REFLEXIONES PARTE 1

Queridos amigos,

Desde hace un tiempo Dios (o como ustedes quieran llamarlo) me está guiando por unos caminos llenos de luz, bondad y amistad, mucha amistad. Tanto es así que pareciera que la gente con la que entro en contacto tuviera las mismas ideas que yo (ley de reciprocidad: lo que dás recibes)

Enfín por esos caminos entré en contacto con Dany, del devocionalpc y me han gustado sus mensajes, así que quiero compartirlos de vez en cuando con ustedes. Quien esté interesado en recibirlos diariamente, puede suscribirse. Al pié de la página hay un link especial para ese propósito.

Espero sea de su agrado.

Abrazos

Alejandra


27 de mayo

“Si alguien se mantiene limpio, llegará a ser un vaso noble, santificado, útil para el Señor y preparado para toda obra buena.” 2 Timoteo 2:21

En la antigüedad los vasos de las casas eran por lo general de barro cocido. Solo los reyes y poderosos podían tener vasos de oro o plata. Los importantes comerciantes o terratenientes podían tener de bronce o hierro. Pero la gran mayoría usaba vasos de barro cocido. Eran los más comunes. Y como pasa hoy en aquellos tiempos también la gente aparentaba y envidiaba.

Y se intentaba mostrar un estándar de vida aparentando con los bienes materiales. Hoy sería mostrar el último plasma o mp4, el auto más moderno o la casa más lujosa. Antes era un tema de utensilios. Eran más lujosos los de palta y oro y más despreciables los de barro. Era un problema de imagen, porque todos servían igual para comer. Pero las personas querían mostrar lo mejor.

El mismo concepto llegó a la iglesia, donde la cultura de servicio a Dios se vio afectada por este mal de la apariencia. Y los hermanos buscaban desarrollar los ministerios más vistosos o aplaudidos. Ninguno estaba interesado en servir en un ministerio anónimo, silencioso o solitario. Porque nadie lo valoraba.

Hoy a veces sucede lo mismo. Nos gusta hacer esas cosas que todos ven y aplauden, pero evitamos los ministerios de bajo perfil. Nos encanta predicar, cantar, presidir o tocar en la banda porque todos pueden verlo. Pero ni se nos ocurre desarrollar un discipulado, hacer visitación o consolar al triste. Nadie ve esto, no tiene prensa, no seduce. Ni que hablar de acomodar, limpiar o arreglar.

Pablo nos deja una enseñanza divina y maravillosa. Importa muy poco lo que vos pienses de cual es el mejor ministerio. Dios valora a todos por igual. No importa si sos un utensilio de barro, de bronce o de oro. Lo que Dios realmente espera es que seas un utensilio limpio.

Limpio de apariencias, de falsedades, de pecado, de comodidad, de marketing eclesiástico, de envidia, de apariencias. Dios quiere ser el detergente de tu vida para limpiar toda impureza, suciedad y pecado para que puedas ser un instrumento útil para Dios y dispuesto para toda buena obra.

No importa que hagas, ni cual sea tu ministerio. Para Dios son todos igualmente importantes. Él va a premiar por tu utilidad en el reino de Dios. No por los aplausos.

REFLEXIÓN – Solo el limpio sirve.

Un gran abrazo y bendiciones

Dany

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