El sexto sentido (10)

Espíritus pegados al cuerpo

Las líneas del campo de una tensión corporal siempre tienen forma espiral . Las líneas energéticas de los espíritus también, pero ya sabemos cómo diferenciarlos.

Cuanto más baja esté la base de “la Bota” más tensiones hay en el cuerpo y más rodeado está éste de espíritus que lo tocan. Una persona que tenga la base de “la Bota” a la altura del pecho puede tener 3, 4 ó más. Las personas con “la Bota” por encima de sus cabezas, generalmente, no tienen ninguno.

Los espíritus “pegados” al cuerpo, como ya hemos explicado, normal­mente han sido llamados inconscientemente por la persona, aunque a veces

Tensiones y espíritus
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Pueden contactar con zonas libres de tensiones. Los espíritus a los que podemos llamar conscientemente, por lo general no se “pegan” al cuerpo, a menos que les pidamos que lo hagan.

Los campos energéticos de las tensiones corporales tienen una variedad de formas de líneas energéticas que pueden coexistir simultáneamente en la misma zona de tensión y que se reemplazan unas a otras según las vamos disolviendo (Ver 6.b).

Trabajo de forma diferente con las tensiones creados por la persona misma, que con las creadas con ayuda de un espíritu llamado inconsciente­mente para ayudar a reprimir una sensación socialmente inaceptable, des­tructiva o aterradora. Un ejemplo es el caso de una mujer que sufría un do­lor en un brazo causado por un espíritu de esta clase, a la que pregunté qué haría su brazo si fuera completamente libre. Me contestó “¡Le pegaría!”(Se refería a su madre). Había llamado al espíritu para impedírselo.

Para aliviar una tensión originada en el organismo, descargo energía, con mi mano no dominante, de las líneas energéticas que forman el campo de la misma. Para aliviar una tensión o un dolor causado por un espíritu que está en contacto con el cuerpo, paso mi mano dominante por el CON­TORNO del campo energético del espíritu, especialmente por la cabeza, y le pido que se vaya de allí. Es fácil hacer que el espíritu se cambie de un punto a otro del cuerpo. Le digo, por ejemplo: “Vete de la garganta y cámbiate a la pierna derecha”, y así lo hace. A veces también se cambia a otra persona que esté cerca (terapeuta incluido) especialmente si ésta tiene “la Bota” muy baja, pero a menudo vuelve a la primera persona. En uno de mis grupos, una mujer sintió un dolor repentino en el brazo; localicé un espíritu con cabeza relativamente grande pegado a su brazo. Le pedí que se fuera y el dolor desapareció. Segundos después otra mujer sintió dolor en el pecho y ahí le detecté al mismo espíritu de la cabeza grande. Cuando le dije que se fuera, volvió al brazo de la primera mujer, causándole el mismo dolor que antes. Le repetí que se fuera y volvió a cambiarse del brazo de la primera mujer, al pecho de la segunda. Tras la quinta vez de ir de una otra, la primera pudo sentir su presencia sin sentirse turbada por la sensación, y sin dolor.

Esto puede explicar por qué los hipersensibles (que por lo general tienen la base de “la Bota” muy baja), sufren los dolores de las personas a las que intentan ayudar; y también el efecto curativo de palabras y pensamientos

Dibujo ‘mediúmnico”y escritura automática d) Los “dobles” espíritus

Conocí a una mujer, durante un viaje, en cuya presencia me sentía ex­cepcionalmente bien, tranquilo y relajado. A la vuelta, mientras le escribía una carta, sentí, de repente, una energía vibrante cerca de mí. En los últi­mos dos años había trabajado mucho con espíritus y había aprendido a identificarlos, dirigiéndome a ellos con el que suponía su nombre, y les pedía que se cambiaran de un sitio a otro; si el nombre era correcto, se cambiaban de acuerdo a mi petición, y si no lo era, no se movían hasta que los llamaba correctamente. Con esta técnica, identifiqué la energía vibran­te con el espíritu de la mujer a la que esbía.

Fue la primera vez que hice esto con el espíritu de una persona viva. Había experimentado con espíritus de gente que estaba muerta, y podía pedirles que entraran en mi cuerpo o en el de cualquier otra persona viva. La presencia de este espíritu me hizo sentirme bien, así que le pedí que lo hiciera. En ese momento tuve una sensación de disolución, muy agradable y relajante, que me resultaba nueva. Telefoneé a esta amiga, y refiriéndose al momento de mi experimento, me dijo: “Ha sido una sensación muy usadas en algunas terapias. Sé por experiencia que los tejidos cróni­camente contraídos no pueden re­lajarse con pala­bras, sino descar­gándolos de ener­gía disolviendo todas las líneas energéticas del campo del área contraída, hasta que los tejidos se ablanden, el dolor desaparezca y se recupere el campo de la salud.

