Muerte, Esoterismo y Reencarnación – Capítulo IX: EPÍLOGO

 
Llegados a este punto, el lector, tanto si cree en la “vida. tras la vida” como si no, ha de reconocer que los habituales tópicos acerca de los estados post-mortem son insostenibles. No existen las pretendidas contradicciones entre las diversas tradiciones sagradas; hay solamente una divergencia en la presentación de las enseñanzas respectivas y, en este momento, también se da una creciente incomprensión e ignorancia de cada una de ellas por parte de sus propios representantes más o menos notables. En todo caso, no cabe ya alegar la diversidad y oposición de doctrinas para despreocuparse del momento de la muerte.”En las religiones orientales no hay nada referido a la resurrección de los muertos”, suele decirse habitualmente; y, sin embargo, en el Hinduismo y en el Budismo se enseña la existencia de paraísos que son corno un vestíbulo de la. Liberación o Nirvana y que están exentos de la transmigración. ¿Qué es en tales tradiciones la primera resurrección? Es renacer, por ejemplo, en el Paraíso Dewachen o Sukâvatî según el Budismo Tibetano, o en la “Tierra Pura” (Jodo Shin) de ciertas escuelas budistas japonesas, o en el Paraíso Vaikunta en el que reina Vishnú (1). La segunda resurrección tendrá lugar cuando tales Paraísos,
que son perpetuos pero no eternos, reviertan al Brahmâ de nuestro mundo y, junto con éste, al Ser Universal, origen de todos los mundos. En ese momento tendrán la posibilidad de lograr la Liberación definitiva los seres que allí se “alojan”.Por lo que hace a la pretendida “reencarnación”, el esoterismo tradicional aclara que no puede admitirse corno vidas sucesivas en la Tierra sino que se trata de una degradación de las doctrinas auténticas sobre la transmigración y la metempsicosis. Asimismo, tampoco es admisible la creencia exotérica del Mazdeísmo y de las religiones occidentales según la cual la inmortalidad es a la vez individual y eterna. La estancia de las almas en paraísos e infiernos es sólo provisional en espera de la Resurrección y el Fin del Mundo. Si en ese momento se produce la Liberación o se pasa a la condición de dêva no cabe ya hablar de individuo propiamente dicho, pues éste se “transforma”, recupera su condición más allá de las formas. Algunos se preguntarán el por qué de tanta insistencia en negar la reencarnación. Tal y como repite el Bardo Thodol, “te has despojado de tu cuerpo material, compuesto de carne y sangre, lo que indica que vagas por el sidpa bardo. He aquí por qué en este momento debes formar sin distraerte una resolución única en tu espíritu. Esto es muy importante. Es como dirigir a un caballo con las riendas. Todo cuanto puedas desear vendrá para desfilar ante ti… rechaza los sentimientos de atracción o de repulsión”. La creencia en que se reencarna en la Tierra y como humano es un error y, como tal, servirá para distraer al espíritu alimentando deseos y expectativas falsas en el momento más crucial para despertar; de ahí la insistencia que aquí mostramos. Quien sea honrado en sus planteamientos ha de reconocer que el hombre actual, que pretende sostener ideas propias liberadas del yugo de la religión, está en realidad haciendo suyas lo que no son creaciones originales sino versiones deformadas y degeneradas de antiguas enseñanzas tradicionales. Como ya se dijo, si la doctrina judeo-cristiana e islámica sobre el Fin de los Tiempos se seculariza y se materializa, nos encontramos con la idea de Progreso, ídolo dominante del sistema. También el evolucionismo no parece ser sino una caricatura terrestre de la doctrina metafísica de los estados múltiples del ser. La reencarnación, tan extendida hoy, es una tergiversación dé la transmigración y de la metempsicosis. Es curioso darse cuenta de que la fe reencarnacionista implica que ni siquiera los muertos quedarían libres de las cadenas del sistema dominante; pronto volverán a la Tierra y ¡acaso inmediatamente, según algunos creen! No faltará quien piense o comente acerca de lo banal que resulta ocuparse de las inciertas y etéreas cuestiones post-mortem frente a lo palpable de las satisfacciones pequeñas pero reales que puede ofrecer la vida ordinaria. Algo semejante podría argumentar alguien que hubiera