El gran libro de la proyección astral – Extractos de la correspondencia

EXTRACTOS DE LA CORRESPONDENCIA
DE MULDOON
En los siguientes extractos de algunas cartas que Muldoon me escribió, se hallará un interesante material que no ha sido incluido en el texto del libro. Ello permitirá al lector realizar un enfoque lateral sobre la psicología del autor, y, si tenemos presente de cuánta importancia es dicho factor en un caso como éste, creo que su inclusión estará así plenamente justificada. Casi no hace falta decir que estos extractos fueron realizados con el permiso de Muldoon. También de interés es la terminología empleada por el autor tal como aparece en estas cartas y en algunas partes del libro y constituirá un dato más sobre su ser íntimo. Muldoon me escribió estas cartas, por supuesto, durante la redacción y revisión de este libro.
H. C.
FRAGMENTOS EPISTOLARES
Me pregunta Ud. si he tocado alguna vez el cuerpo físico durante mi permanencia en el cuerpo astral, ¡No!, Es difícil hacerlo. He tratado, pero siempre para encontrar que debía seguir interiorizándome, debido a la proximidad excesiva de las esferas. ¿Asistió Ud. alguna vez a una sesión de materialización tratando de retener a un “espíritu” en el momento de regresar a su mundo? Bueno, si Ud. ha experimentado alguna vez ese tremendo tirón magnético, se dará cuenta de lo difícil que es impedir la interiorización cuando uno se acerca al cuerpo físico lo bastante para confundirse con él… 
Ud. me pregunta también si he visto alguna vez durante mi permanencia en el astral algo cuya existencia yo ignorase, verificando posteriormente su existencia real. ¡Por supuesto! Esto no es nada raro durante la proyección consciente. Frecuentemente me he introducido en el interior de una casa v observado todos los objetos a mi alrededor, y he visitado más tarde esa misma casa con mi cuerpo físico, comprobando que todo era exactamente igual a como lo había visto en el astral… Pero nunca jamás en mi vida he podido tener una sola experiencia clarividente hallándome en coincidencia. La única manera posible para mí de ver astralmente ha sido siempre hallarme dentro del cuerpo astral. Dentro de mi cuerpo físico sería incapaz de ver un solo espíritu, así hubiera un millón a mi alrededor… Ver el interior de una caja no sería ningún problema, pese a que nunca he tratado de hacerlo, durante la exteriorización. Simplemente nunca se me ocurrió; pero he visto en cambio el interior de las casas, he visto a sus habitantes, etc., sin haber penetrado nunca físicamente.
*
En el hall de mi casa, sobre una mesa, hay un pequeño instrumento usado para marcar el tiempo mientras los alumnos aprenden música, un metrónomo. Todo lo que hay que hacer para ponerlo en funcionamiento es mover el péndulo; éste deja escuchar un ruido perfectamente audible hasta que el resorte baja. Yo duermo en una habitación contigua al hall. La otra noche soñé que me hallaba muy cerca de este metrónomo; en mi sueño, me pareció que lo ponla en marcha. No bien lo hube soñado me desperté en mi cuerpo físico, en la cama. Un segundo después aproximadamente, el metrónomo de la pieza contigua comenzó a marcar su tic-tac-tic-tac; ahora bien, es completamente imposible que este aparato pueda ponerse en marcha por sí mismo; más aún, había permanecido en esa mesa durante meses sin que nadie lo usase. Al parecer, apenas lo toqué en el sueño me desperté y lo oí marchar en la pieza contigua. De no ser por el elemento tiempo, me inclinaría a pensar que yo lo había puesto en funcionamiento, hallándome en el cuerpo onírico, que, por supuesto, no es sino el astral en un estado parcial mente consciente. Sin embargo, no empezó a marchar sino en el momento en que yo desperté en mi cuerpo físico, aunque lo había puesto en marcha, durante el sueño, un instante antes. ¿Podría haber sucedido que la causa del movimiento material hubiese viajado hasta el metrónomo, mientras yo soñaba con él permanecido allí hasta después de hallarme consciente y haberlo puesto en marcha en ese momento? Si yo me hubiera hallado proyectado en el cuerpo astral, ¿no hubiera debido empezar a andar el metrónomo antes de mi regreso al cuerpo físico? Me pregunto si será posible realizar un acto de este tipo: mover algo hallándose en el cuerpo astral y no producir el movimiento hasta cierto tiempo después de que el cuerpo astral lo ha abandonado…
Lo que acabo de contarle fue escrito hace ya varios días. Anoche nuevamente puse en marcha el metrónomo en un sueño, exactamente en la misma forma en que lo hice la primera vez. Pues bien; he tratado de mover las cosas durante mis proyecciones conscientes pero sin lograrlo. Y lo extraño de lo ocurrido con el metrónomo es que en ninguno de los dos casos traté de hacerlo, intencionalmente, sino que la acción surgió espontáneamente. ¡Si tan sólo pudiera hacerlo a voluntad! Lo que no puedo entender es esto: ¿por qué no empezó a andar el metrónomo hasta dos segundos después de haber soñado yo que lo ponía en marcha? Aquél se halla situado a unos cinco metros de donde yo duermo. Existe una pared por medio, pero, por supuesto, eso no cuenta, sí fue el cuerpo onírico el que hizo andar el aparato. Quizás, hallándonos conscientes, carezcamos de la fe o la convicción necesarias para lograr producir un movimiento material (a la inversa del caso de la sugestión consciente; vea la pág. 384 de su libro The coming Science) ¿no coincide en grado considerable cuanto acabo de referirle relativo a mi experiencia, con lo que allí se dice? Hay una sola cosa que me desconcierta: el elemento tiempo. ¿Por qué no empieza a marchar el metrónomo antes de hallarme yo perfectamente consciente en el cuerpo físico? Es indudable que la interiorización del espectro no requiere tiempo en absoluto mientras uno se encuentra consciente; pero asimismo esto no explicaría el elemento tiempo. Si yo soñara que lo pongo en marcha y luego, al despertarme, lo oyera funcionar, entonces sí podría explicarse perfectamente. Pero no empieza a marchar sino cuando ya me hallo despierto…
*
(De una carta posterior). ¡Nuevamente el metrónomo! No, no fue una alucinación auditiva. Debí levantarme para detener su marcha. La segunda vez lo dejé andar, precisamente para comprobar si alguien en la casa lo oía. Y efectivamente, mi hermano lo escuchó y al cabo de unos instantes bajó a pararlo. La primera vez anduvo cinco o seis minutos, y alrededor de veinte la
segunda, no es posible llamar alucinación a una realidad palpable como ésta, ¿no es cierto?
¿Le parece que corresponde mencionar este incidente como una prueba posible de que las cosas pueden ser puestas en movimiento durante el sueño, pese a que no puedo probarlo? Claro está que no podría probar que el sueño fue la causa real del movimiento; pero, de no ser así, ¿cómo, me pregunto, empezó a andar el aparato inmediatamente después de haber soñado
que lo ponía en marcha si yo no tuve nada que ver con él?
Me han ordenado que no me mueva de la cama durante cuatro semanas, pero probablemente pueda seguir escribiendo, si bien a un ritmo algo lento… A esta altura ya me duele bastante la espalda, de modo que tendré que reposar un rato, por lo cual me despido de Ud. por ahora. Pronto le daré nuevos capítulos de mi manuscrito…

