El sexto sentido (9)

13.
La energía orgónica

a) Esencia de los conocimientos existentes

La energía que actúa en el interior y en el exterior del organismo huma­no ha sido conocida y utilizada con fines mágicos y terapéuticos en todo el mundo a lo largo de la historia de la humanidad. En el mundo occidental, esta energía fue científicamente descubierta, definida y bautizada con el nombre de orgón por Wilhelm Reich.

Reich consiguió medir los efectos del campo orgónico haciéndolo visi­ble al ojo humano, aumentando su intensidad por concentración local, y de­terminando su movimiento y su fluido en el organismo y en la atmósfera.

Experimentó con el orgón en diferentes esferas científicas y definió sus características básicas y sus leyes fundamentales de funcionamiento.

Algunos de sus controvertidos experimentos incluyen la generación de vida procedente de materia no viva, la carga del organismo humano con orgón atmosférico, el control de la meteorología influenciando el flujo orgónico en la atmósfera, y la interacción del orgón y la energía de radia­ción nuclear. Su trabajo está enteramente descrito en sus libros y ensayos.

Lo que sigue está basado en el trabajo científico de Reich, en las expe­rimentaciones actuales con campos orgónicos, y en mis experiencias per­sonales.

La energía orgónica existe como un continuum que llena el espacio cós­mico. Está presente en la naturaleza, dentro y alrededor de todos los orga­nismos vivos, y también en toda la materia y en el vacío. El orgón existe en un variedad de formas fluidas, en diferentes estados de concentración y en diferentes niveles de excitación.
La forma básica de su flujo es un movimiento espiral ondulante. Se ma­nifiesta en las enormes espirales galácticas, en el flujo cósmico; en gigan­tescos frentes atmosféricos con forma de espiral, en las tormentas atmosfé­ricas, en animales con formas ovoides, en protozoos espirales, en Chakras multiespirales, en la doble espiral del A.D.N., en muchos fenómenos natu­rales, y en las líneas energéticas bloqueadas existentes dentro y fuera del organismo. Puede fluir en suaves formas ondulantes como las que se ven en lo alto de las montañas, o en giros vertiginosos como tornados y huracanes.

En un organismo vivo, la corriente energética predetermina su creci­miento físico. El desarrollo de los líquidos y tejidos del organismo sigue el patrón del movimiento de la energía. Así, la forma del organismo, y de sus partes, corresponde a la forma de la corriente energética interna y externa. Una mano amputada conservará su flujo energético como si aún estuviera allí, y la persona podrá sentir dolor y placer en el miembro amputado gracias a su campo orgónico.

En los sistemas vivos, la energía es oscilante, con sucesivas expansiones y contracciones. En el microscopio puede verse un campo fluctuante y luminoso en las formas de vida más primitivas; y, en formas superiores, en la respiración y en los latidos del corazón.

El orgón es una energía altamente excitable. Posee una amplia escala de estados y niveles de excitación, algunos de los cuales son positivos para la vida y parte indispensable en cualquiera de sus formas. Sin embargo, cuan­do está altamente excitado, se convierte en peligroso para cualquier siste­ma vivo organizado de los que conocemos.

Examinemos las formas fundamentales o leyes de la energía orgónica por sus principios de funcionamiento básicos: el principio de concentración, el de variación, el de superposición, el de reacción y el de inteligencia.

EL PRINCIPIO DE CONCENTRACION: El orgón atrae a sistemas más concentrados. Es decir, que donde existe una concentración de orgón rela­tivamente alta, la energía del espacio circundante es atraída por éste y fluye hacia este punto de concentración, intensificándolo. Cuando la concentra­ción alcanza una cota máxima, se descarga en pulsaciones orgónicas que emanan desde el centro a la periferia, como una ola de expansión en los sistemas vivos, o también en forma de luz, calor, electricidad, relámpagos, movimiento físico y tormentas atmosféricas.
La fluctuación es una rítmica sucesión espontánea de expansión y con­tracción del sistema energético. En la fase de contracción, la energía fluye hacia el centro del organismo; éste se sobrecarga y descarga un impulso energético, creando una ola expansiva que se extiende desde el centro a la periferia del organismo, y más allá de sus límites. A esta fase la sigue otra de concentración y así sucesivamente.

Sabemos, por los experimentos de Reich, que incluso las formas más simples de vida poseen un campo energético fluctuante. Observó que la materia no viva, en ciertas condiciones experimentales, cargada de orgón, creaba un campo energético espontáneo y fluctuante y mostraba funciones vitales. La fluctuación es el primer signo de vida en la materia no viva, y el último signo de vida en un organismo moribundo.