Pedí a otros que lo hicieran, y obtuvimos los mismos resultados: parece que cada persona tiene un espíritu que le proporciona esa sensación de la que hablo, como si la energía de ambos espíritus armonizara. Por eso los llamo “dobles de los espíritus”. He encontrado uno solo para cada persona, aunque me parece lógico que haya varios, pero es difícil encontrarlos. Pueden ser del mismo sexo o del opuesto, y pueden pertenecer a personas vivas o a personas muertas, conocidas o desconocidas. La sensación descri­ta por individuos diferentes es muy parecida: una sensación de disolución, un dulce desmayo (esta es también la descripción del orgasmo de Reich), burbujas en el cuerpo, un placer increíble, una relajación total… La intensi­dad de la sensación depende del estado de auto concienciación de la perso­na o de su sensibilidad.

1. COMO LLAMAR A UN ESPIRITU.

Para llamar a cualquier clase de espíritu, ya sea de una persona viva o muerta, o al “doble”, es mejor pensar en palabras que realmente significa decirlas internamente. Esto hace, probablemente, que nuestro pensamiento sean claros, definidos y comprensibles para el espíritu. Para algunas personas funciona inmediatamente, otras tienen que aprender y practicarlo mucho tiempo hasta aprender a transmitir sus deseos claramente, de forma que el espíritu responda.

Trata de llamar al “doble” de tu espíritu, de la forma indicada, y dile: “doble de mi espíritu, quiero que vengas a esta habitación”. Luego busca las líneas que lo limitan, si las sientes es que está presente. Después pídele que entre en tu cuerpo. Si tienes una sensación de disolución, y sientes tu respiración más libre y abierta, se trata sin duda del “doble” de tu espíritu. Si sientes tensión y tu respiración se bloquea, no lo es. Si esto sucede, pídele que se vaya, siempre pensando con palabras, e inténtalo hasta que lo encuentres. Entonces quédate con él tanto tiempo como sea posible y trata de identificarlo de la forma descrita anteriormente.

La persona cuyo espíritu has llamado puede sentir de alguna forma la experiencia, dependiendo de su estado de concienciación en ese momento. Los hipersensibles pueden sentirlo con más fuerza e incluso tener una noción de lo que su espíritu experimenta.

e) Espíritus de personas vivas

Forma un círculo con un grupo de personas, dejando el máximo de espacio entre cada una, y pide a alguien que se tumbe en el centro. Luego, cada uno de los componentes del grupo tiene que llamar al espíritu de la persona que está en el suelo y comprobar el contorno y el espacio interior del espíritu, intentando detectar cualquier concentración energética. Co­menta tus descubrimientos con los otros y compara las concentraciones energéticas halladas con las del cuerpo real de la persona tumbada. Proba­blemente todo coincidirá. La persona echada sentirá muy ligeramente el efecto (cuando el espíritu original abandona el cuerpo sí perdemos las sensaciones corporales).

Esto significa que un espíritu puede tener muchas (probablemente infini­tas) “copias” o “reflejos” del sistema energético personal, o espíritu original.

Después continúa el ejercicio, busca una concentración de energía y pide a cada una de las personas del grupo que trabajen en la misma zona. Esto sí afectará a la persona tumbada con bastante claridad, normalmente.

14. Ayuda típica de espíritu servicial
Que he mencionado me hizo sentir esa sensación extraña, agradable y alarmante al mismo tiempo, ya que nunca había sentido algo así”.

Continué experimentando y aprendí que puedo llamar a los espí­ritus de personas vivas y pedirles que entren en mi cuerpo. Haciéndolo me di cuenta de que todos los demás espíritus a los que llamaba me creaban tensión y un cierto bloqueo respi­ratorio, aunque fueran de gente que realmente me agradaba. Sólo el espíritu de la amiga tan especial.
Podemos comprobar en el reflejo del espíritu si un punto específico necesita que lo cargues de energía (una infección), o que lo descargues (una tensión), exactamente igual que hacemos en el organismo original, usando la técnica de la detección ocular.

Este ejercicio explica los efectos de la curación a distancia y facilita la forma de hacerla. Si buscas en la zona que hay sobre la cabeza del reflejo del espíritu, encontrarás una línea energética que la conecta con la de la persona real.

Por este ejercicio deduzco que el espíritu de una persona muerta también puede tener, además del original, muchos reflejos que serían los que entran en contacto con nosotros cuando les llamamos, o cuando ellos lo desean.

f) Los dioses de “la bota” y los espíritus serviciales

Creo que, además de los espíritus, existen muchas otras formas energéti­cas en el entorno de nuestro cuerpo, como por ejemplo, “la Bota”, parásito energético que describo en el cap. 7. Cuando estas formas están en contac­to con nuestro sistema energético lo afectan poderosamente, al igual que nuestra salud, estado emocional, pensamientos o trabajo creativo.