 Esta mañana tuve una proyección accidental, mientras yacía boca abajo y a plena luz (si esto no va contra todas las leyes de la
proyección, no sé qué decirle). Y esto es lo que descubrí. Al yacer boca abajo, las sensaciones experimentadas durante el movimiento por el espacio se hallan invertidas. Cuando uno se mueve para arriba, cree que está moviéndose hacia abajo. La única manera de discriminar la verdadera dirección del movimiento es por la vista. Yo hubiese jurado que me movía hacia abajo, pero al mirar comprobé que era todo lo contrario.
*
Hace unos días me desperté alrededor de las seis de la mañana y permanecí despierto durante unos veinte minutos. Entonces comencé a cabecear hasta que me dormí de nuevo, y soñé que me hallaba parado en el mismo sitio que había ocupado en los sueños con el metrónomo, de que ya le hablé en cartas anteriores. Soñé que mi madre estaba sentado en una mecedora y me decía: “¿Te das cuenta que estas soñando?” A lo cual contesté: “Claro que estoy soñando ¿no?” Eso puso fin al sueño y no parece sino que apenas hube dicho “Claro que estoy”, me desperté en mi cuerpo físico, en la cama. Me hallaba consciente pero incapaz de moverme; no podía proferir ni un sonido ni mover los párpados. Este estado duró alrededor de tres minutos y en todo ese tiempo me temblaba el cuerpo entero, especialmente los miembros. Luego, de pronto, volví a mi condición normal. Unos segundos después sonó un fuerte golpe, como si alguien hubiera golpeado los hierros de la cama con un pesado martillo. El ruido fue tan tremendo que me zambullí como si me hubiera asustado… Tenga Ud. presente que, desde unos dos segundos antes de que se oyera el golpe me hallaba perfectamente consciente. No había nadie por allí cerca y esto que le cuento ocurrió a plena luz. Estas manifestaciones físicas encierran un profundo interés para mi, pues nunca experimenté nada semejante con anterioridad, pero tampoco hice nada para que sucediesen; todo esto ocurrió espontáneamente, sin intervención alguna de mi voluntad.
Ud. conoce la creencia de que las materializaciones no pueden producirse sin un circulo. Pues bien, una vez vi materializarse tres espíritus, caminar por la habitación y ¡conversar con ellos! Mi madre estaba muy enferma y había debido guardar cama durante varias semanas. Una noche estábamos los dos solos en casa, ella acostada, bajo la influencia de la morfina; me hablaba y su conversación revelaba los efectos de la droga. Tan pronto decía cosas sensatas como empezaba a delirar. Yo estaba sentado en la pieza contigua leyendo, de frente a la puerta de su dormitorio. No hacía mayor caso de su “charla”, pues ya me había acostumbrado a ella…
Leía pues, cuando repentinamente oí varias voces; una de ellas, según lo reconocí de inmediato, era la de mi abuela. Alcé la vista. Allí estaban tres espíritus perfectamente materializados caminando por la pieza en que se hallaba mi madre. En un primer momento pensé que se había levantado de la cama, pero luego vi que eran tres los seres cuyas voces había oído. Inmediatamente reconocí a mi abuela, pero a los otros dos no los conocía. Tardé bastante antes de poder creer que esto fuera real. Entonces mi madre me llamó: “Sylvan, ven aquí, pronto; aquí están abuela, abuelo y Louís.” Yo nunca había visto las dos personas mencionadas en último término, pero en cambio había conocido a mi abuela antes de su muerte.
Mi abuela era alemana y ahora hablaba en alemán. Le oí decir algo así como: “Vot jail de young?” Temiendo que se desmaterializara, penetré en el cuarto lentamente. Mi abuela, que estaba parada en la puerta, frente a mí, exclamó: “¡Solbun!” (No podía pronunciar “Sylvan” y cuando yo era pequeño siempre me llamaba en esa forma). Avancé hasta la puerta y le hablé. Una de las figuras pareció sumergirse en el piso. La otra también desapareció, pero mi abuela todavía estaba allí y por la expresión de su rostro me di cuenta de que deseaba que retrocediese. Entonces se desvaneció y yo me lancé hacía la puerta. Mi madre, perfectamente en sus cabales, me dijo: “¿Por qué no entraste antes?, los tres estaban materializados”. Le aseguré que había visto todo a través de la puerta abierta. Efectivamente; había una luz más que suficiente tanto en el dormitorio como en la habitación en que yo había estado leyendo. Le pregunté a mi madre qué había dicho mi abuela, explicándole que yo había entendido algo así com9 “Vot fail de young?” Mi madre me contestó algo en alemán que no puedo citar, pero que suena exactamente igual a lo que yo oí y me dijo: “en alemán quiere decir: ¿qué te pasa, querida?” La ascendencia de mi madre es mitad inglesa mitad alemana, por lo cual entiende y habla el alemán. De todos modos esto fue exactamente lo que sucedió.
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Estos puntos divisorios significan que he debido detenerme para descansar, pues estar sentado en la cama me fatiga sobremanera. Pero pronto espero poder escribir con mayor regularidad. Los días pasados estuve muy débil, tanto que este lunes creí que iba a morirme… Creo que me llevará todavía algún tiempo prepararle un nuevo envío, pero trataré de hacerlo lo antes posible… Espero que me entienda la letra, pero me resulta bastante difícil escribir en la cama…
Cuando me detengo a pensar en ello, me parece casi inconcebible que la proyección astral consciente no sea universalmente conocida. Me cuesta creer que un fenómeno tan real pueda ponerse en duda y no sea aceptado al igual que los fenómenos físicos. Pero quizás yo mismo no pensara así si no lo hubiera experimentado tantas veces. Cuando uno se proyecta conscientemente no hay duda alguna acerca de la proyección; se tiene la certeza de su realidad; se la conoce exactamente del mismo modo que se puede saber si se está sentado o no. Podrían decirme que cuando me hallo físicamente consciente sólo estoy soñando, y yo no podría probar lo contrario. Pero es evidente por sí mismo.

El gran libro de la proyección astral – Algunas experiencias personales

ALGUNAS EXPERIENCIAS PERSONALES
Quizás resulte conveniente dar fin a esta introducción con una breve reseña de algunas tentativas de proyección astral realizadas por mi mismo hace ya algunos años. Las llevé a cabo durante mis experiencias en el campo del Yoga. Unas cuantas veces “deseé” presentarme a cierta dama naturalmente en forma completamente psíquica precisamente en el momento en que comenzaba a dormirme. La mayoría de esas tentativas resultaron frustradas, pero en tres ocasiones la dama de referencia despertó súbitamente y me vio parado en su habitación o sentado en su lecho. Permanecí visible durante escasos segundos para luego “desvanecerme en el aire”. Por mi parte no tuve conciencia de ningún éxito aparente en ocasión alguna; me limitaba a despertar por la mañana como de costumbre, ignorando si había “pasado” algo o no. Estos experimentos abarcaron un período de varias semanas y casi no hace falta decir que en ninguna oportunidad de la menor indicación acerca de las horas escogidas para intentar estas “proyecciones”.




Claro está que así como pueden haber sido proyecciones inconscientes reales, también pueden haber sido experiencias
puramente subjetivas, iniciadas tal vez telepáticamente. Pero una de las experiencias fue realmente sorprendente y quizás deba dedicarle, por ello, mayor espacio. Debo aclarar que la joven dama en cuestión es una eximia pianista y está dotada de una memoria musical prodigiosa. Basta que ejecute o escuche un trozo musical una vez para que ya no lo olvide nunca. Este hecho es de importancia por las razones que veremos más adelante. Un día le pregunté si alguna vez había escuchado una vieja canción, “Cuando los gorriones hacen su nido”, popularizada años atrás por Jenny Lind y que en mi infancia había sido una de mis tonadas preferidas. Ella me contestó que no la conocía. Entonces prometí conseguir un ejemplar de la partitura y enviárselo “alguna vez”, pues tenía la certeza de que le gustaría. Eso es todo cuanto hablamos en esa oportunidad, sin asignarle al asunto más importancia. Dos noches después traté de “aparecer” ante ella y como de costumbre, me desperté por la mañana, sin saber si mi experimento había tenido éxito o no. Poco más tarde recibí una comunicación telefónica y la joven dama de referencia me informó que yo había “aparecido” ante ella la noche anterior ‘en forma bastante más vívida que de costumbre’ y que como consecuencia se había visto impulsada a escribir automáticamente una línea poética. Esa tarde la visité, me narró la experiencia, me mostró el verso y confieso que sufrí una verdadera conmoción momentánea; la poesía consistía en los versos iniciales de la canción “cuando los gorriones hacen su nido”, reproducidos con absoluta precisión, si se exceptúa una sola palabra.
Me limito a dar cuenta de este caso por lo que pueda encerrar de valor, pues no puedo proporcionar ninguna “prueba” y todo el incidente podría haber sido simplemente una notable coincidencia. Personalmente me siento inclinado a dudar que así haya sido. Sin embargo, me abstendré de insistir en ello, contentándome con anotarlo como ejemplo ilustrativo de los curiosos resultados a que puede llegarse experimentando en este espinoso terreno. Como hemos visto, otros investigadores han obtenido resultados muchos más llamativos y convincentes.
*
Debo finalizar ahora esta introducción. He gozado del privilegio de trabajar junto a Muldoon durante toda la redacción y preparación de este volumen; he agregado algunas notas al pie de página, de tiempo en tiempo, y sugerido ciertos experimentos convenientes o el tratamiento de algunos puntos no esclarecidos todavía; fuera de esto, la redacción del libro se debe exclusivamente a Muldoon, y es mi convicción que el mundo psíquico ha contraído con él una profunda deuda de gratitud por su espíritu de sacrificio y su determinación al emprender la tarea de escribirlo, hallándose postrado en cama con grandes dolores físicos.

Quiero hacer presente una vez más mi cabal certeza de su sinceridad, su fidelidad y su notable actitud científica hacia sus propias experiencias. Todo lo cual, estoy seguro, se desprenderá naturalmente de la lectura del libro. Es ésta una obra de la mayor importancia; es precisamente la clase de libro que en todo el mundo habían estado esperando los estudiosos de la ciencia psíquica. 


Hereward Carrington

El gran libro de la proyección astral – Las experiencias de Oliver Fox

LAS EXPERIENCIAS DE OLIVER FOX
La única recopilación, detallada y científica de una serie de proyecciones astrales conscientes y controladas por la voluntad que haya llegado alguna vez a mis manos es la de Oliver Fox, publicada en la Occult Review, en 1920 (págs. 256 a 264; 317 a 327). Estos artículos se titulaban, respectivamente, “La puerta pineal” y “Más allá de la puerta pineal”, y compendiaban las experiencias personales del autor. Trataré de resumirlos rápidamente, citando literalmente tan sólo algunos pasajes de excepcional importancia.

Con toda lógica, Fox empieza por someter alternativamente a consideración del lector dos teorías a que podría acudirse para explicar sus experiencias. Son éstas: la de los sueños excepcionalmente vívidos, por un lado, y por el otro, la de las proyecciones reales. ¿Cuál de éstas será la explicación correcta? Fox reconoce que es extremadamente difícil probar objetivamente la segunda de las teorías, considerando más prudente por consiguiente, limitarse a describir sus propias experiencias y resumir sus propios métodos de operación, en la esperanza de que otras personas puedan llegar a obtener los mismos resultados siguiendo sus consejos, y prueben a su vez, por si mismos, la realidad de la proyección astral.