EL PRINCIPIO DE VARIACION: La energía orgónica reacciona con mayor fuerza a nuevos estímulos que a la repetición sucesiva del mismo estímulo. La repetición sucesiva causa una reducción en la intensidad de su reacción. El fenómeno del principio de variación puede observarse no sólo en todos los organismos vivos, sino también en la energía orgónica atmos­férica. Trabajando con un “rompenubes”, aparato inventado por Reich para convertir la energía de la atmósfera en agua, nos damos cuenta de que el aparato influye en la atmósfera con mayor potencia siempre que utiliza­mos una nueva manera de operar, o una nueva máquina, un lugar diferente, una forma distinta de mover el aparato durante la operación, que viajemos con el “rompenubes”, o incluso cuando lo utiliza otra persona.

Parece que la energía puede recordar un estímulo y reaccionar de acuer­do a la forma “acostumbrada”, o a una “por sorpresa”. Esto demuestra la existencia de memoria en el funcionamiento del orgón. Está perfectamente aceptado que todos los animales, protozoos incluidos, poseen memoria. Unos experimentos recientes efectuados con plantas, demuestran que su sistema energético posee una función memorizadora completa. Parece ser que la memoria es una función de la energía misma y no sólo de una forma especial de organización, como el cerebro de los animales superiores.

EL PRINCIPIO DE SUPERPOSICION: Los sistemas orgónicos separa­dos, o las corrientes de orgón en el micro y el macrocosmos, se atraen mutuamente y se superponen total o parcialmente en forma multiespiral. Así, forman un sistema de funcionamiento unitario.
La superposición de corrientes orgónicas separadas crea un nuevo siste­ma energético, que tiene sus propias cualidades específicas. Este fenómeno puede observarse en la naturaleza a todos los niveles: los inmensos brazos típicos de las galaxias, los enormes frentes atmosféricos de formas espira­les que constituyen los tifones o cualquier tormenta. El abrazo sexual de los animales machos y hembras crea similarmente un nuevo e independien­te sistema vivo. Cualquier creación está generalmente causada por la fun­ción de superposición de diferentes corrientes orgónicas.

EL PRINCIPIO DE REACCION: La energía orgónica reacciona a los estímulos de manera predeterminada. Cualquier sistema orgónico se expan­dirá en condiciones óptimas de calor, seguridad y afinidad. El mismo siste­ma se contraerá con temperaturas relativamente bajas, en condiciones de peligro para su existencia funcional, odio o agresión.

Estas reacciones o movimientos energéticos, existentes en todas las formas de vida, se llaman emociones cuando es el ser humano quien las ex­perimenta. Las distintas clases de movimientos energéticos dentro del cuerpo humano equivalen a emociones diferentes. Cuando el sistema energético se expande y fluye en olas desde el centro del cuerpo hacia la periferia y más allá, llamamos a esa emoción “amor”. Cuando tenemos frío y la energía se contrae en nuestro interior, nos produce una sensación “desagradable” o “deprimente”. Cuando la causa de la contracción es una repentina agresión exterior, real o imaginada, el sentimiento se llama “miedo”.

Percepciones tales como la vista, la imaginación, el gusto o la excitación sexual, causan intensas corrientes energéticas en nuestro cuerpo, en dife­rentes partes y direcciones. Exceptuando las contracciones energéticas, sentimos básicamente como sensaciones placenteras todas las corrientes intensas a través de los tejidos del cuerpo, aunque en presencia de bloqueos emocionales y armaduras musculares, puedan convertirse en ansiedad, miedo y contracciones.

Amor, miedo, rabia y dolor son nombres que utilizamos para definir sensaciones causadas por las diferentes formas de las corrientes energéticas en el cuerpo. Existe el mismo patrón de corrientes energéticas para todas las formas vivas. Una ameba y una planta tienen unas reacciones básicas en su campo energético similares a las del hombre. Por tanto es justificable decir que las plantas experimentan amor, rabia o miedo. Además, como en
el hombre, su sistema energético guarda memoria de su experiencia duran­te mucho tiempo.
EL PRINCIPIO DE INTELIGENCIA: La inteligencia puede considerar­se como la habilidad para combinar: sentimiento, memoria y comprensión (tanto placenteras como desagradables), que son las funciones básicas de la energía orgónica. Por tanto, la inteligencia es también una cualidad básica de la función energética.

La conducta lógica e inteligente que encontramos en la naturaleza resul­ta de la función energética básica de la inteligencia. Esta inteligencia opera idénticamente en el cerebro humano y en la naturaleza, y muestra las mis­mas formas en el pensamiento humano que en las funciones naturales. Es el porqué de que el cerebro humano, la ameba y la planta muestren las mismas reacciones funcionales, o conducta inteligente.

