El sexto sentido (8)

   

La sexualidad y el segmento pélvico

Cuando un bebé deja de mamar, los órganos sexuales se convierten en el instrumento central de sus experiencias de placer completo, desplazando así al segmento oral. Así que la experiencia sexual es para niños, adoles­centes y adultos, lo que la oral es para el bebé.

Si observamos a un bebé que esté relativamente libre de armaduras, mientras mama de una madre también relativamente libre de ellas, veremos unas vibraciones suaves y ondulantes que se extienden por todo el cuerpo. Su piel se vuelve cálida y sonrosada. Cuando cesan las vibraciones se siente totalmente relajado y se duerme. Estamos ante un bebé que ha senti­do un orgasmo total, estimulado por el intenso placer de mamar. El orgas­mo total descrito por Reich es idéntico al del bebé.

Nunca he visto un orgasmo total en un adulto, ni en la vida, ni en películas de cine o televisión. Me parece extraño que podamos ver en una pantalla a un niño en el útero, hombres caminando por la luna, crueles asesinatos, o los horribles detalles de una violación, pero nunca vemos a una pareja haciendo el amor que experimente un orgasmo total. Sin embar­go yo vi a una pareja de chimpancés haciéndolo en el zoo, abrazados cara a cara, sentados y teniendo el mismo tipo de orgasmo que he visto en los bebés (ignoro si es normal entre los chimpancés).
Observando la sociedad en que vivimos, no parece que, la generación supuestamente “madura” y que detenta el poder, proporcione a sus herede­ros ninguna ventaja, emocionalmente hablando. No alienta a las jóvenes generaciones a ser más libres, o a que estén satisfechos con ellos mismos. Los años ochenta están aún limitados por los tabúes sexuales.
Parece no obstante, que cuanto más democrática se hace la sociedad, y más liberadas están las mujeres que la forman, el tabú sexual es menos firme. Así que la liberación de la mujer trae consigo la liberación de la sexualidad. Los tabúes sexuales están basados en sociedades patriarcales y autoritarias, de las que hemos heredado gran parte de nuestra conducta moralizante, nuestros lemas y nuestras “verdades”.
Lo que concierne al segmento pélvico concierne a los problemas y rela­ciones sexuales, al orgasmo y a la ansiedad sexual.

La descarga orgiástica total es una función natural del organismo entero como unidad. Es una descarga energética de cada célula y de cada tejido del organismo. Se experimenta como una vibración ondulante en todo el organismo. Reich lo describe como “una dulce sensación de disolución”. Es lo que observamos en el orgasmo oral del bebé.
Esta experiencia total sólo puede tener lugar si somos capaces de tolerar una excitación plena de nuestro sistema energético y de entregarnos com­pletamente al intenso placer de las convulsiones y vibraciones orgiásticas. Esto sólo es posible si estamos libres de armaduras musculares, si todos los segmentos están abiertos y relajados, si cedemos a nuestras sensaciones, si perdemos el control sobre nuestros cuerpos y permitimos que las funciones energéticas nos dominen completamente.