El primer paso (declara Fox) consiste en adquirir cierto control onírico, si bien de tipo diferente el detallado en este libro. Consiste aquél en llegar a adquirir, por la observación de alguna incongruencia o anacronismo, el conocimiento de que se está soñando. Cito aquí literalmente las palabras de Fox.

“Hace 18 años era yo entonces estudiante de una escuela técnica tuve un sueño que me impulsó a iniciar mis investigaciones. Soñé simplemente que me hallaba parado en el exterior de mi casa. Bajando la vista descubrí que las baldosas de la vereda habían cambiado misteriosamente de posición encontrándose ahora el lado mayor de las mismas paralelo y no perpendicular al cordón. Entonces se me impuso la solución: pese a todo lo real que parecía aquella mañana de verano, yo estaba ¡soñando! Instantáneamente, la sensación de realidad se hizo cien veces más vívida. Jamás habían resplandecido el mar, el cielo y los árboles con tan magnífica belleza; hasta las casas más modestas parecían rodeadas de una mística hermosura. Jamás me había sentido mejor, más lúcido o más divinamente poderoso. Era una sensación exquisita, superior a cuanto puedan expresar las palabras; pero sólo duró unos instantes y me desperté. Según llegué a saber más tarde, mi control mental había sido vencido por mis emociones, de modo que el cuerpo cansado hizo valer sus derechos y me obligó a regresar. Entonces se me ocurrió una nueva idea, para mí, maravillosa: ¿Sería posible disponer a voluntad de la gloria de aquel sueño? ¿
Podría prolongar mis sueños?

“He subrayado el principio de este párrafo.5 Parece simple, pero en la práctica hallé que era una de las cosas mas difíciles que imaginarse pueda. Cien veces pasaba por alto las incongruencias más ostensibles hasta que por último, salía al paso alguna contradicción que me indicaba que estaba soñando; pero siempre la conciencia de estarlo producía el cambio descripto más arriba. Descubría que era capaz entonces de realizar a voluntad pequeños trucos como, por ejemplo, levitaciones, pasajes a través de paredes aparentemente sólidas, modelación de la materia en nuevas formas, etc.; pero en estas primeras experiencias sólo podía permanecer fuera de mi cuerpo un breve lapso, y esta conciencia onírica sólo podía lograrla con
intervalos de varias semanas. Al principio mis progresos fueron muy lentos, pero pronto realicé otros dos descubrimientos:

“1. La acción mental de prolongar el sueño producía un dolor en la región de la glándula pineal, leve al principio, pero intensificándose luego rápidamente, y yo comprendía instintivamente que ésta era una advertencia para dejar de resistirme al llamado del cuerpo.

“2. En los últimos instantes del sueño así prolongado, y mientras experimentaba los efectos del dolor mencionado más arriba, tuve una sensación de conciencia dual… En el sueño podía sentirme a mí mismo de pie y ver la escena circundante, no obstante lo cual también podía sentirme, al mismo tiempo, acostado en la cama y ver mi dormitorio. Así que el llamado de mi cuerpo se hizo más fuerte, la escena del sueño comenzó a desvanecerse; pero mediante un esfuerzo de la voluntad tendiente a proseguir el sueño, logré hacer que el dormitorio se extinguiera y que la escena onírica volviera a adquirir su aparente solidez…”

Entonces se le ocurrió a Fox: ¿Qué sucedería si, pasando por alto el dolor, tratara de llevar todavía más lejos su conciencia onírica? No sin alguna vacilación así lo hizo finalmente; entonces sintió en su cerebro una especie de “clic” y se encontró a sí mismo “encerrado” en su sueño. Ya no parecía hallarse ligado a su cuerpo físico; la sensación de conciencia dual desapareció;
también se desvaneció su sentido ordinario del tiempo y se sintió libre, en medio de un nuevo mundo. Fue ésta su primera proyección consciente.

Sólo duró unos momentos. Debido en parte a un sentimiento de extrema soledad, Fox experimentó una especie de pánico. Inmediatamente, otra vez más volvió a oírse el extraño “clic” cerebral y se halló de regreso en su cuerpo físico, ¡completamente cataléptico! En forma muy gradual volvió a recuperar el control de su organismo, moviendo los músculos uno a uno. “Repentinamente el trance pasó, mis ojos se abrieron y me sentí liberado. Salté de la cama con gran alegría e inmediatamente
me di de bruces en el suelo, presa de náuseas. Permanecí enfermo los dos o tres días subsiguientes…”

A esta altura del relato, Fox enumera lo que a su parecer podían ser los principales peligros vinculados con estos experimentos.


Helos aquí

1. Insuficiencia cardíaca o demencia provenientes de shock.
2. Entierro prematuro.
3. Obsesión.
4. Corte del cordón.
5. Repercusión sobre el vehículo físico


Claro está, apunta prudentemente nuestro autor, que estos tres últimos sólo merecerán el desdén del hombre de ciencia ortodoxo. Podemos agregar aquí que todos estos peligros son más imaginarios que reales; en este volumen han sido tratados cuidadosamente por Muldoon.
Veamos cómo sintetiza Fox las principales características de esas proyecciones astrales:
1. El cuerpo parece estar en un estado de semirigidez que puede aproximarse considerablemente al aparente estado cataléptico ya descripto.
2. Aunque los ojos se hallan cerrados, el cuarto resulta perfectamente visible, y también la atmósfera, de modo que se tiene la sensación de contemplar pequeñas partículas de polvo iluminadas por el sol o, en cierto modo, un resplandor dorado de intensidad muy variable. Detrás de esto, por así decirlo, y precisamente en la línea límite de visibilidad, se ve algo bastante semejante a una masa de huevos de rana en vibración, de color azul grisáceo.
3. Los sonidos físicos se oyen nítidamente.
4, En este estado el sujeto es susceptible de cualquier alucinación, visión o sonido imaginables, o, desde el otro punto de vista, el sujeto se halla dotado de clarividencia y clariaudiencia.
5. En este estado, especialmente si lo confunde con la vigilia, es muy probable que caiga presa de un miedo extraño e irracional.
6. Posee una aguda conciencia de fuerzas atmosféricas desconocidas, algo así como el sentimiento anticipatorio de una tempestad, pero enormemente intensificado.
De acuerdo con los datos de Fox, éste nunca logró efectuar una verdadera proyección sin una ruptura de la conciencia. En todo momento sentía que alguien o algo lo llevaba hacia atrás. “Era como pasar al lado del Morador en el Umbral”.6 Entonces, de súbito, se le ocurrió la solución del problema: “Debía obligar a salir mi Yo Incorpóreo a través de la puerta de la glándula pineal de modo que se produjera detrás mío la ruptura esperada… En estado de trance, esto tenía lugar mediante la simple concentración del pensamiento en la glándula pineal y el vehemente deseo de ascender a través de la misma. He aquí la sensación experimentada: Mi yo incorpóreo se precipitaba hacia cierto punto de la glándula pineal, lanzándose contra la puerta imaginaria, en tanto que la luz dorada aumentaba en intensidad y la habitación toda aparecía envuelta en llamas. Si el impulso no bastaba para hacerme salir, entonces la sensación era inversa; mi Yo Incorpóreo cedía en su propósito y otra vez volvía a coincidir con mi cuerpo, en tanto que la Luz Astral disminuía a la intensidad normal. A menudo, antes de que yo pudiera generar la fuerza de voluntad suficiente para proyectarme, debía realizar dos o tres tentativas. Era como si me precipitase hacia la locura y la muerte, pero una vez que la portezuela se había cerrado detrás mío, empezaba a gozar de una lucidez mental que con mucho superaba a la vida terrena. 
Y así el miedo desaparecía… Abandonar el cuerpo era entonces tan simple como salir dela cama…” (Fox, con admirable precaución científica, advierte a sus lectores que no tomen demasiado al pie de la letra lo dicho acerca de la glándula pineal, pero afirma que son éstas las sensaciones exactas y él tiene el convencimiento de que lo declarado no se halla lejos de la verdad).

