Diferencias entre hombres y mujeres al afrontar la pérdida de un hijo

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Cada duelo es único y personal, y así también será la manera en que se expresen las emociones que desbordan el corazón. Luego de la muerte de un hijo, cada padre puede sentirse solo.  La armonía que existía en la pareja puede verse alterada debido a la incapacidad de comunicar los sentimientos de dolor hacia el otro. En este sentido, es importante destacar que entre hombres y mujeres podemos encontrar algunas diferencias respecto a este proceso de duelo. A continuación comentamos contigo sobre estas distinciones.

PROCESO DE DUELO EN MUJERES

Las mujeres suelen centrarse en esta pérdida mostrando preocupación por sus sentimientos.

Por lo general, las mujeres desean hablar de la muerte y las emociones que la embargan. Necesitan verbalizar este camino de duelo deseando revivir los momentos compartidos con el niño y reflexionar sobre los proyectos que no podrán alcanzarse en el futuro. Se trata de una fuente de consuelo que no busca respuestas sino que intenta encontrar un nuevo sentido al mundo que debe enfrentar. Por otro lado, la mujer tiende a mostrarse más inactiva después de esta pérdida. Sentirán que no tienen fuerzas para encargarse de las tareas domésticas o laborales por lo que prefieren que otros familiares asuman las responsabilidades. Se muestran más abiertas al apoyo social y profesional así como también poseen una visión enfocada en el pasado debido a los deseos de aferrarse a las conexiones que tenían antes de esta pérdida. Por ejemplo, dedicarán largo tiempo a actividades que le permitan recordar a su hijo como mirar un álbum de fotos, estar en el cuarto del pequeño, etc.

PROCESO DE DUELO EN HOMBRES

Debido a legados sociales y culturales, el hombre no suele demostrar sus emociones frente a este dolor.

El hombre siente que debe mostrarse fuerte frente al doloroso momento que atraviesa la familia por lo que generalmente suelen reprimir sus sentimientos. Esto puede ser malinterpretado por su pareja que sentirá que su esposo no se preocupa por la desgarradora pérdida de su hijo generando un gran resentimiento. Sin embargo, los hombres sienten preocupación por el dolor que está atravesando su pareja por lo que creen que la expresión de sus propios sentimientos de manera abierta sólo exacerbará el dolor de la mujer haciendo que los dos pierdan el control de sus vidas. Debido a esto suelen llorar en privado realizando su duelo en silencio y mostrándose reacios a recibir ayuda profesional. Como protector de la familia, el padre tendrá la necesidad de intelectualizar este duelo resolviendo problemas como un mecanismo para dar sentido a la pérdida. Bajo este rol social, los hombres suelen poner sus emociones en acción a través de la realización de tareas específicas. Muchas veces, el padre es quien suele asumir la responsabilidad de la realización del funeral como, por ejemplo, registro de la muerte, organización de la ceremonia e inclusive son quienes suelen tomar la decisión de comenzar a trabajar cuanto antes.

Observa esta infografía que hemos preparado para ti a fin de comparar claramente las diferencias que suelen haber entre el hombre y la mujer cuando afrontan la pérdida de un hijo:

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COMPRENSIÓN MUTUA EN LA PAREJA

Durante este proceso de duelo, la madre puede sentir que su pareja no entiende ni comparte su pena por lo que surgen conflictos en el matrimonio.

Los padres están unidos irremediablemente por un dolor que los devastó emocionalmente. Sin embargo, esto no significa que ambos expresen la tristeza de la misma manera. Las mujeres suelen ser más emocionales frente a esta muerte mientras que los hombres intentan reprimir su dolor. Debido a estas diferencias, durante los primeros seis meses siguientes a la pérdida de un hijo, se suelen producir la mayoría de los divorcios ya que las parejas se enfrentan a diversos problemas: falta de comunicación, sobreprotección de los otros hijos, búsqueda de culpables, deseos de hablar de esta muerte, entre otros. Por ello es importante que la tolerancia y la comprensión mutua estén presentes en el matrimonio a lo largo de todo este proceso de duelo. Deben saber escuchar al otro sin interrumpirlo, entender que el dolor nunca termina pero que llegado el momento éste se transforma, valorar las conversaciones con su pareja, aceptar la necesidad de soledad de la otra persona, y saber, por sobre todo, que cada uno tendrá una manera distinta de elaborar este duelo sin que por ello signifique que la intensidad de su tristeza sea mayor o menor.

Cada duelo es distinto y cada quien tiene una manera distinta de vivirlo por lo que es primordial comprender que cada persona expresará este dolor de una manera particular. No juzgue a su pareja por cómo actúa luego de esta pérdida. Comprenda que los hombres y las mujeres poseen diferentes mandamientos culturales y sociales así como también diferentes maneras de lidiar con el dolor.