nacido en la cárcel y no conociera la existencia del exterior. Su estancia en la prisión podría proporcionarle alguna situación placentera e, incluso, podría desarrollar una vida un poco más ordenada cada día y con más mejoras añadidas, pero ninguna cárcel puede ser eterna. Cuando se abriera o se viniera abajo ¿qué harían los ex prisioneros? ¿cómo se orientarían? Mientras siguieran encerrados, lo que sí harían, en su ignorancia, es reírse de quien pudiera llagar a relatarles algo del exterior. Para terminar con un aspecto más “practico” del arte de morir cabe señalar que cada tradición espiritual, si se toma en serio, puede proporcionar los medios para conseguir al menos la “salvación”. Por añadidura, en todas ellas se encuentra la práctica de la repetición rítmica de un Nombre divino, que actúa en vida como atractor de las influencias sobrenaturales y en el momento de la muerte puede ser un viático fundamental. En todo caso, siempre conviene tener presente que, al tener todos los seres unas posibilidades equivalentes, todos ellos alcanzarán la Liberación, en un estado o en otro. Para hablar con toda propiedad, la realidad es que todos están liberados pero lo han olvidado. Sin embargo, no basta una elaboración mental o emocional, sino que ha de aprehenderse con intuición inteligente que “Si en el cielo se elevara de repente la luz de un millar de soles, semejante sería al esplendor de aquel Gran Espíritu” (2).
NOTAS:
(1 ). Cf. Titus Burckhardt, “La Jerusalén Celestial y el Paraíso de Vaikunta”, en Símbolos, Olañeta, Palma de Mallorca, 1982.
(2). Bhagavad Guitá, Xl, 12. 

Muerte, Esoterismo y Reencarnación – Capítulo VI: TRANSMIGRACIÓN Y REENCARNACIÓN

Hemos descartado ya lo que parecen pruebas de que hay varias reencarnaciones en la Tierra, como casos que son en realidad de sueños premonitorios, estados alterados o alternativos de conciencia, memoria genético-ancestral y metempsicosis en el verdadero sentido de la palabra, y nos queda la cuestión de los textos de diferentes tradiciones espirituales que aluden a existencias sucesivas. Para la Sabiduría Perenne expresada en el esoterismo tradicional, la realidad de que hay diversos ciclos de existencia es algo indiscutible, pero una cosa es la trivial interpretación que se hace habitualmente de ello y otra es comprender adecuadamente en qué consiste verdaderamente el “renacimiento”. Si recordamos el capítulo sobre el Ser y el Huevo Cósmico, ha de tenerse en cuenta que allí se hacia referencia solamente a un estado de existencia de todo el conjunto de la manifestación universal. El estado en el que se desenvuelve el ser humano, ya sea en la modalidad psíquica o sutil, ya sea en la modalidad corporal, no es más que una “porción” infinitesimal del conjunto del Universo (y aquí entendemos por “Universo” la totalidad de la manifestación universal). El ser no se manifiesta sólo en dicho estado, sino en una multiplicidad de grados de existencia o “mundos” (1).El rosario es un instrumento de oración o de invocación común a las grandes tradiciones y, al mismo tiempo; un símbolo pertinente de la manifestación universal. El rosario musulmán está formado por noventa y nueve cuentas que representan a los noventa y nueve nombres de Dios (2); se dice además que falta una cuenta para completar el centenar y que dicho grano sólo puede encontrarse en el Paraíso. Aquí, las cuentas del rosario simbolizan cada una un atributo divino, y cada atributo divino está representado en el orden de la manifestación informal por un ángel, mediador celeste entre Allâh y aquel de entre los mundos con el cual dicho ángel está vinculado más especialmente por ser su “espíritu”. Lo preferible sería, en este caso, que el hilo fuera invisible en la representación, puesto que simboliza al Ser puro inmanifestado en el cual se reabsorben finalmente todos los “granos”. Para los seres humanos, los ángeles-atributos divinos son el aspecto más accesible del Principio Supremo. Puede decirse que, desde el punto de vista del Principio, cada ángel es en Dios, mientras que visto desde la manifestación, Dios es en cada ángel. En la tradición hindú, el hilo del rosario es denominado “hilo de Atman” (sûtrâtman), que origina, sostiene y pone fin a todos los