Por lo general, estamos todos tan lejos de ese estado, que es más fácil describir lo que hacemos para entorpecer la experiencia, que decir cómo hacerlo. Para empezar, parece que nuestras mentes está siempre planeando el futuro, lejos de lo que realmente está sucediendo. Cuando nos conoce­mos nos imaginamos ya desnudos. Cuando tocamos estamos ya planeando cómo excitarnos o cómo conseguir la erección. Cuando lo conseguimos, imaginamos la penetración, cuando estamos acoplados, planeamos nuestro orgasmo o el de nuestra pareja. Y durante todo el tiempo, no dejamos de juzgar nuestro comportamiento.
Si nuestro cuerpo no está preparado para aceptar el placer total, lo senti­mos como “demasiado bueno”. Nos han educado para no perder el control y tenemos miedo de perderlo. Estos sentimientos, ya sea a nivel consciente o inconsciente, envían una señal de alarma al cuerpo, que se contrae. Dejamos de respirar con profundidad. Ahogamos cualquier sonido, si es que se presenta, cerrando la garganta. Endurecemos el vientre, tensamos los glúteos e inmovilizamos las piernas. O detenemos el movi­miento completamente, o hacemos movimientos rápidos y mecánicos des­conectados de nuestras emociones. Luego experimentamos una descarga relativamente pequeña y muy localizada, con cierto placer, que podemos llamar orgasmo parcial.
De alguna forma, dentro de nosotros, sentimos la diferencia de lo que podía haber sido y de lo que realmente ha sido. Cuanto mayor sea la diferencia, más profunda será nuestra decepción y frustración.
Además de trabajar para relajar el espasmo crónico en la pelvis o en cualquier otro segmento de la armadura, debemos luchar contra el tabú sociocultural sobre el sexo. Reich lo hizo en los años 20 y es aún hoy una meta por la que trabajar. Intentaré enfatizar la severidad del tabú sexual, comparándolo con lo que sucede en el segmento oral.
No hay ningún tabú contra el placer oral en nuestra sociedad. Comer, beber o fumar en cualquier sitio, en casa o en la calle, o a cualquier hora, es normal y totalmente aceptable. Desde nuestra primera infancia nos enseñan qué comer, cómo cocinar, qué alimento va mejor con qué, y en qué orden. En resumen, cómo obtener una satisfacción completa y total. Ade­más podemos discutir abiertamente, alrededor de la mesa, nuestros proble­mas con la comida, las enfermedades derivadas de la mala alimentación o la diferencia de sabores. Comparado con la experiencia sexual, que puede ser totalmente satisfactoria para el organismo entero, el comer es un acon­tecimiento muy simple y localizado. Aún así invertimos montones de ener­gía en ello, porque es un tema abierto y libre de tabúes.
Debemos lograr la misma libertad para la experiencia sexual e invertir, al menos, tanta energía en la educación y desarrollo como utilizamos para la satisfacción oral.

Pero hasta ahora, la sexualidad es un tabú. Estamos permanentemente vestidos desde que nacemos. Desde la cuna, nos impiden tocar y jugar con nuestros genitales, y nos desenvolvemos normalmente como si los órganos sexuales no existieran. Y luego, como de forma mágica, esperamos que nos proporcionen una experiencia totalmente placentera y vibrante.

Reich nos ha demostrado que si se bloquean los instintos primarios en la infancia, pueden expresarse como instintos secundarios a través de la arma­dura. De esta manera, el amor y la atracción sexual se expresan como ideas y actos sádicos. Cuando enseñamos a los jóvenes a “ser hombres”, les estamos enseñando a bloquear la expresión de sus sentimientos. Se espera de ellos que supriman la ternura, la suavidad y el abandono. Nunca deben “dejarse llevar” por sus emociones. Llamamos histeria a toda expresión emocional incontrolada y tratamos de evitarla. Una experiencia sexual completa, un orgasmo pleno, sólo son posibles cuando perdemos el control y nos entregamos de lleno a ella.

Un chico” normal” educado en nuestra sociedad es muy posible que ex­prese su atracción física y su ternura amorosa bloqueadas, en forma de de­seos y actos sádicos. Los hombres que reprimen sus emociones no pueden usarlas como estímulo sexual; dependen de su imaginación sádica para es­timularse sexualmente. Esto no creaba ningún problema en una sociedad en que la mujer era una esclava, una sierva, una propiedad, un ser humano de un nivel más bajo que los hombres. En ese tipo de sociedad era más fácil para ellos crearse una imagen sexual sádica, a veces acompañada de un comportamiento también sádico. Muchas expresiones lingüísticas que pro­vienen de este tipo de cultura, y que aún dominan nuestra manera de hablar y pensar, muestran el enfoque sádico de algunos hombres con respecto al contacto sexual: palabras como “joder”, “follar” y “ligar”, y muchas más en todas las lenguas. Mientras que los niños continúen siendo educados para “ser hombres”, para ser agresivos y reprimir sus sentimientos, su despertar sexual dependerá de imágenes sádicas. Esto no está sólo en con­tra de nuestros ideales democráticos y de la igualdad de los sexos, sino que crea muchos problemas de impotencias temporales y permanentes. Un ejemplo lo hará más evidente. Un amigo mío se enamoró de una mujer a la que apreciaba mucho. Sexualmente había funcionado de manera “normal” hasta que la conoció, pero cuando estaba con ella se volvía impotente y no podía conseguir una erección. Otro amigo le sugirió que “se imaginara que era una puta”. Cuando logró crear esta imagen mental, tuvo una erección.