La ameba se contrae cuando la dañan, y se expande de nuevo tras cierto tiempo; si la dañamos de nuevo, el tiempo que tardará en expandirse otra vez, será mayor. El recuerdo de las sensaciones experimentadas se acumu­la, y genera una reacción inteligente. Una planta conectada a un aparato electrónico se “volverá loca” si la persona que la ha dañado se acerca a ella otra vez. La misma planta puede repetir una canción que le hayan cantado, produciendo una melodía similar en el aparato electrónico, cuantas veces se le pida.

ESTADOS DE EXCITACION
La energía orgónica posee una amplia variedad de niveles de excitación, producidos por energías, campos energéticos y radiaciones diferentes.

Por otros sistemas orgónicos: Los sistemas orgónicos se excitan recípro­camente con o sin contacto físico; dos sistemas pueden atraerse y unirse en un “sistema alegre y loco” como en el acto sexual o los tifones. Un sistema puede “volverse loco” de miedo, como la planta mencionada antes, o puede “fundirse con calidez y afecto”, como los cachorros de un animal cuando se acercan a sus padres.

Por el sol: Los diferentes tipos de radiación solar directa excitan al orgón atmosférico hasta un estado luminoso. Las radiaciones solares tam­bién afectan a todos los organismos vivos, intensificando sus funciones vitales.
Por el calor: La energía calorífica es importante para los sistemas ener­géticos vivos. Cuando las temperaturas ambientales oscilan entre los 15 y los 30 grados centígrados, la excitación orgónica es positiva y placentera para la vida. Con temperaturas más bajas el organismo vivo dependerá sólo de su propia producción de calor para mantener la excitación de sus sistemas energéticos. Las temperaturas más altas, tales como el fuego, excitan el orgón hasta un estado que destruye el movimiento de suave fluir ondu­lante que es característico de los sistemas vivos.

Por el sonido: El sonido, cuando está en armonía con el nivel de excita­ción de los organismos, produce relajación y placer. Este es el caso de, por ejemplo, cierta música clásica, algunos “blues” y de la música del sitar hindú. El sonido que está en desarmonía con la suave pulsación de la energía viva tiene un efecto perturbador y destructivo para los sistemas vivos.

Por ondas electromagnéticas: Por los experimentos con el “Multiwave­oscillator” (oscilador multiondas) de Lachovksy, parece que la transmisión de ondas electromagnéticas de 2 a 200 metros de longitud, excita al orgón de una forma fuertemente positiva y posee importantes efectos terapéuticos.

Por cátodos de alto voltaje: Los cátodos de alto voltaje que emiten iones negativos también excitan al orgón de forma positiva para la vida. El alto voltaje o los campos de alta frecuencia electromagnética pueden excitar el orgón hasta emitir una luz visible, de diferentes colores (especialmente azul). Esto puede fotografiarse por medio de la técnica fotográfica Kirlian.

Por emisiones radioactivas: excita la energía orgónica hasta una reac­ción violenta. Su estado de excitación se hace tan intenso que ningún sistema vivo organizado puede resistirlo: por tanto es peligroso para la vida. Reich llamó a este estado del orgón D.O.R. (deadly Orgone energy), energía orgónica mortífera. Como describió en sus experimentos, el orgón tiene un efecto moderador en la radiación nuclear, pero resulta altamente excitado en esa interacción y supone un peligro para la vida.

Por fuentes de baja energía radioactiva: puede interactuar diversamente con la energía orgónica, como se mostró en el “experimento del estroncio y el huevo”. En dicho experimento, se puso un huevo fértil cerca de estron­cio radioactivo. El huevo mantuvo su temperatura óptima sin ninguna otra fuente de calor. Parece que la emisión de estroncio excita e! campo orgón­
del huevo y debido a ello sube su temperatura; el orgón excitado, a cambio, reduce la descarga radioactiva del estroncio. La interacción regula y equilibra la emisión radioactiva y la excitación del orgón, y así, mantiene vivo al huevo y en su temperatura óptima.

Por el orgón atmosférico: La envoltura orgónica de la tierra, como Reich la vió por su telescopio, está constantemente girando alrededor de la tierra, fluyendo de oeste a este en la dirección de la rotación de la tierra sobre su eje, pero con una velocidad mayor. Un cambio de dirección en la corriente orgónica o un “estasis” son fenómenos locales y temporales que a veces ocurren antes de una tormenta atmosférica.

Parece que la velocidad relativa del flujo orgónico es mucho mayor en las grandes alturas que cuando está más cerca de la superficie terrestre, y puede que, como Reich supuso, sea la fuerza que cause la rotación de la tierra.