mundos (3); acabamos de señalar así las tres funciones que el Hinduismo atribuye a la trimûrti, triple manifestación de Atman (4) como Brahmâ (productor o “creador”), Shiva (destructor o, mejor dicho, transformador) y Vishnú (sostenedor o conservador). Aquí, por lo tanto, el sûtrâtman simboliza a lshwara, el Ser puro, no en sí sino en su triple manifestación como creador, sostenedor y transformador de cada mundo, lo que equivale a Buddhi, el Intelecto Universal más allá de las formas individuales (Cf. Cap. III). La diferencia entre las dos tradiciones sólo es de perspectiva, puesto que para los seres individuales de cada mundo la comunicación con Dios sólo es posible a través de los grados angélicos. En definitiva, el hilo, el sûtrâtman, simboliza ora al Ser puro inmanifestado, ora a Buddhi, el rayo de manifestación informal que expresa y simboliza a Dios en cada mundo. Ocurre lo mismo que con la palabra “espíritu”, la cual puede referirse sea al Ser increado, sea a su manifestación supraformal (5). y, precisamente, según los textos sagrados, del hilo de Atman se dice que simboliza al “espíritu” o hálito que origina y reabsorbe al mundo, en relación analógica con las fases de espiración e: inspiración. Un ser que nace en uno de los mundos del rosario (o del collar, un símbolo semejante), como, por ejemplo, el nuestro, será una posibilidad particular dentro del conjunto de posibilidades que constituyen dicho mundo; ese ser desarrollará sus posibilidades intrínsecas dentro de los límites propios de nuestro grado de existencia, que hacen ser a éste lo que él es y distinto de los otros grados existenciales. Ahora bien, se ha de comprender que un ser no nace (o no suele nacer) en nuestro mundo como un espíritu desnudo de adherencias, y sobre ello aportan su enseñanza las tradiciones orientales acerca del karma; este vocablo significa en general “acción”, y aplicado a la cuestión que tratamos se refiere a la idea de que toda acción es una causa que trae consigo un efecto más tarde o más temprano, sea favorable, sea desfavorable, de donde se desprende que la Liberación (6) efectiva de toda manifestación condicionada no es posible por la acción, sino sólo por el conocimiento efectivo). Hay que distinguir el samchita karma, que son las acciones acumuladas que están en reserva y darán sus frutos si se da la ocasión, el prarabdha karma, que es el que ha comenzado ya a dar sus frutos y deberá agotarse en la existencia presente, y el âgami karma, que es el que está iniciándose por las acciones en la existencia actual. Estas nociones están íntimamente relacionadas con los samskâras y los vâsanâs, que vienen a significar “predisposiciones anímicas” e “impregnaciones psíquicas latentes”.Una vez agotados los frutos del prarabdha karma que han determinado las condiciones de su manifestación en nuestro mundo, un ser humano, si no consigue la Liberación absoluta ni tampoco logra “llegar al Cielo o al Paraíso”. ni “cae en el infierno”, será lanzado, por el residuo de karma acumulado, al torbellino de la transmigración, a la rueda del samsâra. Esta es la única “reencarnación” que puede concernir al núcleo esencial y trascendente de cada ser, es decir, la transmigración desde un mundo o grado de existencia hacia otro mundo. La creencia popular de que se puede vivir en la Tierra más de una vez no es sino una interpretación deficiente y propia del Kali-Yuga o Edad del Hierro (7) de la doctrina sobre la transmigración o bien de la que se refiere a la metempsicosis antes estudiada. Los partidarios de las sucesivas vidas terrestres alegan que en algunos textos se habla de volver a la Tierra”, pero en tales casos la “Tierra” alude a un mundo cualquiera de manifestación individual, ya que nuestra Tierra es y se emplea como un símbolo de todos ellos. Del mismo modo, los “Cielos” de la Biblia no son tampoco el espacio que pueda recorrer un jet o una nave espacial; el “festín” del Reino de los Cielos no es de alimentos corporales; la “Tierra Pura” de la que habla Platón no es “terrestre”, y el Dharma Kaya del Budismo -literalmente, “Cuerpo de Verdad”- no es, ciertamente, un “cuerpo”, pues los mismos budistas aclaran que se trata de un estado completamente por encima de todas las formas. En las