 

Cómo cambia la vida tras la muerte de los padres

Después de la muerte de los padres, la vida cambia mucho. O quizás, muchísimo. Enfrentar la orfandad, incluso para personas adultas, es una experiencia abrumadora. En el fondo de todas las personas siempre sigue viviendo ese niño que siempre puede acudir a la madre o al padre para sentirse protegido. Pero cuando se van, esa opción desaparece para siempre.

Vas a dejar de verlos, no una semana, ni un mes, sino el resto de la vida. Los padres fueron las personas que nos trajeron al mundo y con quienes se compartiste lo más íntimo y frágil. Ya no estarán aquellos seres por los que, en gran medida, llegamos a ser lo que somos.

“Cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño, por primera vez, el dedo de su padre, lo tiene atrapado para siempre.”
-Gabriel García Márquez-

hombre mirando el firmamento

La muerte: de hablar de ella a vivirla, un gran abismo…

Nunca estamos del todo preparados para enfrentar la muerte, más aún si se trata de la de uno de nuestros padres. Es una gran adversidad que difícilmente se llega a superar totalmente. Normalmente lo máximo que se consigue es a asumirla y a convivir con ella. Para superarla, al menos en teoría, tendríamos que entenderla y la muerte, en sentido estricto, es del todo incomprensible. Es uno de los grandes misterios de la existencia.

Obviamente, el modo en el que integremos las pérdidas va a tener mucho que ver con la manera en la que se hayan producido. Una muerte de las llamadas “por causas naturales” es dolorosa, pero lo es más un accidente o un asesinato. Si la muerte fue precedida por una larga enfermedad, la situación es muy distinta a cuando se produjo de manera súbita.

También incide la diferencia en tiempo entre la muerte del uno y el otro: si ha pasado poco tiempo, el duelo será más complejo. Si, en cambio, el lapso es más extenso, seguramente estaremos un poco mejor preparados para aceptarlo.

Realmente no sólo se va un cuerpo, sino todo un universo. Un mundo hecho de palabras, de caricias, de gestos. Inclusive, de reiterativos consejos que a veces hartaban un poco y de“manías” que nos hacían sonreír o frotarnos la cabeza porque les reconocemos en ellas. Ahora comienzan a extrañarse de un modo inverosímil.

La muerte no avisa. Puede presumirse, pero nunca anuncia exactamente cuándo va a llegar. Todo se sintetiza en un instante y ese instante es categórico y determinante: irreversible. Tantas experiencias vividas al lado de ellos, buenas y malas, se estremecen de repente y quedan sumidas en recuerdos. El ciclo se cumplió y es momento de decir adiós.

“Lo que está, sin estar”…

Pensamos, por lo general, que nunca va a llegar ese día, hasta que llega y se hace real. Nos quedamos en shock y solamente vemos una caja, con un cuerpo rígido y quieto, que no habla ni se mueve. Que está ahí, sin estar ahí…

Porque con la muerte comienzan a entenderse muchos aspectos de las vidas de las personas fallecidas. Aparece una comprensión más profunda. Quizás, el hecho de no tener presente a las personas queridas suscita en nosotros el entendimiento sobre el porqué de muchas actitudes hasta entonces incomprensibles, contradictorias o incluso repulsivas.

Por eso, la muerte puede traer consigo un sentimiento de culpa frente a quien murió. Es necesario luchar contra ese sentimiento, ya que no aporta nada, sino que te hunde más en la tristeza, sin poder remediarla. ¿Para qué culparse si uno cometió errores? Somos seres humanos y acompañando a esa despedida tiene que existir un perdón: del que se va hacia el que se queda o del que se queda hacia el que se marcha.

campo de girasoles representando la tristeza por la pérdida de los padres

Disfrútalos mientras puedas: no van a estar para siempre…

Cuando mueren los padres, con independencia de la edad, las personas suelen experimentar un sentimiento de abandono. Es una muerte diferente a las demás. A su vez, algunas personas se niegan a darle importancia como mecanismo de defensa, en forma de una negación encubierta. Pero esos duelos no resueltos retornan en forma de enfermedad, de fatiga, de irritabilidad o síntomas de depresión.

Los padres son el primer amor. No importa cuántos conflictos o diferencias se hayan tenido con ellos: son seres únicos e irreemplazables en el mundo emocional. Aunque seamos autónomos e independientes, aunque nuestra relación con ellos haya sido tortuosa. Cuando ya no están, se experimenta su falta como un “nunca más” de una figura de protección y de apoyo que, de uno u otro modo, siempre estuvo ahí.

abuela y nieta

De hecho, quienes no conocieron a sus padres, o se alejaron de ellos a temprana edad, suelen cargar toda su vida con esas ausencias como un lastre. Una ausencia que es presencia: queda en el corazón un lugar que siempre los reclama.

De cualquier modo, una de las grandes pérdidas en la vida es la de los padres. Puede ser difícil de superar si hubo injusticia o negligencia en el trato hacia ellos. Por eso, mientras estén vivos, es importante hacer conciencia de que los padres no van a estar ahí para siempre. De que son, genética y psicológicamente, la realidad que nos dio origen. Que son únicos y que la vida cambiará para siempre cuando se vayan.