En la gran mayoría de sus experiencias, Fox asegura que había un vacío en la conciencia (aparentemente durante sólo unos instantes) entre su tentativa de pasar por la “puerta pineal” y su estado de plena conciencia, fuera del cuerpo físico.7 Fox logró finalmente, sin embargo, realizar cierto número de proyecciones con plena conciencia desde el principio. He aquí sus palabras:
“Fue ésta la culminación de mis investigaciones. Ahora podía pasar de la vigilia ordinaria a este nuevo estado de la conciencia (o de la vida a la ‘muerte’) y regresar, sin ningún vacío mental. Es fácil decirlo, pero me llevó catorce años alcanzarlo.” Nuestro autor menciona tres tipos diferentes de “locomoción” del cuerpo astral. El primero es el Deslizamiento Horizontal, “alcanzado mediante un esfuerzo puramente mental”, por regla general esto resulta fácil, pero cuando se siente tirar el cordón todo resulta inútil; “es como si uno forcejeara contra una cuerda elástica muy fuerte”. También observó que siempre que se veía forzado a regresar al cuerpo, tenía la sensación de ser arrastrado hacia atrás en la dirección del mismo. (En este libro se hallarán perfectamente explicadas las razones de esta impresión).
El segundo método de la locomoción es una variante de la levitación muy similar al sueño típico de volar. De éste se nos dice que es “fácil e inofensivo”.
El tercer método es lo que Fox llama skrying; parece consistir en un brusco movimiento hacia arriba, similar al de un cohete, dotado de gran velocidad. De éste se nos dice que es “difícil y peligroso”. En el artículo antes citado se nos proporciona una experiencia típica al respecto.
En cuanto a los seres encontrados en estos viajes astrales, Fox observa, primero, la ausencia total de “elementales” u otros seres terroríficos, de quienes con tanta frecuencia se ha afirmado que habitaban el Plano Astral, el hecho de que casi siempre era invisible para ellos, aunque a veces podía sentirse su presencia. Señala, sin embargo, que nunca ha tenido suerte, pues en caso de ser visto el ente recibe un shock y se asusta, produciendo esta situación un shock correspondiente en su propio ser, con el resultado final de arrastrarlo nuevamente, y de inmediato, a su cuerpo físico (en este libro se encontrarán expresadas con toda claridad las razones de todos estos fenómenos). En cuanto a la escena circundante, era ésta casi siempre similar a la que vemos en la tierra, aunque, por supuesto, eran muy frecuentes algunos episodios extraños, probablemente más frecuentes que los familiares. Un rasgo muy curioso e inusitado de las experiencias de Fox es que nunca podía ver su propio cuerpo durante la “proyección”, aunque en cambio, por ejemplo, podía ver perfectamente el cuerpo de su esposa. En la medida en que a mí se me alcanza, éste es casi el único ejemplo registrado en que el “proyector” no ve su cuerpo. La regla general no es sólo que lo vea sino que es éste el primer objeto visto. La experiencia de Fox resulta así, en este aspecto, casi única. En conjunto, sin embargo, sus impresiones y experiencias son perfectamente típicas y coinciden con las de otros investigadores, como veremos mejor más adelante. Desgraciadamente la falta de espacio me impide relatar la dramática y extraordinaria forma en que Fox perdió esta facultad, después de haberla adquirido con tanto esfuerzo y trabajo. En los artículos ya mencionados de los que hemos extraído esta reseña, podrá encontrarse todo esto al detalle.
5 Por la observación… etc.
6 Para el estudio de este tópico, véase Steiner: Initiation and its Results; también mi obra Higher Psychical Development.
7 Ver el extenso examen de este punto, mas adelante en este mismo libro.

El gran libro de la proyección astral – Casos Experimentales

CASOS EXPERIMENTALES
Corresponde tratar ahora los casos de proyección voluntaria o experimental. Son éstos, como ya dije, mucho más raros y se limitan fuera de algunos casos aislados (tal vez) mencionados en Phantasms of the Living a los comunicados por Fox el la Occult Review, que en seguida veremos, y a algunos casos históricos algo dudosos. Existen dos libros en francés, sin embargo, que se ocupan de este tema; uno de Charles Lancelin, y el otro de Héctor Durville. Ambos versan sobre la posibilidad de “extraer”, por así decirlo, el cuerpo astral del sujeto hipnotizado durante el trance. Ninguno de ellos contiene casos de auto proyección. Se coloca al sujeto en un profundo trance magnético o mesmeriano (a diferencia del trance hipnótico), y se le indica luego que debe, en lo posible, abandonar su propio cuerpo y alejarse cierto trecho. Sobre esta base los autores antes citados realizaron una ingeniosa serie de pruebas experimentales a fin de comprobar, en la medida de lo posible, si la separación había tenido lugar realmente.

No me detendré ahora a considerar la obra de M. Lancelin puesto que ya la he reseñado acabadamente en mi libro Modern Psychical Phenomena como así también Higher Psychical Development, y Muldoon la ha tratado extensamente en este libro. Daré, en cambio, un breve resumen de las comprobaciones efectuadas por M. Durville publicadas en su obra Le Fantome des Vivants.

El libro consta de dos partes: la Parte I es de carácter histórico y teórico; trata la teoría general del “doble”, y hace mención de cierto número de casos antiguos y modernos que podrían considerarse como ejemplos de su manifestación.4 La Parte II, de carácter experimental, considera los casos de proyección del cuerpo astral durante un profundo trance “magnético” del sujeto. Gran parte de este material posee un considerable interés, a la vez que concuerda con las descripciones y experiencias
aportadas por Muldoon. Leemos así (pág. 189):

“El sujeto de la experiencia se encuentra constantemente en rapport con el “doble”, gracias a la mediación de un cordón fluídico, susceptible de alargarse… Por lo común de forma cilíndrica, suele presentar, sin embargo, el aspecto de una cinta…” En cuanto a las ropas del espectro, éstas parecen componerse de una especie de “gasa fluida” (pág. 215). Por medio del cordón astral (pág. 235) son transmitidas al cuerpo las diversas impresiones sensorias. De gran importancia es la cuestión de la temperatura, y la luz excesiva actúa en detrimento del cuerpo astral. Las experiencias con el dinamómetro revelaron que la fuerza muscular (prensión) del sujeto era siempre mayor después de la proyección que antes (pág. 152). La temperatura de la mano, especialmente de la derecha, por el contrario, disminuía casi invariablemente como resultado del experimento (págs. 195 a 197). Uno de los capítulos ha sido dedicado a la acción del espectro sobre, primero, el doble de otro sujeto en los casos de proyección simultánea, y, segundo, sobre el cuerpo físico de otra persona. En ambos casos parece haberse obtenido resultados positivos. Se colocaron entonces, a cierta distancia del sujeto, pantallas de sulfuro de calcio, ordenándole al espectro que se aproximase a una pantalla determinada. Al hacerlo, se intensificaba el fulgor despedido por la pantalla como consecuencia de la proximidad del cuerpo astral (págs. 275 a 280). También se informa que se logró obtener movimientos físicos de los objetos y toques, como así también el desplazamiento de la pajilla de un estenómetro situado a cierta distancia del sujeto en trance, por acción del cuerpo astral proyectado (págs. 297 a 332). En el último capítulo encontramos detalladas las tentativas efectuadas para fotografiar el cuerpo astral y diversas radiaciones vitales por él emitidas, o por el cuerpo físico. He aquí la conclusión que 
arriba M. Durville al final de su libro:

1. La proyección del cuerpo astral es un hecho cierto, susceptible de ser demostrado por medio de la experimentación directa. Esto nos demuestra también que la fuerza vital es independiente de la materia y que nuestra Individualidad consta de un cuerpo físico y de un Alma inteligente, ligados por un vínculo vital, el cuerpo astral.

2. Dado que este espectro puede existir y actuar con independencia del cuerpo físico, no hay nada que impida su existencia después de la muerte. Lo cual equivale a decir que la Inmortalidad es un hecho probado científicamente. 

Este trabajo, aparentemente poco difundido, de M. Durville, se halla repleto de un curioso material que, de verificarse el rigor
científico de su procedencia, pasaría a constituir un pilar de la mayor importancia para la ciencia psíquica. Debemos destacar que muchas de sus comprobaciones concuerdan en forma sorprendente con las obtenidas por Muldoon. En el contexto de este libro podrán hallarse algunos comentarios críticos de estos resultados.

4 Como en loa casos registrados en Footfalls de Owen; The Debatable Land, en Night Side of Nature de Mrs. Crowe; algunos casos en Phantasms of the Living; etc.



El gran libro de la proyección astral – Casos Espontaneos

CASOS ESPONTANEOS
Como dijimos con anterioridad, existen dos tipos o variedades de proyección astral: la espontánea y la experimental. En el primer caso, el sujeto que experimenta el fenómeno se encuentra de pronto “proyectado” sin saber cómo o por qué. Así, se encuentra fuera de su propio cuerpo físico que puede percibir con toda claridad pero cómo llegó a esa posición, es cosa que no puede explicarse. En el segundo caso, el sujeto experimentador realiza un esfuerzo preciso y voluntario para “proyectarse” por regla general, hacia un punto definido y se despierta para encontrarse en ese sitio o en route. Claro está que la gran mayoría de estas tentativas terminan en el más absoluto fracaso, de modo que los éxitos resultan en extremo raros. O bien puede suceder que el sujeto sea “visto” por alguna persona en el sitio en cuestión, pero permanezca completamente inconsciente de su éxito aparente. En este libro se hallarán ejemplos de todos los tipos o variedades de proyección, conjuntamente con el análisis detallado del modus operandi utilizado y con la correspondiente explicación del éxito o fracaso de la prueba, según sea el caso.