descripciones simbólicas de los estados de ultratumba según las diferentes tradiciones se puede apreciar que ni las religiones del tronco de Abraham ni el Mazdeísmo mencionan, por lo general, las existencias sucesivas -al menos, en los correspondientes exoterismos-, mientras que si lo hacen el Hinduismo y el Budismo. La razón de ello es que las tradiciones del primer grupo se centran preferente (o exclusivamente) en aquello que concierne al ser que al nacer en nuestro mundo ha devenido un individuo humano. Sólo abarcan -en su vertiente exotérica- lo que atañe a nuestro mundo, desinteresándose de la totalidad de la manifestación universal. Por su parte, las tradiciones hindú y budista no tienen un exoterismo constituido como tal y, por consiguiente, sí que integran en su perspectiva la rueda de los renacimientos. Lo que se da en sus caso es un exoterismo de hecho según el grado de entendimiento que consiga cada individuo de la tradición que ha recibido y, según parece, lo que prima hoy es una interpretación cada vez más pedestre y literal. Lo que no suele destacarse, siendo fundamental, es que la doctrina de las diversas existencias está indisolublemente ligada a la de los ciclos cósmicos. Hinduismo y Budismo enseñan la existencia de “vidas sucesivas” porque también enseñan la realidad de los diversos ciclos cósmicos, y viceversa. Cada nueva posible existencia se cumple en realidad en cada ciclo, es decir, en cada uno de los mundos de la cadena simbolizada por el collar. Ya que hemos aludido a la doctrina de los ciclos cósmicos es imprescindible detenerse en algunas consideraciones al respecto. Según la tradición hindú, cada Manvantara o ciclo de una humanidad “dura” 4.320.000 años divididos en cuatro períodos (yugas) desiguales. Catorce de esos Manvantaras forman un Kalpa o “Día de Brahmâ” de 60.480.000 años de “duración”. El “Año de Brahmâ” es de 360 Días de Brahmâ y se dice que equivale a 21.772.800.000 años terrestres (380 x 60.480.000). Por último, la “Vida de Brahmâ” transcurre durante 100 Años de Brahmâ. Todas estas cifras no son válidas literalmente, como por lo demás ocurre también con los números bíblicos y con los de otras tradiciones. Asimismo, hay que comprender que lo que permanece a escala humana es el kalpa con sus 14 manvantaras, puesto que un kalpa o Día de Brahmâ es lo que designa el proceso total de desenvolvimiento y manifestación de un mundo. Cuando se habla del Año de Brahmâ de 360 “días” se está haciendo referencia a la cadena de los mundos, al simbólico rosario o collar que representa al conjunto de la manifestación universal. Por supuesto, en este nivel la designación temporal ya es puramente simbólica, puesto que el tiempo es solamente una de las condiciones propias de nuestro grado de existencia, y no es una condición trasladable a otros “mundos”. Hay una relación ontológica de sucesión entre un Día de Brahmâ y el siguiente, pero de ninguna manera se trata de una relación cronológica (8). “Universos pasados, presentes y futuros flotan sobre el océano de Vishnú ¿quién podría contarlos?”, puede leerse en el Brahmaivarta Purana. En cuanto a la Vida de Brahmâ, lo que pretende designar es cada uno de los indefinidos (aunque no infinitos) recorridos de la cadena de los mundos. Por ello, el simbólico collar debería representarse formando un círculo para sugerir la realidad del ciclo de ciclos, pero sin que el círculo parezca cerrarse, puesto que cada recorrido de la cadena de los mundos corresponde a un nivel diferente y no es un mera repetición del anterior (9). Ciñéndonos a la manifestación de nuestro mundo o Kalpa, se dice que consta de catorce manvantaras y que nos encontramos al final del séptimo. El fin del Manvantara actual corresponde al llamado “fin del mundo” en el que se centran la Biblia y el Corán, el cual es más bien el “fin de un mundo” y sería más pertinente denominarlo “fin de los tiempos”. Acerca de los acontecimientos que atañen a dicho fin de los tiempos hay notables semejanzas entre el Apocalipsis y los Purânas hindúes, demostrándose una vez más que no hay oposición esencial entre las diferentes tradiciones sagradas para quién se moleste en buscar (10). El final de todo nuestro kalpa (o de todo kalpa en general) es