INGENIERIA ORGONICA

Reich inventó y perfeccionó el acumulador orgónico y el “cloudbuster” (“rompenubes”). Este es un aparato que genera una corriente direccional de energía desde la atmósfera hasta sus tubos conductores, que a través de ellos se convierte en agua. Se usa para interrumpir una situación de estan­camiento de energía en la atmósfera y que crea, en su lugar, un sistema energético natural, vivo y fluido.

En los últimos años, James Demeo ha experimentado con el “clodbus­ter” para su tesis doctoral, demostrando, con comprobaciones científicas aceptadas, que lo que Reich sostenía era cierto. Este aparato puede causar la desintegración de las nubes o la creación de nubes lluviosas, según del modo en que se use.

El océano de orgón es una fuente de energía poderosa e inagotable que hasta ahora no ha sido más que apenas vislumbrada. Es importante para el futuro desarrollo y la salud de la humanidad, que se continúe el trabajo y las investigaciones de Reich sobre la energía orgónica.
b) Corrientes atmosféricas y situación de la cama

Según avanzaba Reich en su conocimiento del orgón en los procesos bioenergéticos, su trabajo experimental le llevó a descubrir el orgón atmos­férico. Sostuvo que su flujo tenía una dirección constante oeste-este y que su velocidad aumenta proporcionalmente a la distancia de la tierra. Mantu­vo la hipótesis de que la energía orgónica bien pudiera ser la fuerza que hace girar al globo terrestre sobre su eje.

La energía orgónica no sólo fluye constantemente en la atmósfera en dirección oeste-este, sino también por nuestros cuerpos y en la materia. Para sentir el efecto del flujo orgónico, túmbate de espaldas con la cabeza apuntando al este y los pies al oeste, durante 10 minutos al menos. Presta atención a la sensación de la corriente en tu cuerpo. Después gira para colocarte en dirección opuesta, con los pies apuntando al este y la cabeza al oeste y compara las sensaciones de tu cuerpo.

Echados con la cabeza en dirección este, sentimos las olas energéticas que hay en la atmósfera como una corriente suave, en armonía con nuestro propia corriente de energía, de los pies a la cabeza, y saliendo por la coronilla. Cuando nos tumbamos con la cabeza hacia el oeste, nuestras primeras sensaciones serán de movimiento energético natural, pero gra­dualmente la corriente comienza a fragmentarse, como si construyeran muros a través de nuestro cuerpo. Cuando la energía choca con estas divi­siones, el movimiento se para y el cuerpo se siente apático y mortecino. Si volvemos otra vez al este, la corriente comenzará a sentirse poco a poco y lentamente irá ganando fuerza. Esta sensación, y todos los ejercicios de sensibilización, se percibe mejor cuando el cuerpo tiene corrientes fuertes (ver “El segmento torácico”).

Con el fin de aumentar los beneficios de las corrientes atmosféricas en tu cuerpo, deberías considerar la colocación de tu cama en dirección este oeste.

14.
Espíritus

a) Los espíritus y las personas hipersensibles

Desde mi juventud, siempre me he considerado un racionalista y tengo una mente científica típicamente occidental. En este estado mental no cabe la creencia en espíritus o en cualquier otra forma de existencia después de la muerte.

Hace unos años, tras la muerte de un amigo, intenté, con la ayuda de varios más, invocar su espíritu. Utilizamos un vaso y una ¿güija? El vaso nos proporcionó cierta información que sólo uno, que no tocó el vaso, conocía. También nos reveló algo que para dos de nosotros parecía poco probable, y que resultó ser cierto unos años más tarde. Buscando una expli­cación lógica para esta experiencia, tuve que aceptar la existencia de algu­na clase de inteligencia tras la muerte de un organismo. Trabajando con grupos en seminarios de masajes, he sido testigo, una y otra vez, de expe­riencias “extracorporales” experimentadas por algunas personas, en estado de relajación profunda.

Se me hizo evidente que parte del sistema energético de una persona, una parte que puede “ver” y recordar, puede estar en el cuerpo o fuera de él. Cuando está fuera, la persona a la que le sucede pierde toda sensación corporal y se refiere a esa parte como “yo”, y dice “Veo mi cuerpo tumba­do ahí abajo”.

Llamo a esta energía ego o espíritu o alma. Por la facilidad con que esa parte puede dejar el cuerpo en relajación profunda, he deducido que fácil­mente podría suceder lo mismo cuando la persona muere.