Debemos considerar, en primer lugar algunos casos típicos de proyección “espontánea”. Como ya dijimos, teóricamente esto puede ocurrir cuando el sujeto se encuentra dormido, en trance, bajo la influencia de un narcótico, etc. O bien puede producirse el fenómeno, estando el sujeto despierto y consciente, y presentando un estado de relajamiento exclusivamente corporal, por lo menos al comenzar el experimento. En un libro recientemente publicado, My travels in the Spirit World, de Caroline D. Larsen,
encontramos un buen ejemplo de este fenómeno:

 “…De pronto experimenté un fenómeno sumamente extraño. Una sensación de profunda opresión y disgusto se apoderó de mí;
algo muy semejante a la zozobra experimentada al sobrevenir un desvanecimiento. Traté de resistirme, pero en vano; la abrumadora opresión se hizo más intensa y pronto un entumecimiento general me recorrió el cuerpo, hasta que todos mis músculos quedaron paralizados. Así permanecí cierto tiempo. Mi mente, sin embargo, funcionaba todavía con tanta lucidez como de costumbre. En un primer momento pude escuchar una melodía procedente de la planta baja con toda claridad, pero a poco, los sonidos comenzaron a desvanecerse gradualmente, hasta convertirse todo en un gran vacío, donde yo permanecía inconsciente a la vida y al mundo. Cuanto duró este estado, no puedo decirlo. Tampoco podría decir lo que sucedió en ese lapso. Todo lo que sé es que de pronto me vi a mí misma parada en el piso, junto a la cama, mirando atentamente a mi propio cuerpo físico que descansaba en ella… Línea por línea reconocí aquel rostro familiar, inmóvil y pálido como en la muerte, los ojos cerrados con fuerza y la boca entreabierta. Los brazos y manos yacían sin vida a ambos lados del cuerpo… Me di vuelta y me dirigí lentamente hacia la puerta, la atravesé y seguí camino en dirección al baño… Por la fuerza de la costumbre realicé los movimientos necesarios para encender la luz, pero, por supuesto, no pude hacerlo. Sin embargo, no había ninguna necesidad de luz, pues de todo mi cuerpo, así como de mi rostro, emanaba una intensa luz blanquecina que alumbraba toda la
habitación…”

En el caso publicado por el doctor I. K. Funk; en su Psychic Riddle (págs. 179 a 185), este autor nos relata cómo “perdió control de su cuerpo” debido a un entumecimiento de frío que se apoderó de su organismo antes de experimentar su primera proyección consciente. Tras estos síntomas preliminares, el doctor Funk perdió momentáneamente toda conciencia: “…un relámpago me cegó la vista y los oídos me zumbaban; por un instante me pareció que me hallaba inconsciente. Pasada esta sensación creí caminar por el aire. No hay palabras que puedan describir el sentimiento de libertad que entonces experimenté. Ni hay términos tampoco capaces de reproducir la lucidez de mi visión mental. Nunca en mi vida había sido mi entendimiento más claro o más libre… Entonces adquirí conciencia de que me encontraba en una pieza y contemplé mi propio cuerpo envuelto en las ropas del lecho. ¿Cómo expresar los extraños sentimientos que me asaltaron? El cuerpo que mis ojos veían tenía todo el aspecto de estar muerto. Allí yacía inerte, sin el menor indicio de vida, y con todo, también estaba yo allí, fuera del cuerpo, con mi mente completamente despejada, consciente de otro cuerpo al cual ningún tipo de materia ofrecía resistencia alguna… Después de un minuto o dos, al tiempo que miraba al cuerpo, comencé a tratar de controlarlo y casi enseguida cesó la sensación de separación del cuerpo físico; ahora sólo tenía conciencia de un esfuerzo dirigido hacia su utilización. Tras un
lapso aparentemente largo, logré moverme, levantarme de la cama y vestirme; después bajé tranquilamente a desayunar…”

En cuanto a la objeción que invariablemente se presenta de que en estos casos sólo se trata de un “sueño vivido”, el autor la
refuta en la forma siguiente:

“No se me escapa que mucha gente habrá de pensar que los hechos aquí registrados son pura y exclusivamente el fruto de una imaginación exaltada o, en todo caso, un sueño; pero debo afirmar categóricamente que no son ni lo uno ni lo otro. Y aunque todo el mundo se levantase …mi convicción no habría por ello de modificarse en lo más mínimo, pues tengo la absoluta certeza de que en aquel momento me encontré realmente libre de mi cuerpo físico, como así también de que mi aventura fuera del
mismo me deparó las experiencias más maravillosas de mi vida entera…”

Ya es perfectamente conocido el caso del doctor Wiltse. Publicado por primera vez en el St. Louis Medical and Surgical Journalnoviembre de 1889, y más tarde en el tomo VIII de los Proceedings de la S. P. R., fue también publicado parcialmente en la Human Personality (tomo II, págs. 315 a 322). Dada su vasta publicidad, nos limitaremos a citar algunos párrafos de interés, remitiendo al lector a las fuentes antes citadas para su estudio completo. Después de algunas observaciones y descripciones
preliminares, el doctor Wiltse nos expresa:

“…con todo mi interés profesional de médico contemplé las maravillas de mi anatomía corporal, de cuyas fibras íntimamente entrelazadas era yo el alma viva que las animaba… Atentamente observé el interesante proceso de la separación de cuerpo y espíritu. El Yo, movido por cierta fuerza, aparentemente ajena a mi, oscilaba lateralmente, como una cuna al ser mecida, y en esta forma perdía gradualmente su vinculación con los tejidos del cuerpo físico. Al cabo de algunos instantes, cesó el movimiento y, todo a lo largo de mis pies espectrales, empezando por los dedos y en rápida transmisión hacia los talones, experimenté y oí, al parecer, el chasquear de innumerables cordeles. Acto seguido comencé a retirarme lentamente de los pies, hacia la cabeza, al igual que una goma que se encoge… Al emerger de la cabeza, comencé a flotar vertical y lateralmente como una burbuja de jabón adherida al hornillo de una pipa, hasta que por fin me liberé del cuerpo, cayendo ligeramente sobre el piso, donde lentamente me erguí, alcanzando la estatura normal de un hombre. De aspecto transparente, mi silueta presentaba un matiz azulado y estaba completamente desnuda… Dirigí la vista (hacia la cama) y vi mi propio cuerpo muerto. Yacía precisamente en el lugar en que tanto trabajo me había costado colocarlo, descansando parcialmente sobre el costado derecho, los pies juntos y las manos cruzadas sobre el pecho. Me sorprendió la extrema palidez del rostro… Me volví y pasé por la puerta
abierta…”

El doctor Wiltse pasa luego a relatar cierto número de experiencias mentales que le acontecieron durante su prolongado “viaje” incluyendo la percepción de ciertos objetos cuya existencia el ignoraba, pero que fue verificada más tarde y, al cabo de su aventura astral, fue repentinamente detenido por lo que parecía ser una densa y negra nube: “Una pequeña nube impenetrable apareció frente a mí y avanzó hacia mi cara. Entonces supe que debía detenerme. Sentí que la capacidad de moverme y pensar me abandonaba. Las manos cayeron inertes a los lados, los hombros y la cabeza hacia adelante, y entonces la nube me
tocó en la cara y perdí el conocimiento…”

Cuando recobró el conocimiento otra vez, se hallaba en su propio cuerpo físico.

Veamos la reseña hecha por Myers del caso del Rev. L. J. Bertrand, también publicado en Proceedings, tomo VIII, pág. 194:

“Durante el peligroso escalamiento del Titlis, Bertrand se separó de sus compañeros, se sentó para descansar y se quedó paralizado por el frío. Su pensamiento sin embargo, permaneció lúcido y así pudo experimentar la sensación descripta por el doctor Wiltse del pasaje hacia el exterior del cuerpo y la subsiguiente adherencia al mismo por medio de ‘una especie de cuerda elástica’. Mientras duró este estado, tuvo impresiones clarividentes de sus compañeros ausentes y no poca fue la sorpresa de
éstos cuando, al regresar, les describió todo cuanto habían hecho…”


El gran libro de la proyección astral – Historia

HISTORIA
Apenas hará falta recordar al lector que los egipcios creían implícitamente en el Ka, del cual podría decirse que corresponde a nuestro concepto del “Cuerpo Astral”. Este Ka no era el Alma del hombre, debemos aclarar desde ya, sino su vehículo, exactamente del mismo modo en que el cuerpo astral es considerado en la actualidad el vehículo de la mente y del alma. Era este Ka quien visitaba de tiempo en tiempo al cuerpo momificado, siendo generalmente descripto como una especie de Doble del muerto con forma de pájaro. Así nos lo muestran muchas antiguas pinturas egipcias en el Libro de los muertos, donde se narran las peregrinaciones y pruebas sufridas por los muertos en la vida de ultratumba, como así también en otros escritos primitivos.

Más sorprendente y de mayor importancia para nosotros, sin embargo, es el Libro tibetano de los muertos, recientemente traducido al inglés (Tibetan Book of the Dead), editado por el doctor W. Y. Evans Wentz y publicado por la imprenta de la Universidad de Oxford (1927). Esta obra El Bardo Thödol fue mandada hacer probablemente en el siglo viii de la era cristiana, recogiendo enseñanzas de data mucho más antigua. El manuscrito del cual deriva la actual traducción tiene, en opinión de los peritos, de 150 a 200 años de antigüedad. Como el lector se habrá imaginado ya, su tema general es el mismo que el de la obra egipcia, pero, desde el punto de vista moderno, que es el nuestro, es mucho más “racional”, y muchas de sus enseñanzas coinciden en forma notable, con las de las ciencias psíquicas y ocultas. Sin duda resultará de interés la transcripción de aquellos fragmentos del libro que tratan más o menos directamente nuestro propio tema.

Cuando un hombre va a morir, se llama a un Lama, cuyo deber consiste en cuidar al moribundo y guiarlo prudentemente hacia
el otro mundo. El Lama oprime las arterias laterales del cuello, a fin de mantener consciente al moribundo y dirigir correctamente esta conciencia. En efecto, la naturaleza de la conciencia en la hora de la muerte determina la condición futura del “complejo del espíritu” no siendo la existencia otra cosa que la continua transformación y pasaje de un estado consciente a otro. La presión ejercida sobre las arterias regula el curso a seguir por la corriente vital saliente (Prana). El curso adecuado es aquel que pasa a través del orificio de Monro. “Si el moribundo está a punto de expirar, vuélvaselo sobre el lado derecho; esta postura se llama ‘Postura yacente del león’. Debe presionarse el pulso de las arterias (a los lados derecho e izquierdo del Cuello). Si el paciente en trance de morir muestra disposición a dormirse o si el sueño quiere apoderarse de él, debe impedírselo a toda costa, apretando las arterias con suavidad pero firmemente. En esta forma, la fuerza vital no puede regresar del nervio medio, teniendo que pasar forzosamente, al salir, por la apertura brahmánica. Sobreviene entonces el momento de enfrentarse cara a cara con el Más Allá. En estos instantes tiene lugar el primer vislumbre del Bardo, de la Luz Clara de la Realidad… y todos los seres conscientes lo experimentan”.