denominado pralaya o “disolución” y lo que se disuelve son los límites particulares que determinan a este mundo como una entidad (aparentemente) separada; el pralaya es propiamente el “fin del mundo” y viene a coincidir con el “Juicio Final” y la “resurrección de los muertos” de las religiones abrahámica (y también del Mazdeísmo o Zoroastrismo). Llegado el pralaya , todos los seres individuales regresan a Brahmâ, su origen. Del mismo modo, llegado el final del “Reino Milenario de Cristo”, según enseñaban muchos Padres de la Iglesia antigua, todo retornará a Dios Padre y Dios será “Todo en todos”. Esto último parecerá muy extraño a algunos, pero la diferenciación entre, por un lado, un reinado de Jesucristo en una Tierra nueva tras el fin de. los tiempos y, por otro, la “vida” celestial tras la resurrección de los muertos y el Juicio Final era compartida por muchos santos y padres de la Iglesia durante los cuatro primeros siglos. Está distinción, denominada habitualmente “milenarismo”, pasó a segundo plano tras la refutación de San Jerónimo, el cual la rechazó con su habitual violencia, aunque no se atrevió a condenarla porque “gran multitud de doctores cristianos seguía el partido de los milenarios”,. y “muchos varones eclesiásticos y mártires también lo defendieron” (11). La razón de que la Iglesia en general rechazara el milenarismo era la interpretación completamente literal que hacían muchos de las condiciones de la Tierra nueva tras el fin de los tiempos. Creían que los símbolos de abundancia material habían de ser tomados al pie de la letra, algo parecido a lo que hoy hacen ciertos “maestros” hindúes y budistas interpretando la transmigración como reencarnación en la Tierra. Corruptio optimi pessima. Como reflejo analógico del despliegue de la manifestación universal, de la cadena de los mundos, podemos apreciar en nuestro mundo la realidad del desarrollo del año. Un ser humano recorre a su modo un día de Brahmâ y una noche de Brahmâ; durante la noche, abandona la forma corporal retirándose a la forma sutil y al sueño con ensueños o, a veces, al “sueño profundo” de manifestación informal. Acabada la noche, empieza otro particular día de Brahmâ y así sucesivamente. Una vez recorrido un ciclo o círculo completo de días y noches, acaba su especial año de Brahmâ y comienza otro año (del latín annus o anillo). Varios años de Brahmâ serán recorridos hasta constituir una particular vida de Brahmâ, que arribará a su final con la muerte. En toda esta trayectoria es fácil observar el encadenamiento causal entre todos los ciclos de tiempo; un “día” se recorrió ya y es imposible transitarlo de nuevo, el año pasado ya lo vivimos, no es posible retornar a él; un año de estos moriremos, de día o de noche, y habrá terminado nuestra particular vida de Brahmâ; si no despertamos en ese momento o no conseguimos al menos, la “salvación” a la espera del fin del mundo, puede comenzar otra existencia, la cual será determinada por el karma acumulado en ésta y en “vidas anteriores” y que será distinta de la precedente, pues nunca se repiten las vidas de Brahmâ. En cierto modo, la irreversibilidad del tiempo es un símbolo en nuestro mundo de la imposibilidad, en la cadena de los mundos, de retornar al mismo grado o día de Brahmâ, es decir, es un símbolo de la imposibilidad de reencarnar. Una de las diferencias evidentes entre nuestro trayecto en este mundo y el recorrido de toda la Estas son las “vidas anteriores” (jatakas) a las que hacen referencia diversos textos sagrados, las “vividas” en otros grados de manifestación (lo de “anteriores” es un manera de hablar, puesto que sólo en nuestro mundo, conviene repetirlo, estamos condicionados por el tiempo).Puede añadirse, para terminar, que al venir a nuestro mundo con las predisposiciones e impregnaciones de existencias en otros grados, que constituyen como una especie de envoltura del rayo espiritual al desnudo, del ser angélico, lo que se atrae del medio psíquico y corpóreo, o bien lo que atrae el medio sutil y corporal a las predisposiciones del ser, será aquello más afín con tales características innatas; en consecuencia, los caracteres psico-fisiológicos del individuo representan en cierto modo a las existencias “anteriores”.