El hombre con una armadura muy desarrollada etiqueta a la mujer libe­rada, la que le propone abiertamente relaciones sexuales, de “castradora”, ya que con ella no puede crearse la imagen sádica (ella lo desea) y enton­ces se vuelve impotente.

Otro factor que interfiere la experiencia sexual de los hombres es la idea de lo que es “ser hombre”. Puesto que desde la edad de 3 años, he sido educado para “ser un hombre”, continúo pretendiendo ser y sentir como tal, aunque emocionalmente me sienta un niño asustado y tímido. Por tanto siento una necesidad imperiosa de demostrarme a mí mismo, y a la socie­dad, que soy un hombre. La función más significativa con la que puedo probar mi hombría es la erección. Así que es crucial que logre una erección siempre que esté con una mujer -cualquier mujer-, en cualquier momento y circunstancia (incluso estando enfermo, nervioso o alterado).

“Ser hombre” no es una emoción real, por lo que nunca puede ser satis­fecha. Por tanto, esas actuaciones nunca son suficientes, e incluso si las he interpretado “bien” cientos de veces, un simple fallo (en el logro de una erección) es suficiente para acabar con la confianza en mí mismo, e incluso causarme una depresión profunda.

En las relaciones sexuales, otra prueba de “hombría” es el orgasmo de la mujer. Por tanto mi propia experiencia es de poca importancia y el fin del acto sexual es el orgasmo de mi pareja. Cuanto mayor sea su orgasmo, mayor es mi “hombría”.

La fuerte excitación y las corrientes energéticas que surgen en el acto sexual, se convierten en sensaciones de miedo y ansiedad (conscientes o inconscientes) a causa de la armadura general del cuerpo, y reducen la expresión sexual de la persona a una función localizada y problemática de grandes expectaciones y placer limitado.

Con el fin de mejorar nuestras vidas y nuestras experiencias sexuales, debemos trabajar en la apertura de todos los segmentos bloqueados, inclui­do el pélvico. Debemos eliminar los tabúes sexuales de nuestra vida coti­diana social y cultural. Debemos cambiar la función de la educación para que en vez de ser un proceso bloqueador (ser un hombre o una señorita), sea un proceso preventivo.

Cuando nos relacionamos deberíamos dejar de planear y programar nuestras caricias, erecciones, penetraciones y orgasmos, y tratar de estar totalmente absortos en nuestras sensaciones presentes e inmediatas. Esto puede lograrse ejercitando un “mantra negativo”, esto es, diciéndome a mí mismo “no quiero desnudar” mientras se acaricia; cuando nos abrazamos desnudos, decir “no quiero tener una erección”; cuando se tiene la erec­ción, “no quiero la penetración”, cuando se efectúa el acto sexual, “no quiero un orgasmo”. Esta técnica, usada de vez en cuando, puede ayudar­nos a concentrarnos en lo que sucede en el momento presente y a dejar de planear permanentemente el paso siguiente.

El acto sexual en personas libres, desbloqueadas y naturalmente espontáneas es similar para hombres y mujeres. Las caricias son agradables y excitantes para ambos sexos. Los pezones y los órganos sexuales de ambos se congestionan y ponen erectos cuando la energía fluye libremente a tra­vés de ellos. La descarga orgásmica es idéntica en hombres y mujeres libres de corazas.

                 

Vibraciones corporales

Podemos preparar el cuerpo para experimentar las vibraciones orgásmi­cas
ello hay que fomentar las vibraciones libres e involuntarias.
Acuéstate de espaldas con las rodi­llas dobladas. Durante unos minutos ejercita respiración completa con el vientre y la pelvis relajados; lenta­mente, abre las rodillas en la exha­lación, y ciérralas en la inhalación.
Hazlo durante unos cuantos minu­tos. Luego coloca los pies a unos 10centímetros de distancia y muévelas rodillas lentamente hasta un punto -a veces puedes encontrar va­rios en que tiemblen, y mantenlo hasta que desaparezca. Pide a tu compañero/a que descargue la ener­gía bloqueada en la zona que va de los genitales al diafragma. Esto aumen­tará el temblor. Continúa respirando “desde” tu vientre y deja que el tem­blor llegue a la pelvis, y a ser posible, a todo el cuerpo y mantenlo tanto tiempo como puedas. Este temblor puede producir una de estas tres reac­ciones: resultarte profundamente relajante, o muy frustrante, o convertirse en una excitación sexual creciente.