Mientras dura la agonía, el Lama lo alienta para que conserve la mente serena y equilibrada, de manera que pueda ver la Clara Luz de la Realidad e ingresar en ella, sin ser perturbado con alucinaciones o “formas-del-pensamiento” que carecen de existencia objetiva, como no sea en la mente del que se muere. El Lama vigila todo el proceso de la salida del cuerpo astral del físico, en el momento de la muerte. “Se acepta generalmente que el proceso (de separación) lleva de tres días y medio a cuatro, a menos que intervenga un sacerdote llamado hpho-bo, lo que equivale a ‘extractor-del-principio-consciente’; y de ordinario, aun cuando el sacerdote logre realizar la extracción, el moribundo no llega a percibir el proceso de la separación del cuerpo físico hasta la expiración del mencionado espacio de tiempo.

Si el pensamiento del sujeto no se ha concentrado adecuadamente en la percepción de la “Clara Luz”, es probable que se le aparezcan decenas de espíritus y demonios de toda clase; pero todo a lo largo del libro se insiste sobre el hecho de que estos demonios carecen de existencia objetiva o real; son simples alucinaciones o “formas-del-pensamiento” que no poseen realidad salvo en el pensamiento del que las ve. Estas apariciones son puramente simbólicas. La mente es capaz de elaborarlas o de crearlas, exactamente del mismo modo en que noche a noche lo hacemos durante el sueño. El sujeto debe abrirse paso a
través de ellas para alcanzar la Clara Luz del Vacío. Cuanto antes logre hacerlo, tanto más pronto alcanzará su “liberación”.

Las enseñanzas en este escrito contenidas, referentes al cuerpo astral, son sumamente claras y concisas: “Cuando te recobres del desvanecimiento (de la muerte) tu Conocedor deberá elevarse en su condición primordial y un cuerpo radiante, semejante al cuerpo anterior, habrá surgido… Es éste el llamado cuerpo-del-deseo… Se ha dicho del Cuerpo-Bardo, que se halla ‘dotado de todas las facultades de los sentidos’… El libre movimiento implica que tu cuerpo actual, siendo solamente una estructura del deseo no está hecho de burda materia… Te verás dotado entonces, de una facultad de movimiento milagrosa… Sin cesar, y sin que tu voluntad pueda impedirlo, te hallarás vagando por los espacios. Y a todos aquellos que lloren tu muerte, tú así les hablaras: ‘Estoy aquí, no lloréis ya’. Pero cuando ellos demuestren no haberte escuchado, entonces te dirás: ‘¡Estoy muerto!’ Y nuevamente volverás a sentir toda la magnitud de tu infortunio. Pero no dejes que la pesadumbre haga presa de ti… Siempre habrá a tu alrededor una luz gris, crepuscular, que alumbrará tus noches y tus días… Y si buscas un cuerpo, sólo conseguirás aumentar todavía tu aflicción. Olvida el deseo de un cuerpo, y deja que tu mente acoja su destino con resignación, actuando, de ahí en más, conforme a su nueva condición… Tales son las indicaciones pertinentes a la trayectoria por el Sidpa Bardo del
cuerpo mental. Por entonces, la felicidad o el infortunio sólo dependerán de Karma…”



BIBLIOGRAFIA SOBRE EL TEMA

Es mucho lo que se ha escrito, en épocas pasadas, sobre el Cuerpo Astral, especialmente en aquellos libros dedicados a la “Magia” y al “Ocultismo”. Creo haber revisado cuidadosamente la mayoría de estas obras, con el propósito de reunir toda la información práctica relacionada con nuestro tema, pero debo confesar que el resultado ha sido muy poco halagüeño. Existen, por ejemplo, varias referencias al cuerpo astral en la Doctrine and Ritual 0f Magic (Doctrina y ritual de la magia), de Eliphas Levi, en su Key of the Mysteries (Clave de los misterios) (publicado en The Equinox, vol. X); en los Mysteries of Alagic (Misterios de la magia), de A. E. Waite, como así también en su obra sobre las Ciencias ocultas; en Magic, White and Black (Magia, negra y blanca), del doctor Franz Hartmann y en los diversos escritos de Paracelso. En otras obras más antiguas sobre la Hechicería y Brujería se encuentran, por supuesto, frecuentes alusiones a la proyección astral. La bibliografía teosófica sobre el tema es profusa, pero aun en este terreno me ha sido imposible encontrar datos precisos o instrucciones prácticas acerca de cómo debe realizarse la proyección del cuerpo astral. Y esto no sólo vale para las obras más antiguas, como The Astral Plane (El plano astral), de Leadbeater, y Man and his Bodies (El Hombre y sus cuerpos), de Annie Besant, sino también para otros tratados más modernos y voluminosos, como por ejemplo los del Mayor Arthur E. Powell, The Etheric Double (El doble etérico) The Astral Body (El cuerpo astral), The Mental Body (El cuerpo mental), etc. En todos estos libros encontramos una abundante información teórica (claro está que desde el punto de vista estrictamente teosófico), pero muy pocos consejos prácticos. Cabe esta misma crítica para la obra de D’Assier, Posthumous Humanity: A Study of phantoms (Humanidad póstuma: un estudio de los espíritus.) Pueden hallarse algunas interesantes experiencias espontáneas en Little Journeys into the Invisible: A Woman’s Actual Experiences in the Fourth Dimension (Breves incursiones en el campo de lo invisible: las experiencias reales de una mujer en la cuarta dimensión), de M. Gifford Shine; Some Occult Experiences (Algunas experiencias ocultas), de Johan van Manen; My
travels in the Spirit World (Mis viajes por el mundo de los espíritus), de Caroline D. Larsen, y en otros libros similares, en tanto que The Astral Light (La luz astral), de “Nizida”, contiene curiosas informaciones de naturaleza general. G. R. S. Mead nos suministra un interesante estudio histórico sobre este tema en Doctrine of the Subtle Body in Western Tradition (Teoría del Cuerpo Sutil en la tradición occidental), donde reseña las opiniones de los primeros Padres, como así también las concepciones mas recientes. La obra de Charles Hallock, Luminous Bodies: Here and Hereafter (Los cuerpos luminosos: el Aquí y el Más Allá), contiene una limitada información al respecto. Pueden encontrarse referencias ocasionales a lo que Myers llamó, en su Human Personality (La personalidad humana), la “Autoproyección, en los Journals and Proceedings de la S. P. R. (Sociedad de investigaciones psíquicas); y en cuanto al sorprendente caso del doctor Wiltse (Proceedings, VIII, págs. 180 a 194). éste ya es, por cierto, clásico. También de considerable interés es el caso del Rev. L. J. Bertrand (págs. 194 a 200) y otro tanto puede decirse del caso registrado por el doctor L. K. Funk en su Psychic Riddle (El enigma psíquico), págs. 179 a 183.3 A. Campbell Holmes ha realizado algunas observaciones acerca del “Doble” en su obra Facts of Psychic Science and Philosophy (Hechos de la ciencia y de la filosofía psíquicas), en tanto que yo, por mi parte, he dedicado algunos capítulos al tema en mi libro Modern Psychical Phenomena (Modernos fenómenos psíquicos) y Higher Psychical Development (El desarrollo psíquico superior). Hace algunos años, Prescot Hall publicó en el boletín de la A. S. P. R. varias “comunicaciones” de considerable interés, relativas al cuerpo astral, que le habían llegado mediante el vehículo de un médium ciego. Claro está que su valor depende en forma absoluta de la autenticidad de la fuente.

Y éste es, prácticamente, todo el material publicado sobre el tema del cuerpo astral y sus proyecciones, si se incluyen los artículos de Oliver Fox, aparecidos en la Occult Review y dos libros en francés. Son estos: Le Fantôme des Vivants, de H. Durville, y Méthode de Déboublement Personnel (Extérioration de la Neuricité: Sorties en Astral), por M. Charles Lancelin. Más adelante volveremos a referirnos en forma detallada a estas obras Ahora bien; con su sola excepción, prácticamente no he encontrado nada de valor en toda la bibliografía sobre el tema, y esta defección se torna particularmente sensible cuando llegamos al punto critico de la cuestión, es decir, a la forma en que debe proyectarse el cuerpo astral experimentalmente,
reteniendo la conciencia durante el proceso. Sobre tópico tan vital nuestras autoridades guardan el más profundo silencio.

