. El medio cósmico sutil es llamado taijasa en la tradición hindú y se sabe que la forma sutil o psíquica puede, por ejemplo, condensarse y materializarse en cualquier lugar sin intervención de ningún médium, de donde los casos de bilocación o los de apariciones de seres humanos a distancia en el momento de su muerte o poco antes. La forma sutil puede adoptar la misma forma del cuerpo, pero a veces adquiere cualquier otra forma, de donde los relatos de brujos o chamanes que aparecen con apariencia de animales. También existe la posibilidad de transportar íntegramente la forma corporal hasta el estado sutil de nuestro mundo, con lo cual no queda cadáver visible; a tales casos muy especiales se refiere lo que la Biblia relata acerca de Henoch y de Elías. En definitiva, los mensajes de los “espíritus” en las sesiones, proceden en su mayor parte de las ideas más o menos conscientes de los participantes y el caso de Alían Kardec es paradigmático, puesto que las creencias en el progreso, en el evolucionismo y en la reencarnación progresiva y sólo en humanos proceden del ambiente de su tiempo y muy especialmente de los ya citados medios socialistas franceses del siglo XIX. Tales ideas las heredó del espiritismo la Sociedad Teosófica de H. P. Blavatsky (sobre todo la fe reencarnacionista) y de ambos movimientos pasaron a las diversas escuelas ocultistas. Así, a modo de ejemplo, el ocultista Papus aseguraba que la reencarnación ha sido enseñada como un misterio esotérico en todas las iniciaciones de la Antigüedad (1); al decir esto lo que hace Papus es confundir la reencarnación con la auténtica transmigración, como luego se verá. Para acabar, conviene traer a colación la sentencia de la Bhagavad-Guitá: “son hombres de tinieblas los que rinden un culto a los muertos y a los espíritus. Hay gente que no acepta en principio las hipótesis espiritistas pero que, sin embargo, participan en cierto modo de su mentalidad reverente y genuflexa ante los fenómenos; entre ellas, cabe incluir a los que creen sinceramente que pueden encontrarse pruebas de la reencarnación a través de la denominada “regresión de la memoria” en estado hipnótico. Ya a principios de siglo, el psiquiatra de Ginebra T. Flournoy reunió en el volumen De las Indias al planeta Marte lo que le contaba en trance hipnótico uno de sus sujetos de experimentación. Posteriormente, el coronel A. De Rochas (que fue derivando cada vez más del hipnotismo al espiritismo) emprendió un estudio más metódico en varias obras, destacando sobre todo Las vidas sucesivas. Acerca de tales experimentos cabe señalar en primer lugar que la hipnosis induce a un estado psíquico que puede variar en los sujetos desde una suave relajación hasta un profundo sonambulismo del que no se recuerde nada al despertar. Los pacientes son especialmente receptivos en tal estado tanto a la sugestión del hipnotizador como a la hipermnesia (facultad de acceso a la memoria mayor de lo habitual); el encefalograma muestra una percepción agudizada por encima de lo corriente, luego es una situación favorable para la transmisión de pensamiento y otros fenómenos paranormales. En semejantes condiciones, el sujeto puede atraer las ideas del hipnotizador, aunque éste no tenga voluntad consciente de influir, y tener acceso a ellas por telepatía, a menos que no sepa ya. más o menos de antemano el paciente cuales son las expectativas del hipnotizador e intente cumplirlas fabricando personalidades a partir de sus recuerdos conscientes o inconscientes. Se sabe de varios casos en los que al utilizar la hipnosis con el fin que sea, han aparecido subpersonalidades del sujeto por accidente, ya que en toda persona “normal” hay potencialidades de carácter que pueden dar origen a una personalidad disociada de la principal cuando llega una situación patológica. He aquí un abundante material para que el hipnotizado elabore “vidas anteriores”.Por añadidura, en el sueño ordinario todos experimentamos que una mínima alteración del entorno que no llegue a despertar al durmiente, puede dar lugar sin embargo a todo un sueño de lo más complicado. Entre el estado de sueño y el hipnótico hay una evidente relación, como el propio nombre lo indica. Luego, una pequeña indicación del hipnotizador, ¿acaso no puede dar lugar a toda una elaborada “personalidad anterior”? Se sabe que el psiquiatra ruso Vladimir Raikov realizó sorprendentes experimentos hipnóticos, y en uno de ellos sugirió a una estudiante de música poco adelantada que era el violinista Fritz Keisler, logrando de este modo que tocara con la maestría y estilo de éste mientras se encontraba en trance. Varios estudiantes mediocres de pintura convertíanse de hecho en maestros conocidos durante la hipnosis e incluso alguno conservaba su nuevo talento al pasar al estado ordinario. En todo caso, numerosos médicos y psicólogos creen que la hipnosis es un método equivocado para evocar una vida anterior. Baste decir que J. B. Rhine, de la Universidad Duke de Carolina del Norte -al que se puede considerar como el fundador de la parapsicología experimental- opinaba que la prueba de la reencarnación no se descubrirá en la regresión hipnótica. Es necesario descubrir antes dónde hay una personalidad espiritual que pueda existir aparte del cuerpo. Por su lado, el Dr. lan Stevenson, del que se tratará a continuación a propósito de la metempsicosis, resume certeramente la cuestión al estimar que los resultados de estos experimentos son decepcionantes, puesto que las “personalidades” que surgen en las regresiones parecen formadas por los ingredientes de: la personalidad ordinaria del sujeto hipnotizado, su capacidad de fantasía, sus expectativas sobre lo que el hipnotizador pretende conseguir y, en ocasiones, algún elemento paranormal; ahora bien, desde que se admite el ingrediente paranormal, la hipótesis de la reencarnación se torna innecesaria en todos los casos. Señalemos por último que todas aquellas prácticas que puedan hacer surgir aparentes recuerdos de vidas anteriores podrían resultar, en ocasiones, beneficiosas espiritual o psíquicamente (y por derivación, físicamente) sin que por ello quepa admitir la hipótesis reencarnacionista. Se ha comprobado que los seres humanos pueden resistir muy pocos días sin dormir y que todos sueñan, aunque algunos no lo recuerden al despertar; el hecho en si es que el sueño resulta absolutamente necesario para el equilibrio psico-físico, pero ¿cuántas teorías circulan hoy sobre la naturaleza del sueño? A propósito de los sueños, conviene pensar en los sueños premonitorios como alguna de las causas que están detrás de la impresión del “déjà vu”, la sensación de haber vivido ya anteriormente alguna situación concreta. Simplemente puede tratarse de que uno ha soñado premonitoriamente el suceso o la ocasión de que se trata y haberlo olvidado al despertar, hasta que lo recuerda justamente en el momento de producirse. Cabe alguna otra explicación alternativa para estos casos, pero, al igual que en las denominadas regresiones hipnóticas, desde el momento en que se admite algún elemento paranormal, la teoría de la reencarnación está de sobra.
NOTA:.(1). Cf. Papus, La reencarnación, EDAF, Madrid, 1976.

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