Continúa el movimiento de acuerdo a su respuesta. Si es relajante, deja que las vibraciones desaparezcan hasta la relajación. Si es frustrante, da patadas y puñetazos en el colchón, emite sonidos que expresen tu rabia y después relájate. Si se convierte en excitación sexual, continúa hasta donde te lleve, puedes tener un orgasmo incluso sin tocarte el cuerpo ni los geni­tales. Mantén las vibraciones, la respiración profunda y la vocalización. Esta clase de orgasmo es muy fuerte y una experiencia sexual muy satisfac­toria (algunos dijeron que fue la mejor que habían tenido).

La finalidad de este ejercicio es principalmente la de aprender a dejarse llevar por estas vibraciones sin interferencias ni control. “El dejarse llevar” no tiene por qué ser una experiencia sexual, puede hacerse para que reapa­rezca durante el acto sexual verdadero o la masturbación. Trata de permitir que surjan las vibraciones, y continúalas durante el orgasmo; esto lo inten­sificará y te ayudará a liberar tensiones de todos los segmentos corporales.

A algunas personas (especialmente mujeres) les resulta doloroso el acto sexual. Si no existe ninguna razón médica, habrá un anillo muscular contraído en los genitales. Trata de relajarlo con un masaje suave y descargan­do la energía bloqueada. Esto aliviará el dolor y facilitará las sensaciones placenteras durante el acto sexual.

El estreñimiento, en la mayoría de los casos, es el resultado de una contracción crónica del recto, y puede detectarse un anillo contraído alre­dedor de esa zona. Aquí también debe darse un masaje suave para relajar la contracción.

12.
La regresión
a) Regresión completa

Algunos tipos de bloqueo pueden relajarse volviendo a experimentar los sucesos traumáticos que lo causaron, rememorando los recuerdos reprimi­dos. Esto puede hacerse regresando experimentalmente a la edad en que tuvieron lugar tales sucesos.

El siguiente ejemplo lo explicará mejor. En cierta ocasión trataba a una mujer que quería relajar la tensión de su pecho. Presentaba problemas respiratorios y sensación de ahogo en ciertas situaciones emocionales. Comencé a trabajarle el pecho, forzándola a respirar mientras mantenía su garganta abierta. Unos 10 minutos después, comenzó a sentir corrientes energéticas fuertes en manos, pies y boca. Las de las manos eran tan fuer­tes que ella estaba segura de que yo podía realmente verlas y hasta escu­char el sonido que hacían. En este estado, manos y pies pueden quedar paralizados. La coloqué en posición fetal, con su cabeza en mi regazo, sujetándole la espalda con mi mano derecha. Durante una regresión es muy importante, y tranquilizador para la persona, tocarle y sujetarle la espalda. Mecí su cuerpo suavemente, como si flotara en agua o estuviera en un gran útero que se moviera. Le pedí que se imaginara que volvía a estar en el vientre de su madre, utilizando recuerdos de fotos, películas o su imagina­ción, y “mirara” a su alrededor, refiriéndome todo lo que viera, oyera o sintiera.

Tras un rato, me dijo que se sintió como si fuera un feto dentro del útero. Podía ver y sentir cosas que le pasaban a ella y también a su alrede­dor. Luego la dirigí sólo en el tiempo. Podía avanzar y retroceder, cuando se lo pedía.