Y es precisamente en este terreno donde Muldoon se muestra más explícito. Nuestro autor explica con todo lujo de detalle cómo ha de efectuarse la proyección del cuerpo astral y describe con toda precisión cuanto ocurre en la mente y el cuerpo del sujeto durante la proyección, suministrando, al mismo tiempo, otros muchos detalles vinculados con el fenómeno. En mi opinión, todo lector imparcial deberá admitir que no hubiera sido posible que Muldoon escribiese este libro y detallara los fenómenos aquí expuestos, si sus experiencias no hubieran sido verdaderas. Resulta evidente que sus lecturas sobre el tema son escasas; tampoco parece mayor su vinculación con individuo alguno que haya experimentado fenómenos similares a los por él experimentados, máxime si se tiene en cuenta el hecho de que reside en un pueblo apartado del Oeste. No; toda su información es de primera mano, y ha sido adquirida a través de una rigurosa experimentación; de esto no puede dudarse. En qué otra forma podrían haberse reunido todos estos datos en caso de que el autor no hubiera pasado realmente por estas experiencias, es cosa que no parece fácil de explicarse; en todo caso, queda al lector la última palabra.

3 En otra parte hacemos la reseña de estos casos.




El gran libro de la proyección astral – Dificultad de la pueba

DIFICULTAD DE LA PRUEBA
Claro está que podría contestarse: “Muy cierto, siempre y cuando pueda probarse la realidad del cuerpo astral”. “Después de haberse engullido el camello es inútil preocuparse por el jején”… Pero fuera de estos casos de “proyección” consciente o voluntaria, constantemente se han venido acumulando pruebas de la existencia de este ente que llamamos cuerpo astral oetérico. El primer hecho que llamó la atención de los primeros investigadores de la Sociedad de Investigaciones Psíquicas,
cuando ellos comenzaron sus estudios, fue el gran número de apariciones coincidentes con la muerte de la persona así representada; y el resultado del primer Censo, publicado en Los fantasmas de los vivos, como así también el del segundo, mucho más extenso que el anterior, publicado en el volumen décimo de los Procedimientos de la referida Sociedad, confirmó la creencia de que aquellas coincidencias obedecían a algo más de lo que la casualidad podía explicar, y de que debía existir alguna relación causal entre la aparición y la muerte de la persona cuyo “doble” se hacía presente. Como es natural, se trató de explicar la mayoría de estas experiencias atribuyéndolas a “alucinaciones telepáticas”. Pero no todas ellas podían explicarse tan fácilmente, y en lo que a los resultados del primer censo se refiere, cl señor Myers contemplaba esta explicación no sin ciertos escrúpulos de conciencia, según lo muestra claramente su trabajo “Note on a suggested Mode of Psychical Interaction”. La objetividad de algunos fantasmas se tomó tan evidente que el señor Andrew Lang se vio forzado a admitir en su Cock Lane and Common Sense (pág. 206) que: “. . Algunas apariciones son ‘espectros’, entidades objetivas reales que ocupan espacio.” Y puede agregarse que las pruebas de ello se han multiplicado considerablemente en años recientes, aparte de las “materializaciones” y otras manifestaciones semejantes. Carecemos de espacio ahora, desgraciadamente, para ocuparnos de
ellas.2

Puede afirmarse, en consecuencia, con considerable certeza, que las pruebas de la existencia de entidad tal como el cuerpo astral, no han cesado de acumularse, como resultado de nuestras investigaciones psíquicas, y que son, por cierto, categóricas. Apenas hace falta decir que una vez aceptado este hecho definitivamente, habrá de permitirnos explicar gran número de fenómenos hasta ahora sumidos en completa oscuridad como, por ejemplo, los de las casas habitadas por fantasmas, las apariciones presenciadas por varias personas simultáneamente, las fotografías psíquicas, la clarividencia, etc.; y también, (suponiendo que el cuerpo astral pueda, en ocasiones, actuar sobre la materia) los golpes, la telekínesia, los espíritus ruidosos (poltergeist) y otros fenómenos físicos. De hecho, una vez establecida la existencia objetiva del cuerpo astral, un torrente de luz habrá de verterse sobre todas las manifestaciones psíquicas, ya sean ellas físicas o mentales.

Ahora bien; con completa independencia de estas pruebas colaterales, han existido en todo tiempo individuos que afirmaron ser capaces de abandonar el cuerpo físico a voluntad y viajar por los espacios, por mayor o menor tiempo, en una especie de “cuerpo astral”, conservando una clara conciencia durante todo el proceso. La dificultad a estribado siempre en probar estas afirmaciones. En realidad, esto es siquiera un sueño de vuelo, y, de acuerdo con Muldoon, un sueño de vuelo, es a su vez,
¡algo enteramente diferente de una proyección consciente!

2 Casi no hace falta decir que las “comunicaciones espirituales” han corroborado invariablemente este hecho. Leemos así, en el
segundo informe del Dr. Hodgson sobre los fenómenos de trance de la señora Piper:

“Las informaciones de los ‘comunicadores’ concernientes a lo que ocurre en la esfera física pueden expresarse en términos generales de la manera siguiente: todo” nosotros poseemos cuerpos compuestos de un ‘éter irradiante’ encerrados en nuestros cuerpos de carne y hueso. La relación entre el cuerpo etéreo de la señora Piper y e1 mundo etéreo, donde los “comunicadores’ afirman existir es de tal índole que existe una cantidad especial de energía peculiar acumulada, en vinculación con el organismo, y esto se presenta a su vista como una luz…”, etc. (proc., XIII, pág. 406).




El gran libro de la proyección astral – Como fue escrito este libro

COMO FUE ESCRITO ESTE LIBRO
En mi libro Modern Psychical Phenomena (Los Modernos Fenómenos Psíquicos), hay un capítulo dedicado a la proyección experimental del cuerpo astral, donde se reseña la obra de M. Charles Lancelin (que más adelante será objeto de un análisis más completo). En un libro posterior, Higher Psychical Development (El Desarrollo Psíquico Superior), este material fue ampliado considerablemente. La obra se ocupaba casi exclusivamente del trabajo de otros autores, sin embargo, y siempre sentí que en su total era visiblemente inadecuada, si bien sintetizaba todo lo que me había sido dado desenterrar en relación
con tan importante tenia. En noviembre de 1927, recibí una carta del señor Sylvan Muldoon, la cual decía así:

“Recientemente he leído sus obras sobre las ‘Ciencias Psíquicas y Ocultas’… Me interesó mucho su capítulo sobre la ‘Proyección Astral’, ya que yo mismo, desde hace doce años, la practico. Me inicié en esta ciencia aun mucho antes de saber que en el mundo había otras personas que también la practicaban… Lo que más me llama la atención es su afirmación de que M. Lancelin ha dicho prácticamente todo lo que se sabe en la materia. Porque, señor Carrington, yo nunca leí la obra de Lancelin pero si usted nos ha dado en su libro la esencia de aquélla, le aseguro que yo podría escribir un libro entero sobre las cosas que Lancelin no sabe… Me he preguntado si M. Lancelin será en realidad un proyector consciente. Por la reseña que
usted ha hecho, he llegado a la conclusión de que, o bien Lancelin no se proyecta en absoluto, o bien sus sujetos no tienen clara conciencia durante la exteriorización. ¿No es esto razonable? Si M. Lancelin o sus sujetos se hallasen con plena conciencia, ¿no podrían acaso describir el fenómeno detalle por detalle? ¡Claro que podrían! Y sin embargo no lo hacen. Ahora bien; yo he experimentado todo esto y conozco hasta la menor emoción, el menor movimiento, el más mínimo detalle que tiene lugar durante el pasaje de la conciencia plena del medio físico hacia afuera, en el astral, y sé cómo la conciencia se mantiene inalterada y lúcida hasta el regreso al estado de ‘coincidencia’… Pero lo que más me sorprende es que tan poco se diga sobre el cordón astral, base fundamental de todo el fenómeno. ¿Es posible que ninguno de los sujetos de Lancelin haya examinado nunca este cordón, que no lo haya visto nunca?… Nada se dice acerca del funcionamiento del mismo, de cómo le da estabilidad al espectro y de cómo se la hace perder. Ni acerca de su tamaño cuando los cuerpos se hallan casi en coincidencia, ni de cómo se hace más pequeño y menos resistente a medida que se aleja hasta cierta distancia (que yo he medido con toda exactitud), y así siguiendo. Lancelin dice que el espectro se presenta como si fuera mecido por el viento pero no dice cuál es la causa de esta oscilación… Lancelin no explica cómo controlar el cordón astral, factor éste de vital importancia. Afirma que el cuerpo astral emerge del plexo solar, lo cual puede ser cualquier cosa menos la verdad. Por el contrario, los cuerpos se separan en todos sus puntos simultáneamente. El cordón se concentra en un plexo dado, siendo el lugar ideal e1 bulbo raquídeo, el cual posee un control directo sobre los órganos de la respiración en el cuerpo físico. Lancelin no dice nada de los deseos reprimidos ni del carácter de las pulsaciones del corazón a través del cordón, ni tampoco dice cómo estabilizar el espectro después de cumplida la exteriorización. No dice nada de la forma que asume el fantasma, ni de cómo se mueve al surgir, ni del estado cataléptico que sobreviene mientras se halla bajo el control de la mente subconsciente, dotado todavía, a pesar de todo, de conciencia… No ha hablado de los diversos grados de capacidad visual y auditiva del espectro ni de cómo viaja o cómo alcanza una condición determinada en la cual se halla inerte e imposibilitado de viajar… Además, se hace demasiado hincapié en el papel desempeñado en el proceso por la Fuerza de la Voluntad. Hay otras maneras de producirlo aparte de la fuerza de voluntad. En realidad, muchas otras maneras. Y la idea de la Buena Salud no es más que puro dislate. Yo afirmo, y puedo probarlo, que cuanto más próxima a la muerte se halla una persona mayor es su facilidad para proyectarse… Podría seguir indefinidamente diciéndole más y más cosas acerca de la proyección astral; pero imagino que después de escucharme se limitaría a decirme: ¡pruébelo! ¡Pero no es tarea fácil probarlo! Eso requeriría un tratado en la materia. Una vez pensé en escribir un libro sobre el tema, pero pronto abandoné la idea, cuando todo el mundo me dijo que estaba ‘loco’ y que nadie le prestaría atención… De todos modos, me he exteriorizado bastantes veces corno para saber que si Ud. ha dado lo esencial de lo que actualmente se sabe hay en verdad, bastante oscuridad en la materia. Debo agregar que sólo cuento veinticinco años y que si Ud. llega a leer esta carta y la toma en serio, será un gran honor para mí…