El conocimiento de la existencia de los espíritus debe tener una influen­cia importante en el pensamiento de los seres humanos, en su filosofía y en su educación, en lo relativo a la vida y a la muerte, y en su entendimiento de la naturaleza.

Los espíritus son energías inteligentes, que pueden ver, oír y pensar. Nuestro mundo científico está hecho de materia y no de energía inteligente. Sin embargo, cuanto más sabemos del átomo y de sus componentes, más energético se hace nuestro concepto de la materia. La partícula material más pequeña que conocemos hoy es el quanto. Tiene maneras de funcionar o leyes, que no siempre sigue. Imaginemos que el quanto esté hecho de millones de unidades de energía inteligente, como una gran ciudad. Ahora miremos desde muy lejos, desde el espacio, una gran ciudad por un telesco­pio que es sólo sensible a la energía inteligente; veremos París como un gran quanto, un grupo de 12 millones de unidades de energía inteligente. Observamos este grupo o quanto y vemos que se mueve a través del espa­cio con una trayectoria en forma de espiral abierta. Cambia constantemente de tamaño; durante doce horas es grande, otras doce empequeñece. Nuestro telescopio no puede ver a los individuos que se van de la ciudad por la tarde y vuelven por la mañana. A veces el grupo casi desaparece; esto sucede cuando sus habitantes abandonan la ciudad los días festivos y los “puentes”. Nuestro investigador cósmico no le encuentra ningún sentido. El quanto bien podría ser un grupo de millones de unidades de energía inteligente, cada una de ellas tan inteligente como el mismo quanto. Igual que cada parisino no es menos inteligente que la ciudad como un todo.

En el macrocosmos, más allá de los humanos y de los espíritus, pode­mos suponer la existencia de energías inteligentes mayores, tan enormes como la escala cósmica es para nosotros, y probablemente inconmensurable aún más allá.

Podemos tratar de entender el significado lógico e inteligente que hay tras el funcionamiento de la naturaleza en la esfera de lo humano. Podemos incluir en nuestro sistema plantas, formas de vida simple, animales, huma­nos, espíritus y energías que se alimentan a nuestra costa, como “la Bota”.

El mundo de las plantas es el único que alimentándose de energía solar, mi­nerales y agua, produce células vivas, energía vital y vitaminas. Todas las otras formas de vida se alimentan de plantas. Nosotros nos alimentamos de ellas o de animales que a su vez se alimentan de plantas. Cuando tuvimos ne­cesidad de una cantidad mayor, aprendimos a cultivarlas. Hicimos una se­lección para cultivarlas sólo de acuerdo a nuestras necesidades. No pensa­mos en las suyas, en sus vidas o en sus satisfacciones. Concentramos nuestro interés y pensamientos en lo que nosotros necesitábamos. Lo mismo ha­cemos con animales, pájaros y peces. Nosotros podemos adoptar el papel de dioses para los tomates, los pollos y las carpas. Los cultivamos y los cria­mos; los seleccionamos y nos alimentamos de ellos. Introducimos en la natu­raleza la regla de “la supervivencia de lo más conveniente para nosotros”.

Si existiera una energía superponerte (en relación a la energía de las formas vivas de la esfera terrestre) que se alimentara de la energía produci­da por los seres vivos, sería lógico que introdujera la ley de la superviven­cia de lo más adecuado para ella. Permitiría que se produjeran tantos orga­nismos vivos como fueran posibles para satisfacer sus necesidades. Si existe esta superenergía que se alimenta de la nuestra, será con toda seguridad más potente que nosotros; será para nosotros lo que nosotros somos para un tomate o para un pollo.
Hay probablemente un sinnúmero de energías más inteligentes, o al menos más potentes que nosotros, que se alimentan a nuestra costa, o de energías que se alimentan de nuestra energía.