Le sugerí que retrocediera al final del embarazo. Luego que avanzara dos semanas y contara sus experiencias. Se situó en su nacimiento y recordó los traumas: los ruidos, las luces, la separación (la mayoría de los bebés, al se­pararse del cuerpo de su madre, se sienten definitiva­mente abandonados). Conti­nuamos avanzando en el tiempo hasta los 4 años; en­tonces su pecho estaba libre de tensiones y respiraba per­fectamente. Le pedí que avanzara un año más, y en­tonces sintió una fuerte pre­sión en el pecho. A petición mía retrocedió 6 meses y el pecho volvía a estar bien. Tras unos cuantos minutos de este ir atrás y adelante, pudimos establecer exactamente el día tensión en el pecho. El instante en que comenzó su tensión en el pecho

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Su padre estaba enfadado con ella y se sintió aterrorizada. En lugar de gritar de miedo y/o salir corriendo, se quedó paralizada, muda, y contuvo la respiración. Le pedí que retrocediera sólo una hora y su pecho estaba aún bien. Luego, que mantuviera relajado el pecho, y todo su cuerpo, y que reviviera de nuevo la misma experiencia aterradora, gritando, llorando o golpeando con rabia o miedo, o cualquier cosa que le surgiera espontánea­mente, sin contraerse y, especialmente, respirando plenamente. Para ayu­darla a revivir el trauma sin contracciones, tuve que recordarle continua­mente que estaba conmigo y no “allí”. Revivió la experiencia —arias veces. Gritó y expresó su rabia con el pecho abierto. Dos meses más tarde, continuaba abierto y libre de tensiones.

Puedes intentar este método de regresión para resolver problemas o para enriquecer tu experiencia. Puedes retroceder en el tiempo hasta ser un simple punto en el útero, e incluso más. y desaparecer, y yendo más atrás aún experimentar sensaciones preuterinas: un día, un año y cientos de años. Puedes, desde el estado preuterino, ir también hacia el futuro, aunque a la mayoría de la gente le aterroriza hacerlo. Un joven me dijo: “Tengo miedo, sé que si miro hacia adelante podría ver mi muerte y no me atrevo”.
No he encontrado la forma de verificar si nuestras experiencias preuteri­nas son verdaderas o imaginarias, y sólo una vez he mirado hacia el futuro y pude comprobar que se cumplió. También he comprobado recuerdos de experiencias infantiles y de nacimientos y muchos eran exactos hasta en los detalles. Otros parecen ser imaginaciones intensas con una poderosa expe­riencia emocional, que siento que también son de gran importancia.

Para unas personas la regresión es una experiencia muy fuerte y así hay que considerarla; para otras sólo es un ejercicio de imaginación con sensa­ciones suaves y agradables. Puede hacerse como he descrito en el ejemplo, o simplemente descargando energía y relajándonos.

b) Traumas de vidas anteriores

He comprobado muchas veces que los acontecimientos traumáticos de vidas anteriores influyen en la vida presente. Esto se ve especialmente claro en este caso específico.

Un hombre se quejaba de insensibilidad en las manos, de sensación de tenerlas muertas. Retrocedió a su primer año de vida y sintió que las manos le ardían; siguió retrocediendo hasta el vientre materno, y las manos conti­nuaban ardiéndole. Retrocedió aún más. Se sintió en una vida anterior, experimentándolo intensa y claramente: estaba en una casa que ardía, de donde salía corriendo. Volvió a entrar para rescatar a su mujer y a su hijo y volvió con el cuerpo, y especialmente las manos, en llamas. Saltó a un charco de agua y luego se vio subiendo hacia el cielo, lo que probablemen­te significaba su muerte. Revivió esta experiencia varias veces, mientras expresaba su dolor por medio de la respiración expresiva. Tras esta sesión se sintió las manos llenas de vida, y muchas semanas después seguía sin­tiéndolas vivas.

c) Regresiones parciales

Algunas veces resulta eficaz utilizar la regresión de forma ligera y par­cial. Esto significa dejar que fluyan los recuerdos, pero recuerdos que están en la memoria consciente, mientras descargamos energía de las líneas ener­géticas y la persona respira permanentemente. De esta forma se precisan partes de la vivencia y podemos concentrarnos en los momentos críticos.

Por ejemplo, en los casos de asma, normalmente trabajo de esta manera con el fin de que la persona reviva los pocos segundos en los que realmente comenzaron los problemas respiratorios. Aunque recuerde el ataque, trata­mos de rememorizar esos críticos segundos que lo precedieron.

La regresión parcial puede ser usada por los psicólogos para profundizar en su trabajo, como una mezcla de psicoterapia y trabajo energético.

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