En una sesión con una mujer, sucedió algo más; dijo al entrar en la habitación: “Estoy muy cansada, no he dormido en toda la noche”. Le pregunté qué le había pasado y me contestó que había “alguien” en su habitación, y que sintió tanto miedo que se sentó temblando en un rincón. Le pedí que llamara a ese “alguien” ahora que estaba conmigo. “Está aquí -contestó- y es una mujer mayor”. Sabía por experiencia que una buena forma de obtener poder y autoconfianza es ayudando a otros; también pensé que era importante para ella contactar y comunicarse con “aquello”. En esa época yo sufría de ciática, por lo que le pedí que se comunicara con el espíritu y le preguntara cómo podía ayudarme. “¿Puede hacerlo?”, le pregunté. “Sí”, me contestó ella. Me eché en el colchón y la mujer me tocó en diferentes partes del nervio ciático durante unos 10 minutos. El dolor desapareció. Le dije que le pidiera al espíritu que se fuera, formulando sus pensamientos en palabras. Cuando lo hizo, el espíritu se fue.

Repetimos esta operación varias veces y el espíritu obedeció. La capaci­dad de llamar y despedir al espíritu y la posibilidad de aprender de ellos a cómo ayudar a los demás, cambiaron el acceso al mundo de los espíritus de esta mujer, y desapareció su miedo. Desde entonces sé que, normalmente, los espíritus vienen o se van por demanda verbal, vocalizada o no, aunque parece que formular las ideas en palabras nos ayuda a pensar más clara­mente.

Unos meses más tarde conocí a Antonio Gasparetto, un psicólogo clíni­co y medium. Gaspareto hace pintura mediúmnica; utiliza pinturas acrílicas y lápices de colores, trabaja en lienzos de 60 X 80 cms. Lo hace en públi­co, a oscuras, utilizando sólo una pequeña luz roja para que la gente pueda verle. Utiliza las manos a modo de pinceles. Trabaja con tremenda rapidez y tarda de 2 a 5 minutos, casi sin mirar. Cada uno está hecho en el estilo de un famoso artista ya fallecido, como Picasso, Renoir, Modigliani, Matisse, Goya y otros. Cuando está acabado, Gasparetto firma el cuadro con la rúbrica del pintor en cuestión. Estas firmas han sido certificadas como originales por grafologistas.

Me senté cerca de Gasparetto en unas cuantas sesiones, e investigué con las manos los campos energéticos que le rodeaban. Mientras trabajaba en uno de los lienzos, comprobé que aparecía una bola de energía sobre su cabeza, a una cierta distancia. Al finalizar, cambió el lienzo, y en ese preciso momento, la bola bajó y “entró” en su cuerpo, y durante algún tiempo no hubo más energía sobre su cabeza. Tras un minuto, una nueva bola apareció, y permaneció sobre su cabeza, hasta que terminó el dibujo y cambió de nuevo el lienzo. En un ocasión la bola de energía no bajó mientras los cambiaba. Cuando finalizó la sesión me di cuenta de que
Gasparetto, en esa ocasión, había hecho dos pinturas del mismo artista. Esto me hizo pensar que esas bolas eran los espíritus de los pintores. Esperaban su turno sobre su cabeza y probablemente miraban su trabajo. Más tarde me dijo que se comunicaba con ellos y que el mensaje general de su actividad con él era “enseñarnos que la vida no se acaba con la muerte del cuerpo”.

Después de este encuentro comencé a investigar en los campos energéti­cos de las personas con las que trabajaba, y a diferenciarlos por sus formas. El campo del cuerpo, el de las zonas contraídas, el de las energías que salen de estas zonas, y de formas energéticas que estaban allí, pero que no forman parte de la energía corporal. A éstos los reconozco ahora como espíritus.

Cuando les pedía a personas hipersensibles que llamaran a un espíritu, podía sentir con mis manos cuándo estaba allí y dónde, y después lo com­probábamos juntos. Aprendí a identificar a los hipersensible por su conduc­ta especial, por sus tensiones corporales específicas (un pecho blando y una espalda muy dura), por sus miedos y fobias, y a algunos, por el uso de su mano energéticamente no dominante para escribir. En tal caso les decía que eran médiums en potencia. Sólo después de esto me revelaban sus experiencias especiales, de las cuales eran reacios a hablar, porque en la atmósfera general de nuestra cultura, se consideran místicos o locos a los que las tienen. De esta forma conocí a dos familias en las que tres de sus miembros veían y se comunicaban regularmente con el mismo espíritu, el de un familiar fallecido que estaba muy presente en sus vidas cotidianas.