Veamos una sola de ellas, “la Bota”, y examinemos cuál puede ser su relación con los humanos y cómo puede influir en nuestras vidas, pensa­mientos y filosofía.
La energía que he detectado sobre cada ser humano (y sobre cualquier ser vivo), tiene una forma que recuerda a una bota, y se alimenta del organismo sobre el que se encuentra. Es energía inteligente, o instrumento de almacenaje para uso de otra super energía. “La Bota” puede alimentarse mejor cuando está en contacto directo con nuestro organismo y éste se encuentra cargado de tensiones que le hacen perder mucha energía. Y esto sucede cuando contenemos la respiración, ya que su base baja más, pudien­do así tomar fácilmente mucha de la energía de nuestros tejidos y glándulas en tensión, y causar graves problemas a nuestro organismo.
Cuando respiramos continua y relajadamente, “la Bota” se mantiene por encima de la cabeza, dejando un espacio entre ésta y su base.
Si yo me alimentara de energía humana, como “la Bota” o sus amos hacen, me gustaría disponer de tantos seres como fuera posible: les prohi­biría cualquier tipo de control de la natalidad. Me gustaría que tuvieran el mayor número de tensiones posibles, y lo lograría enseñándoles a reprimir la realización de sus instintos y la expresión de sus emociones. Les daría leyes que les obligaran a ser y a comportarse de esta forma, y les prohibiría que preguntaran o investigaran sobre su significado y sus propósitos reales, exigiéndoles que creyeran en ellas sin ningún tipo de crítica. Esto es, de hecho, lo que hacen todas las religiones.
Yo pensaba que las religiones habían sido inventadas por los hombres con el fin de reprimir, utilizar y dominar a la mayoría. La idea de la existencia de “la Bota” y de, probablemente, otras energías similares, me han hecho pensar en otra posibilidad. Es probable que las súper energías que se alimentan de la energía humana crearan las leyes y las creencias de las religiones para su propio beneficio, transmitiéndonoslas a través de contactos mediúnico con las mentes de los que creemos fundadores de las diversas religiones. De esta forma, los manuscritos “sagrados” habrían sido dictados a través de algunos médiums líderes, para beneficio de estas supe energías que se autoproclamaron dioses.
Cualquiera que sea el proceso real del origen de las religiones (segura­mente uno de esas dos), son nocivas para la vida y para el bienestar, y estar, hechas para beneficio de otros.

Existan también otras super energías que no se alimentan de la energía humana, y muchos espíritus que son amables y serviciales, y podemos beneficiamos mucho aprendiendo a comunicarnos con ellos. Debemos te­ner siempre presente que la mejor herramienta con la que contamos para juzgar qué es bueno y qué es malo para nosotros es nuestra propia inteli­gencia.

g) Los expertos

Parece que los espíritus tienen sus recuerdos y habilidades individuales. Podemos llamar a estos espíritus “serviciales” para que nos ayuden a auxi­liar a otras personas o animales. Visité una granja, en la que un perro que estaba encadenado en la parte de atrás ladraba ininterrumpidamente noche tras noche, molestando a sus dueños y vecinos. Antes de marcharme me preguntaron si podía hacer algo. Llamé a un experto en perros para pedirle que lo calmara. Tras unos segundos el perro dejó repentinamente de ladrar, ni siquiera respondía a los ladridos de los otros perros. Desde entonces está tranquilo.

Yo consulto a expertos en mi trabajo para tratar a la gente; parecen estar disponibles en cualquier momento, como si esperaran que los llamara para venir a ayudarme a resolver Los problemas. No hay duda de que pertene­cen al grupo de los espíritus “serviciales”. Es lógico que también las ener­gías de “la Bota” tengan sus propios expertos, pero yo no deseo tratar con ellos.

Esta especulación sobre la vida y los espíritus explica muchas cosas que suceden en la vida y la sociedad de los humanos, por lo que lo considero una realidad probable hasta que me convenza de lo contrario.
h) Detalles de los espíritus

1. Líneas dentro del espíritu.

Cuando dominamos fácilmente el seguimiento de las líneas energéticas, podemos avanzar en nuestro estudio de los espíritus.

Ahora podemos tratar de seguir sus detalles internos. Comprobaremos líneas que corresponden a los cabellos (la diferencia perceptible es si son rizados o no), a cejas, ojos, nariz, boca y labios, cuello, manos, pies, línea inferior de los senos (en el caso de mujeres), pezones y ombligo (en ambos sexos) y a las de los órganos sexuales también. Estas líneas son probable­mente los “copias” de las forma del cuerpo de la persona. Existen también en los espíritus de los bebés y de los embriones, igual que en los adultos.

2. Diagnosis sobre espíritus.

Llama al espíritu de una persona viva que esté contigo, o si trabajas en grupo, al de uno de sus miembros. Trata de encontrar la línea exterior de la forma general; luego busca tensiones como harías con una persona real, y localiza el lugar y la intensidad del campo energético de la tensión en el espíritu. Si lo haces en grupo, cada uno de los componentes puede llamar al espíritu de la misma persona y encontraréis la misma tensión.

3. Cómo trabajar en el campo energético de un espíritu.

Se hace de la misma forma que con la persona real: una vez localizada la tensión o la infección con la técnica de la respiración o con la de la vi­
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/
Campo energético

Muy anémico
Glóbulo rojo sano

Raíz de pelo sano
De cabeza calva

Muy anémico
Leucocito sano
14. Gene de pelo sano
14 Partes aumentadas
Vibración ocular, carga energía con la mano dominante si es una infección o descarga con la no dominante si es una tensión. Comprueba el efecto con la persona con cuyo espíritu trabajas.

Cuando varias personas trabajan simultáneamente en la misma zona en el espíritu de una misma persona (pero que cada uno ha llamado aparte), el efecto será mucho mayor.