Apenas hace falta señalar que inmediatamente comprendí que acababa de descubrir a alguien poseedor de una fuente de información inestimable; sin pérdida de tiempo le contesté extensamente, animando al señor Muldoon para que empezara su obra de inmediato; y le prometí revisar el libro, editarlo y presentarlo. El volumen que tienes entre manos, lector, fue el resultado. Debo agregar que el señor Muldoon y yo hemos trabajado juntos en él dentro de la mayor armonía; a propuesta mía completó muchos puntos y realizó numerosos experimentos, demostrando siempre una acabada sinceridad y una insobornable adhesión a la verdad. No formula afirmaciones que no pueda justificar; no adelanta teorías que no estén basadas en experiencias reales, y cuando no conoce una cosa, lo declara francamente. Los extractos suplementarios de sus cartas (ps. XXXVII-XLI) tornarán esto más patente aún y también proporcionarán al lector abundante y valioso material que no se halla incluido en el libro. Cabe agregar que la mayor parte de este trabajo fue escrito estando el señor Muldoon confinado en su lecho de enfermo, en tan grave estado, ¡que cada día podía ser el último! Si alguna vez hubiera de pedirse sinceridad a un hombre, ningún momento de la vida más apropiado que éste. Pero la fidelidad del autor a la verdad se hace patente en cada línea.

Es conveniente hacer notar al lector el hecho de que en ninguna parte de este libro se efectúan declaraciones insólitas o absurdas respecto a las cosas realizadas durante los “viajes astrales”. El señor Muldoon no pretende haber visitado ningún planeta distante y regresado para contarnos detalladamente sus modos de vida; no pretende haber explorado ningún vasto y hermoso “mundo espiritual”; no afirma haber penetrado en el pasado o en el futuro; haber revivido alguna de sus “encarnaciones” pasadas; haber leído algún “Registro Akáshico”, o haber viajado hacia atrás, remontando el curso del tiempo y contemplando la historia de la humanidad o las eras geológicas de nuestro planeta. Se circunscribe a afirmar, en cambio, que ha sido capaz de abandonar su cuerpo físico a voluntad y viajar por el presente, en las vecindades inmediatas, en uno u otro vehículo, y con plena conciencia de ello. Esto es perfectamente racional, y precisamente lo que debe esperarse, de acuerdo con la teoría de que estos “viajes” son experiencias reales. Dando por sentado que existe una entidad determinada como el Cuerpo Astral que en ciertas ocasiones puede desprenderse voluntariamente del cuerpo físico todo lo demás se explica por sí mismo, siendo la natural consecuencia en esas circunstancias dadas.




El gran libro de la proyección astral – La doctrina

LA DOCTRINA
El cuerpo astral coincide, pues, con el cuerpo físico durante las horas de la vigilia, de conciencia plena; pero durante el sueño el cuerpo astral se separa, en mayor o menor grado, flotando, por lo general, precisamente encima de aquél, en forma ni consciente ni controlada. En los trances, síncopes, desvanecimientos momentáneos, o bajo el efecto de algún anestésico, el cuerpo astral se separa del físico en forma similar. Estos casos de desprendimiento constituyen ejemplos de proyección automática o involuntaria.

En contraposición a éstos, se hallan los casos denominados de proyección consciente o voluntaria, en los cuales el sujeto “quiere” abandonar el cuerpo físico y efectivamente lo logra. En estas condiciones el sujeto se hallará completamente alerta y consciente en su cuerpo astral; podrá contemplar su propio mecanismo físico y viajar a voluntad, observando escenas y visitando lugares que nunca antes había visto. Posteriormente él mismo podrá verificar la verdad de estas experiencias visitando las escenas o lugares en cuestión. Durante la estada plenamente consciente en el cuerpo astral parece hallarse provisto de extraordinarios poderes supranormales. Puede retornar voluntariamente a su cuerpo físico o bien ser arrastrado de nuevo dentro de éste por causa de algún shock, susto o una emoción vívida.

El cuerpo físico y el astral se hallan invariablemente conectados por medio de una especie de cordón o cable, a lo largo del cual pasan corrientes vitales.

En caso de romperse este cordón, la muerte sobreviene instantáneamente. La única diferencia entre la proyección astral y la muerte es que en el primer caso el cable se halla intacto y trunco en el segundo. Este cordón el “Cordón de Plata” de que se
habla en el Eclesiastés es elástico y capaz de una gran extensión. Él constituye el eslabón esencial entre los dos cuerpos.1

Lo que antecede no es sino un breve sumario general de la doctrina y enseñanzas concernientes al cuerpo astral y su proyección.

Ahora bien; aunque la literatura sobre este tema es bastante voluminosa, no me ha sido posible encontrar por ninguna parte suficiente material de valor científico, y, sobre todo, casi nada de naturaleza práctica, esto es, cómo proyectar el cuerpo astral. Si realmente existe un cuerpo tal y puede ser proyectado voluntariamente como muchos individuos lo afirman ¿por qué son tan escasos los consejos e información práctica publicados en la materia? Está muy bien insistir en los posibles “peligros” involucrados en el procedimiento; cualquier persona sensata se dará cuenta de que es bien probable que existan, pero, ¿cuántas personas no estarían dispuestas a intentarlo, de todas maneras? A pesar de todo, es casi imposible obtener información práctica alguna de aquéllos que afirman ser capaces de “proyectarse” a voluntad; y estoy seguro de que en este punto no habrá ningún estudiante de teosofía que no esté de acuerdo conmigo. ¿Cuál es la causa? Coincido en un todo con el señor Muldoon en que la razón para todo este secreto no se debe a los “peligros” teóricos involucrados, sino simplemente a que los tales “maestros”, como ellos mismos se titulan, no saben. Saben que la proyección astral existe; puede ser también que hasta la hayan experimentado por sí mismos; pero los verdaderos detalles del proceso cómo se lleva éste a término esto no lo saben y, en consecuencia, no pueden enseñarlo a los demás. El gran valor de esta obra radica en el hecho de que estos datos son proporcionados al mundo por vez primera, y es mi convencimiento que poseemos en ella un documento del mayor valor. La información así reunida y que por tantos años han estado esperando los estudiantes de teosofía podría no haber visto nunca la luz, si una afortunada combinación de casuales circunstancias no hubiera hecho posible su publicación. Seguramente le interesará saber al lector, pues, cómo llegó a ser escrito este libro y también algo acerca de su autor.

1 Ver el breve artículo sobre “El cordón de plata”, de Max Heindel, publicado en The Occult Digest, mayo de 1928.




El gran libro de la proyección astral – Introducción

INTRODUCCION
POR HEREWARD CARRINGTON

El Cuerpo Astral podría definirse como el Doble o contraparte etérea del cuerpo físico al cual se parece y con el cual coincide normalmente. Se cree que está constituido por alguna forma sutil o semifluida de materia, invisible a la visión física. En el pasado se lo solía llamar cuerpo etérico, cuerpo mental, cuerpo espiritual, cuerpo del deseo, cuerpo radiante, cuerpo de resurrección, doble, cuerpo luminoso, cuerpo sutil, cuerpo fluídico, cuerpo brillante, espectro y con otros diversos nombres. En la literatura teosófica reciente se han hecho distinciones entre estos diversos cuerpos; pero a los fines actuales podemos pasar por alto estas diferencias y llamar “Cuerpo Astral” a cierta forma más sutil y distinta de la estructura orgánica, conocida por la ciencia occidental, y que estudian nuestros fisiólogos.

La enseñanza más difundida y general es que cada ser humano “posee” un cuerpo astral exactamente en la misma forma en que posee un corazón, cerebro e hígado. En realidad, el cuerpo astral representa con más verdad al Hombre Real que el cuerpo físico, puesto que este último no es más que una mera máquina adaptada para el funcionamiento en un plano físico. Pero tampoco debe creerse que el cuerpo astral es el Alma del hombre. Este es un frecuente error. Del cuerpo astral se ha dicho que es el vehículo del Alma, precisamente de la misma manera en que el cuerpo físico es un vehículo, y constituye uno de los eslabones esenciales en la cadena que une a la mente con la materia. Claro está que al materialista, que considera a la mente como un mero producto de ciertas actividades cerebrales, una teoría semejante le parecerá superflua y carente de sentido. Pero esta obra no está dirigida a los materialistas. Por el contrario, está dirigida a aquellos que creen en la realidad de ciertos fenómenos supranormales (psíquicos) y en la posibilidad teórica, al menos, del cuerpo astral. Para ellos este libro representará, estoy seguro, una verdadera fuente de valiosa y singular información.