En una visita a Brasil, asistí a un tipo de ceremonia religiosa llamada umbanda. Tuvo lugar en una pequeña choza, alrededor de la cual sentí energías muy fuertes, como formando una nube. Entramos en una pobre habitación con sólo tres banquetas y ciertos adornos religiosos, donde se desarrollaría la ceremonia. El cuarto estaba lleno de energía, como si hu­biera muchos espíritus. Los participantes eran un hombre mayor, una mu­jer, un hombre joven, un muchacho de unos 13 años, una niña de 9, y nosotros, los tres invitados.

El anciano comenzó a hablar y cantar, como rezando. Tras pocos minu­tos, su cuerpo comenzó a agitarse y a temblar y algo cambió de repente. Parecía como si la energía que hasta entonces llenara la habitación se hubiera concentrado en su cuerpo. Continuó hablando, con el cuerpo tem­bloroso, mientras el joven tocaba un tambor con ritmo africano, la niña se ocupaba de la bebida y cigarros del anciano, y el muchacho bromeaba y molestaba al hombre joven, como cualquier niño hace en una situación que le aburre; parecía no estar interesado en la ceremonia.

Después de algún tiempo, el anciano se levantó, agitándose aún, y se paró frente al muchacho, como si le dijera a él las “oraciones”. Este se estremeció como si recibiera una descarga eléctrica; su cara y su cuerpo cambiaron totalmente: parecía tener 80 años, con los labios mojados, voz de anciano, y el cuerpo tembloroso. Comenzó a hablar y a cantar, condu­ciendo él la ceremonia. La energía del anciano se había trasladado a su cuerpo y durante unas horas fue pasando de un miembro a otro de la familia, dirigiendo cada uno en su turno correspondiente la ceremonia. Me quedé unas horas, pero ellos continuaron toda la noche.

Unos días más tarde, un psicólogo me pidió que viera a una niña autista que él trataba. Tenía 7 años. El terapeuta había dispuesto muchos juguetes por el suelo. La niña entró y nos ignoró. Estaba muy ocupada con los juguetes, agitándolos frente a sus ojos. No nos miraba, lo hacía fijamente a un sitio determinado de la habitación. Busqué en el espacio con la palma de la mano y detecté una concentración de energía en el lugar al que la niña miraba. Le comenté al terapeuta que esta energía podía ser un espíritu, a lo que me contestó que la niña tenía una hermanita que murió a los 2 años. Me dirigí al espíritu como si fuera la hermana de la niña, y le pedí, sin pronunciar las palabras, que abandonara la habitación para poder traba­jar con ella. El espíritu desapareció, y la niña se relajó, dejando de jugar. Pude entonces acercarme a ella y darle un suave masaje que le gustó, a veces incluso me sonrió y me miró durante una fracción de segundo. De repente se levantó de un salto y comenzó a jugar otra vez. Observé que agitaba los juguetes como hacemos cuando queremos llamar la atención de un bebé. La energía estaba otra vez en la habitación. Le pedí que se mar­chara varias veces; cuando se iba, la niña se relajaba y contactaba, por unos instantes, con nosotros.

Después de esto, continué indagando en las energías que rodeaban a la gente con la que trabajaba. Pedí a los hipersensibles que llamaran a los espíritus y que les invitaran a marcharse. Pude detectar la presencia y el preciso lugar que ocupaban en la habitación donde estábamos, su forma y la forma en que se conectaban al cuerpo de la persona, si era ése el caso. Llegué a la conclusión de que los espíritus están involucrados en muchas
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Actividades humanas: en la creación artística, en muchos problemas, en algunos de nuestros miedos, dolores y tensiones. Intentaré relatar lo que he podido averiguar en algunos casos específicos.

Reichenbach, en 1850, asoció la conducta extraña a la hipersensibilidad; eligió a personas de comportamiento extraño para sus experimentos, que hacía en un cuarto oscuro. Una vez acostumbrados a la oscuridad, estas personas podían ver energías. Por mi propia experiencia sé que los hiper­sensibles son mediums reales o potenciales. Tienen aptitudes telepáticas, pueden ver o sentir el futuro, sufren fobias, por lo menos de una clase (miedo a los lugares cerrados, a los espacios abiertos, a volar en avión, de los ascensores, de las multitudes, de la oscuridad, del silencio…). Tienen pesadillas terribles, de las que despiertan con un miedo histérico. Sienten la presencia de “energías”, que ven en la oscuridad, u oyen sus ruidos o voces en el silencio. Pueden sentir la energía de los espíritus, como ligera o pesada, o como si fuera de algodón.