4. Partes aumentadas del cuerpo.

Cuando trabajas con otra persona (o en ti mismo), puedes llamar al “espíritu” o campo energético de la parte de que se trate: un músculo, el estómago, los intestinos, etc., y seguir sus líneas y tensiones energéticas. Puedes llamar al “espíritu” de una pequeña parte, aumentada a un campo grande. Si lo consigues puedes comprobar la energía de una célula, de la raíz de un pelo, de un espermatozoide o de cualquier parte pequeña del cuerpo. Examinando los glóbulos de la sangre encontrarás una relación directa entre la altura de “la Bota” y el campo energético de dichas células.

Ahora estoy experimentando con la posibilidad de tratamiento de genes, para problemas genéticos específicos como la calvicie, por ejemplo. Es un vasto campo para investigar, pero que sólo es posible si dominas el segui­miento de las líneas energéticas.

i) Trabajo intuitivo y espíritus

Cuanto más trabajo en el campo de los espíritus, más involucrados los encuentro en nuestra vida, trabajo, pensamiento y creaciones. Estoy total­mente seguro ahora, por la experiencia de mi trabajo, de que la intuición no es otra cosa que la ayuda de los espíritus. Los dibujos de Gasparetto, los escritos hechos por médiums en trance, la inspiración artística (las Musas),el descubrimiento de agua de los zahoríes, la telepatía y la adivina­ción del futuro, e incluso un masaje intuitivo simplemente, son efectuados por nuestros cuerpos y mentes con la ayuda de los espíritus “serviciales”.

Comprueba la energía de cualquier médium, vidente, etc., con la mano o la técnica de vibración ocular, y encontrarás un espíritu cerca de la perso­na, normalmente con una mano sobre su cabeza, y la otra sobre la mano con la que la persona lleva a cabo lo que esté haciendo. Cuando se trate de descargar energía de las líneas energéticas, pondrá una mano en la cabeza o en la mano de la persona que lo haga, y la otra en un cacharro con agua, o en alguna clase de circuito energético.

La ideología egoísta
Lo que sigue es un intento por crear o definir una ideología que sirva de ayuda a la sociedad humana para organizarse en una forma de democracia en la que todos podamos vivir de la forma más placentera y plena posible. Yo la llamo “ideología egoísta”. Está basada en dos principios de funciona­miento comunes en la naturaleza: el principio de placer (P.P.) y el principio egoísta (P.E.), que no es otra cosa que la existencia del EGO como unidad vital.

Es fácil probar la existencia del P.P. en el funcionamiento y en la moti­vación principal de todo ser vivo. Pongamos varios ejemplos de comporta­mientos aparentemente altruistas y que en apariencia actúan en contra de ambos principios: madres que hacen frente a peligrosos enemigos para salvar a sus descendientes, o que pasan hambre por alimentar a sus hijos, y por otra parte los actos e impulsos egoístas, y el acto del suicidio.

Por experimentos recientes sabemos que las plantas “sufren” cuando ha­cemos daño a otra planta o animal que estén cercanos. Probablemente sea así porque la reacción de dolor es transmitida través del campo energético del sufriente, a los campos que lo rodean.

El contacto energético entre una madre y un hijo es mucho más fuerte que el contacto entre otros dos campos cualquiera, seguramente porque en otro tiempo fueron uno solo, o al menos dos funcionando en plena armonía. Por eso la madre siente directamente como suyos el dolor, el miedo y el hambre de sus hijos, reaccionando así de acuerdo al P.E. y al P.P. Sin embargo, también podemos observar algunos casos en que la armonía ener­gética entre ambos se ve perturbada por intrusiones, luces, ruidos, etc., o cuando la madre está nerviosa o alterada, en cuyo caso puede abandonarlo o incluso matarlo. Por otra parte, hay mujeres que adoptan hijos, incluso de diferente raza, y se comportan como verdaderas madres.
Los impulsos masoquistas humanos no tienen como finalidad el sufri­miento (W. Reich, “Análisis del carácter”). Los masoquistas no disfrutan con el dolor; sufren y hacen sufrir como cualquier otra persona, pero lo pre­fieren a la tensión que sienten y sufren para relajarla. De hecho todos lo ha­cemos cuando tenemos tensiones musculares dolorosas y difíciles de rela­jar. Presionamos con la mano el músculo dolorido y hacemos que nos due­la aún más, porque sentimos así se alivia. Esto no quiere decir que nos gus­te sufrir: significa que preferimos el segundo dolor al primero, del cual que­remos librarnos. En estos casos actuamos de acuerdo al P.P. y no en con­tradicción con él. El principio de preferencia de mayor placer es el mismo que el de preferencia de menor dolor. Esto explicaría el acto del suicidio.

De nuestro conocimiento científico de la naturaleza podemos deducir que cada unidad vital posee un cuerpo individual y funcional, definido en una existencia física y energética, poseedor de una sola unidad energética consciente que decide su funcionamiento. Cada unidad vital funciona en su propio interés y elige lo que es mejor para su supervivencia. Esto significa “de manera egoísta”.