En nuestra cultura occidental, los espíritus no existen; se define como locos a las personas que pueden ver y oír cosas que los demás no pueden. Se les recluye en instituciones donde les drogan para anular su sensibilidad y aliviarles así del miedo. Por eso, los hipersensibles tratan de ignorar, a toda costa, sus sensaciones, y de negarse a sí mismos, y a los demás, sus propias experiencias. Unos duermen con las luces encendidas, para no ver sombras en la oscuridad. Otros duermen con la radio puesta para no oír voces. Otros comen compulsivamente cuando están intranquilos, a fin de reducir su sensibilidad.

Parece que en la sociedad en que vivimos, lo más aterrorizador que hay es la visión de un espíritu, cuya existencia se niega. Muchos conocidos míos siguieron negándolo incluso después de ver un documental en la televisión, hecho por un grupo de científicos contemporáneos, sobre los efectos Poltergeist en Inglaterra, al final del cual, el profesor que lo dirigía, dijo: “Odio tener que admitirlo, pero los espíritus existen”.

Para mí es muy evidente que los espíritus existen, y no hay ninguna prueba de que no sea así. A mi juicio, esto hace que su existencia sea un hecho científico lógico. Creerlo o no es, en ambos casos, una superstición, como cualquier otra creencia lo es. Yo no creo en los espíritus. Sé que existen hasta que me convenza de lo contrario.

             

El miedo a los espíritus no es muy diferente del miedo a los perros, a los extraños, a las personas “diferentes”. Es miedo a lo desconocido, que cuan­to más desconocido es, más nos asusta. Una persona acostumbrada a estar rodeada de perros nunca les tendrá miedo. Uno que los tema, se aterroriza­rá incluso en presencia de un cachorro juguetón. Verá en cada perro un monstruo peligroso. La mejor manera de superar este miedo es conocerlos mejor. Este razonamiento nos sirve también para los espíritus. La mejor manera de quitarse el miedo es aceptar su existencia y acostumbrarse a contactar y comunicarse con ellos. Esto es lo que intento que hagan las personas hipersensibles. Los ayudo a relajarse con un masaje energético o un toque suave. Luego les pido que llamen a un espíritu y que intenten visualizarlo en su imaginación. Lo más fácil es llamar, en primer lugar, a los espíritus que probablemente ya están allí, como parientes o amigos muy cercanos, espíritus de gente con la que se sueña o cuya presencia se siente. Cuando pueden visualizarlos claramente, es que están presentes energética­mente. Entonces les pido que les hablen, que se comuniquen con ellos como lo harían con una persona viva. La comunicación ha de ser verbal, poniendo los pensamientos en palabras claramente definidas, pronuncián­dolos o no. Normalmente, el espíritu reaccionará a tal comunicación con una respuesta o una sonrisa, o desaparecerá o hará algo. Una vez estableci­da la comunicación, pido a la persone que le diga que se vaya, lo que generalmente sucede. Luego le digo que lo llame otra vez, y que le pida que se vaya de nuevo, hasta que la persona vea que puede controlar sus idas y venidas. Esta experiencia disminuirá o hará desaparecer el miedo. Así se dan cuenta de que los espíritus pueden ser nuestros amigos y que hacen lo que les pidamos. Pueden ayudarnos con sus consejos y hacemos compañía cuando nos sentimos solos o tenemos miedo.

Los espíritus pueden estar relacionados con las contracciones muscula­res de nuestro cuerpo, por distintas razones. Un caso así fue el de una mujer asmática con la que trabajé. El ataque de asma es un intento desespe­rado por reprimir la expresión de una excitación emocional muy poderosa. Se produce al contener la respiración con el pecho expandido o por la contracción de la garganta. La mujer de la que hablo tenía sensación de ahogo. Examiné su campo energético y detecté la energía de un espíritu, rodeando la garganta con su “pierna”. Le dije que le pidiera al espíritu que se fuera y así lo hizo; su energía desapareció. La sensación de ahogo remitió, pero entonces se sintió excitada e inquieta. Le pedí que volviera a llamar al espíritu y así lo hizo, pero la sensación de ahogo volvió también. Ahora estaba tranquila y no sentía ninguna inquietud. Repetimos el experi­mento varias veces con el mismo resultado. Se hizo evidente que la sensa­ción de ahogo servía para eliminar la excitación incómoda y “peligrosa”; cuando sentía el ahogo “sólo” sentía eso, pero su cuerpo estaba tranquilo. Parece que en este caso el espíritu respondía a una petición inconsciente de la mujer para ayudarle a ahogar su garganta y así reprimir la excitación. Obviamente ella prefería el ahogo a la explosión histérica de una oleada de excitación.

Cuando este proceso se hizo consciente, la mujer pudo arreglárselas para mantener abierta la garganta, pidiéndole al espíritu que se fuera cada vez que sentía la sensación de ahogo, y así aprendió a enfrentarse con un estado de excitación emocional, a aceptarlo y a expresarlo. Bloqueamos su expresión en algún momento del pasado, y con el paso del tiempo va acumulando un poder imaginario. Cuando finalmente aceptamos experi­mentarla y expresarla, enfrentados a ella, normalmente nos resulta mucho más soportable de lo que temíamos.

En algunas fobias, el origen del miedo puede localizarse claramente en un acontecimiento traumático de la vida de la persona. En muchos otros casos el miedo comienza tras la muerte de un ser querido, al que el sujeto del miedo estaba muy unido. En estos casos, el miedo está relacionado con la presencia del espíritu y el hecho de que la persona trate de reprimir y negar su percepción.

Para algunos niños ver espíritus constituye una experiencia regular y cotidiana, les ponen nombres, y normalmente son amables y juguetones. En otros casos les molestan. Creo que deberíamos escuchar a los niños con especial cuidado en esta cuestión. Si es el caso, trata de ayudarles a conser­var esa capacidad a lo largo de su vida, y no a reprimirla. Lo hacen cuando nos oyen decir que los espíritus no existen y que están locos los que digan lo contrario; esto les puede llevar a negar sus experiencias anteriores di­ciendo que eran imaginarias.

Al parecer, existen diferentes clases de espíritus. Pueden ayudarnos como maestros, consejeros y amigos, y dar una nueva y vasta dimensión a nuestras vidas. Como en el caso de la mujer asmática, acuden a nuestra llamada inconsciente para “ayudamos”. Algunos se pegan a las áreas de tensión de nuestro cuerpo, por donde perdemos energía, y probablemente se alimentan de ella. Otros parecen ser la causa de la contracción y de la pérdida de energía resultante. Otros, porque estaban emocionalmente unidos a nosotros cuando vivían, igual que los hay que parecen estar vincula­dos a lugares a los que se sentían especialmente apegados. Algunos nos contactan con el fin de que llevemos su mensaje a la sociedad o a una persona específica. Esto puede suceder mediante sueños, escritura automá­tica o contacto verbal. Otros vienen a nosotros como guías o maestros.
 Líneas energéticas y espíritus

Mientras descargaba una línea energética, seguí la espiral que salía del centro de la tensión; era una espiral espacial que crecía en diámetro según se alejaba del cuerpo. Tenía un metro de altura y luego su diámetro dismi­nuía, hasta llegar a unos 20 centímetros. Más arriba, su diámetro volvía a crecer hasta alcanzar unos 40 centímetros, después se hacía más pequeño y terminaba en un punto. Tenía una forma elíptica y una especie de “cabe­za”. Traté de liberar energía de esta forma y, de repente, desapareció.

Cuando este fenómeno se repitió, trabajando en otras tensiones, me di cuenta de que había una diferencia entre una espiral espacial acabada en un punto, y una espiral espacial que acababa con una “cabeza”. La primera nunca desaparecía repentinamente, sino que reducía su volumen y su forma a medida que descargaba energía de sus líneas. La segunda, en cambio, desaparecía de golpe cuando intentaba seguir sus líneas o, como observé más tarde, cuando tocaba su forma o le pedía que se fuera. Más adelante aprendí que podía pedirle que se cambiara a otro lugar del cuerpo, o de la habitación.

Estas “formas” pueden escuchar mis palabras o mis pensamientos, enten­derlos y reaccionar a mis deseos o peticiones. Son unidades de inteligencia que tienen la capacidad de ayudarnos a contraer zonas que, inconsciente­mente, queremos bloquear. Esto puede causar dolor incluso antes de que se sienta la contracción muscular. También responden, generalmente, a peti­ciones conscientes. Llamo espíritus a estas unidades de energía inteligente. Todos tienen una espiral energética con forma de cabeza; varían en tamaño y en la forma del cuerpo. Puede que sean espíritus de personas que están vivas, o de personas que no lo están, y de acuerdo a sus formas, también espíritus de otros seres diferentes de los humanos. Sé muy poco más de lo que está escrito en este libro sobre estos seres energéticos.

Para que te asegures de que no se trata de formas imaginarias, haz el si­guiente ejercicio: pide a tu compañero/a que se tumbe, busca una espiral que tenga una forma de cabeza (si no la encuentras en el cuerpo de la perso­na, busca por la punta de los dedos de las manos o de los pies). Pon la ma­no sobre el espíritu y dile mentalmente, sin pronunciar las palabras, que se vaya del cuerpo y se ponga en una silla de la habitación. Que tu compañe­ro se levante para buscarlo y trate de averiguar a qué silla lo has enviado. Es­te ejercicio hace que la existencia de espíritus sea más “física” y tangible.

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