Podemos decir que cada protozoo es una unidad vital egoísta, ya que es un solo ser energético consciente e inteligente. Cada ser vivo multicelular funciona también como una sola unidad egoísta y tiene un solo sistema energético inteligente y consciente (o alma), conectado a su cuerpo físico, o alojado en él. En los seres que poseen cerebro, está conectado o situado en una parte determinada de aquel. En las plantas parece estar distribuido por todo su organismo.

Los animales pueden agruparse, como las abejas, las hormigas o los mamíferos. En tales formas de organización (aunque diferentes en cada caso), cada organismo tiene su unidad de inteligencia propia e individual, conectada a alguna parte de su cerebro, y cada individuo es capaz de actuar inteligentemente de acuerdo a sus necesidades de supervivencia, funcio­nando según el P.P. y el P.E., cuando es separado del grupo. En los insec­tos parece existir, además de la individual, una super unidad de inteligencia que se aloja en el grupo como un todo. En condiciones normales la colonia funcionará como un solo ego. Así que cada hormiga es conducida por el impulso egoísta de la colonia como unidad, y por su propio P.P. Aún dentro de este limite, actúa de acuerdo a sus propios E.P. y P.P., igual que las personas pueden actuar dentro de los límites de la ley, o un pájaro en los límites de su jaula. En las familias de mamíferos no hay una sola unidad súper inteligente que dirija. Hay un grupo de organismos relativa­mente iguales que poseen una sola unidad de inteligencia alojada en la parte consciente de su cerebro. Todos los miembros del grupo luchan, de común acuerdo, por su rol en la comunidad y cada uno actúa dentro de los límites de ese rol. Aunque cada individuo lo haga según el P.E. y el P.P., sabe que su bienestar depende del bienestar del grupo y lo tomará en consideración a la hora de actuar. Luchará por el mejor rol posible y se conformará con lo mejor que pueda obtener.

Los seres humanos funcionamos de la misma manera; la diferencia es que tenemos más información y por tanto un horizonte más amplio; pode­mos calcular mejor nuestras posibilidades de obtener el mejor rol entre los posibles, y lo hacemos de acuerdo a los principios del P.E. y del P.P., al igual que los otros animales.

Cuanto mayor es nuestro conocimiento del mundo mejor nos damos cuenta de que el contacto con los que consideramos nuestros rivales, aun­que limite algunos de nuestros derechos egoístas, es mejor para nosotros que una permanente lucha violenta por el poder. Los griegos lo entendieron cuando inventaron la democracia, hace 2.500 años.

La democracia es una forma de vida convenida por un grupo de egoístas conscientes de su egoísmo, por su propia y libre voluntad, para tener la mejor (la más placentera) y más larga vida posible. La democracia fue renovada en los siglos XIX y XX y se extiende entre la gente consciente de la existencia del P.E. y del P.P. en la naturaleza, y en ellos mismos como partes integrantes de ella.

Todos los regímenes totalitarios, en todas sus formas y épocas, han intentado reprimir esta conciencia en los individuos a los que gobiernan. La propia conciencia del P.E. y del P.P. está en completa armonía con la democracia, pero en los regímenes totalitarios socava el poder del gober­nante sobre sus subordinados. Esa es la razón por la que todos los gober­nantes totalitarios abogan por ideologías que ignoren o incluso nieguen los dos principios básicos de la naturaleza; esto lo hemos heredado y aún pervive en la moderna democracia. Las ideologías separan al humano del animal; éste tiene conciencia del P.E. y del P.P. y funciona de acuerdo a ellos. El totalitarismo aboga por el “vivir por”. Vivir por una idea, por el estado, por un líder, por la bandera, por Dios, por la humanidad, pero nunca por uno mismo.

Si repasamos la historia, vemos que en todas las sociedades totalitarias -familia patriarcal incluida se prohíbe el funcionamiento de acuerdo a los mencionados principios a los gobernados, que sin embargo es legítimo para los gobernantes.

Democracia es libertad para criticar al gobernante. Es una manera de proteger los derechos individuales de cada uno para que no puedan serles arrebatados por el gobernante o por las instituciones gobernantes. La DECLARACION DE LOS DERECHOS HUMANOS es el certificado de la democracia. Protege los derechos y las libertades individuales y está en armonía con el P.E. y el P.P., que son, o deberían ser, los valores básicos sobre los que hemos de construirla.

Podemos reemplazar las ideas heredadas del totalitarismo por las deri­vadas del P.E. y del P.P. Puedo trabajar para la comunidad, no para sentir­me altruista, sino porque disfruto haciéndolo y porque quiero una comuni­dad mejor en la que vivir. Puedo amar a mis semejantes, no porque sea un mandamiento, sino porque me produce placer y creo buenas relaciones con las que disfruto. Puedo luchar por proteger la naturaleza porque me satisfa­ce hacerlo y porque quiero vivir en una naturaleza viva y hermosa.

Puedo disfrutar del placer, sin ninguna razón especialmente “buena” y sin sentimiento de culpabilidad. Cuando elijo sufrir lo hago para evitar sufrimientos mayores.

Cuanto más abierto estoy y más consciente me hago de mis sentimien­tos más cuidaré del medio ambiente en que vivo, porque habrá más cosas que me harán feliz o me producirán tristeza y sufrimiento, y así elegiré conservarlas o cambiarlas de acuerdo a ello.

La aceptación del P.E. y del P.P. como fundamento de nuestra ideología y valores, nos conducirán a la elección de una forma de vida democrática. Cuanto más se amplía nuestro horizonte y nuestro conocimiento científico de la vida y de la sociedad, más obvio es que el mejor modo de vida es la convivencia y el compromiso democrático con nuestros rivales. Ideologías y valores juegan un importante papel en todas las formas de educación y en todos los sistemas sociales. Veamos cuáles son los valores que imperan en nuestros sistemas educativos, de dónde vienen, cuál es su propósito y cómo es posible reemplazarlos por conceptos basados en la “ideología egoísta”.
Los valores fundamentales que nos enseñamos son: responsabilidad, humanitarismo o altruismo, sinceridad, éxito, orden y disciplina. Es fácil localizar estos valores en nuestras sociedades totalitarias (monarquía, tira­nía, religión, familia patriarcal). Veámoslos uno por uno.

RESPONSABILIDAD: Cuando juzgamos responsable a una persona queremos decir que podemos contar contar con ella, que hará lo que NOS­OTROS pensamos que está bien, que no se arriesgará, que será lo opuesto a un aventurero o a un jugador. Identificamos el ser responsable con el éxito en la vida social y económica, con una buena situación o un puesto de grandes responsabilidades. Esto es así en los regímenes totalitarios, donde el gobernante es el único que tiene derecho a ser un aventurero sin pagar un precio por sus errores. Pero quiere a los demás responsables para poder confiar en ellos, para que hagan lo que EL piensa que es lo correcto, o lo que es bueno para EL.

En las democracias actuales nos encontramos con una situación paradó­jica: cuantas más responsabilidades conlleva un cargo, menor es el castigo por los errores, equivocaciones o irresponsabilidades. Es así en política y también en economía, siempre que la persona no haya quebrantado la ley. A un soldado puede costarle la vida un movimiento erróneo; una decisión equivocada de un ministro puede contar cientos o miles de vidas, pero nunca la suya, ni siquiera, en muchos casos, su carrera. Si quiebra una gran compañía constructora, mientras que los trabajadores y compradores perde­rán dinero y casas, los directivos se habrán hecho aún más ricos.

Cuanto más alto es el puesto, menor es la responsabilidad. Una persona que realmente se sintiera responsable de sus actos no osaría aceptar un cargo con grandes responsabilidades. Se quedaría en el que estuviera segu­ro de poder desempeñar satisfactoriamente para todos.

Podemos reemplazar la idea de responsabilidad por la capacidad de elegir y decidir. Aprender a hacerlo es una tarea educativa que ha de comen­zar desde el nacimiento. Las elecciones del recién nacido están guiadas por el P.E. y el P.P. Si dejamos que el bebé elija su comida, sus horas de sueño, sus vestidos, sus juguetes y sus alegrías desde el primer momento de su vida, será una persona sin dificultades para tomar las decisiones que le conciernan a sí mismo, o, en caso necesario, a su comunidad.

La exigencia de responsabilidad no hará al niño responsable, sino culpa­ble de no serlo. De hecho, es ésta la verdadera razón (consciente o incons­ciente) de tal exigencia. Cuanto más responsable nos sintamos, más poder tendrá sobre nosotros líderes, padres, profesores, y gobernantes. Las per­sonas con sentimiento de culpa son más fácilmente gobernables, y es más fácil achacarles los errores del gobernante y culparlos y castigarlos sin peligro de revueltas. Por eso la inculcación del sentido de culpa es una práctica común en todos los regímenes autoritarios, religiosos y no religio­sos. Su ideología incluye la exigencia de méritos difíciles de poseer, lo que nos hace sentirnos culpables por no ser como se espera que seamos.

ALTRUISMO: ser altruista significa no ser egoísta, lo cual está en con­tra de uno de los principios básicos de funcionamiento. Es irrealizable y sólo sirve para crear sentimientos de culpa e inutilidad. Cuando me siento mal e inútil no me atrevo a exigir, especialmente si se trata de exigencias “egoístas”. Esta situación es ventajosa para el gobernante. Sucede lo mis­mo con la mayoría de los valores predicados en la educación.

SINCERIDAD: la mentira es parte integrante de la vida. Cuanto más sociables somos, más se convierte en parte habitual de nuestra comunica­ción. Mentimos a nuestros hijos sobre nuestros problemas, sobre nuestra vida sexual; a los amigos sobre nuestros sentimientos, a la sociedad sobre nuestra vida privada, y sin embargo predicamos la sinceridad a nuestros hijos. Todos los gobernantes desean la sinceridad de sus gobernados para poder confiar en ellos, todos se guardan el privilegio de la mentira sólo para ellos. Para los niños somos seres poderosos y libres, y aún así les mentimos. Ellos tienen que mentirnos sobre sus impulsos sensuales y se­xuales porque no los aceptamos: dependen de nosotros y tienen que jugar nuestro juego. En la escuela se enfrentan con exigencias distintas y allí tienen que ser alumnos. Juegan otro papel en su grupo de amigos, y cuando les exigimos sinceridad han de mentirse a sí mismos acerca de todos esos papeles y eso les hace sentirse confusos y desesperados. Si aceptamos a nuestros hijos por lo que realmente son, criaturas pequeñas e inteligentes impulsadas por el P.E. y el P.P., podrán ser sinceros consigo mismos, lo que es muy importante para su tranquilidad de espíritu. Aceptándolos como son les ayudamos a confiar en sí mismos, y sólo a partir de ahí podrán intentar ser también sinceros en sociedad.

Mientras que la elección consista en ser sincero con los demás o conmi­go mismo, es de vital importancia elegir lo último y aprender a mentir eficientemente a aquellos que no me acepten por lo que soy y que quieren que sea diferente.
EXITO: La sustitución del placer por el éxito es otra invención de la ideología totalitaria. Estas dos ideas de naturaleza paralela se convierten así en opuestas. Las ideas totalitarias perdurarán mientras la familia conti­núe siendo una institución represiva. Ha cambiado algo en los últimos 20 años, especialmente en las democracias liberales donde las mujeres son libres, iguales e independientes, pero en general, aún puede escucharse de padres y educadores cosas como: “Lo que resulta fácil no puede ser bue­no”, “para lograr algo hay que trabajar duro”, “lo que es sólo placentero no puede ser serio”. Y cuando los niños están muy contentos: “esto acabará mal”.

La idea del éxito nos hace pensar obsesivamente en el futuro. Nunca disfrutamos del presente porque siempre estamos planeando y preparando. No disfrutamos del presente porque nuestra conciencia está en el resultado futuro, en la calificación, en el éxito. Muchos de nuestros errores nos lo demuestran: olvidamos el gozo del aprendizaje pensando en las notas; la alegría del movimiento midiendo el tiempo y la puntuación en los deportes; nos perdemos el placer del baile poniendo toda nuestra atención en su ejecución, y del goce de tocar y del contacto sexual planeando el orgasmo.

La única satisfacción que puede proporcionar el éxito es el final de la tensión y el sufrimiento. Estos los creamos nosotros mismos. Muchos su­fren una depresión cuando alcanza un fin, y necesitan planear rápidamente el próximo logro. Con un éxito podemos obtener la admiración de amigos, profesores y gente en general, pero eso no nos hace mejores, sino sólo que nos inflemos como globos, pero con una sensación de vacío interior.

Podemos reemplazar el éxito por el placer y la aventura. Consideramos un éxito el alcanzar un fin incluso a costa de muchos sufrimientos. Una aventura tiene éxito si disfrutamos con ella, incluso sin alcanzar ningún fin.

En vez de enseñar al niño a crear una obra de arte para que le admiren, podemos ayudarle a disfrutar de cada paso del proceso creador. Podemos sustituir, en nuestros valores educativos, el éxito por el placer, y convertir­lo en la principal motivación de nuestras acciones.

ORDEN: tratar de imponer orden a los niños, en una situación familiar normal, es costoso para niños y padres. La naturaleza posee un orden inherente en todas sus funciones y creaciones, y cada animal tiene su pro­pio sentido del orden. Puede ser más efectivo y agradable aprender de los niños el orden específico humano, en lugar de imponerles uno mecánica­mente organizado que ni a nosotros complace.

DISCIPLINA: es la regla básica de todos los regímenes y organizacio­nes autoritarias. Su propósito es hacer de nosotros herramientas en manos de los gobernantes. Podemos reemplazar la disciplina por una relación abierta, franca y amistosa entre profesores y alumnos, como ya se hace en algunas escuelas y entre hijos y padres. Las relaciones humanas, en una sociedad verdaderamente democrática, no están basadas en la disciplina; lo están en el debate, la crítica y el compromiso.

Cuanto más democrática sea la sociedad en que vivimos, mayores serán las libertades individuales protegidas por la ley, y también el derecho a criticar a los gobernantes. La democracia será más auténtica si comenza­mos a basar los principios de la educación en el P.E. y el P.P.

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