NOTAS:
(1). Para una exposición magistral de esta noción, esencial en el esoterismo tradicional, véase René Guénon, Los Estados Múltiples del Ser, Obelisco, Barcelona, 1987.
(2). Cf. René Guénon, “La cadena de los mundos”, en Símbolos de la Ciencia Sagrada, Buenos Aires, Eudeba, Buenos Aires, 1976 y Paidós, Barcelona, 1995.
(3). Idem.
(4). Atman es el Principio tanto del macrocosmos como del microcosmos (el hombre), aunque suele asociarse más bien con el Principio en el hombre.
(5). Cf. René Guénon, “Espíritu e Intelecto” y “Las Ideas Eternas”, en Mélanges, Gallimard, París, 1976.
(6). Aquí entendemos por “Liberación” la. consecución por un ser del Fin Supremo. Es denominada así porque el ser se libra o libera de cualquier límite condicionante.
(7). El KaIi Yuga o Edad del Hierro es la última y más decadente de las cuatro edades que forman nuestro actual Manvantara y está tocando ya a su fin. Cf. René Guénon, La crisis del mundo moderno, Obelisco, Barcelona, 1988, y Gaston Georgel, Les Quatre Ages de l’Humanité, Arché, Milán, 1976.
(8). Cf. René Guénon, Formas tradicionales y ciclos cósmicos, Obelisco, Barcelona, 1984.
(9). Cf. René Guénon, “La cadena de los mundos”, en Símbolos de la Ciencia Sagrada, ob.cit.
(10). Cf. René Guénon, Formas tradicionales y ciclos cósmicos, ob.cit.
(11). Pref. in libr. 18, super lsaiam. 

Muerte, Esoterismo y Reencarnación – Capítulo V: METEMPSICOSIS Y MEMORIA GENÉTICA

Más concluyentes como pruebas en favor de la reencarnación parecen ser aquellos casos en los que una persona, casi siempre un niño, empieza a relatar espontáneamente lo que son aparentemente recuerdos de una vida anterior en la Tierra. En varias ocasiones se han hecho las correspondientes averiguaciones y se ha comprobado la veracidad de los datos que revela el supuesto reencarnado. En el estudio de tales hechos se ha distinguido especialmente el psiquiatra estadounidense lan Stevenson, de la Universidad de Virginia, por su paciente recopilación de datos de todas las partes del mundo; su obra Veinte casos que hacen pensar en la reencarnación (1ª edición, 1966) se ha hecho famosa y en la Universidad de Virginia se tienen recogidos ya cerca de dos mil casos. El autor no se ha limitado a recoger datos sino que frecuentemente ha observado también el comportamiento del sujeto “reencarnado” y de las personas de su ambiente Lo más característico de estos hechos estudiados es la identificación del niño con la personalidad anterior fallecida. El caso prototipo consiste en que un niño de dos a cuatro años empieza a relatar hechos de una vida anterior. en otro tiempo y en otro lugar. Tras mucho insistir la criatura, los padres comienzan a verificar los hechos -habitualmente varios años después- y, una vez comprobados algunos de ellos, se invita al sujeto en cuestión a reconocer personas, lugares y objetos de la vida “anterior”, lo que se consigue en muchas de las ocasiones estudiadas. Podría citarse como ejemplo el caso de la india Shanti Devi. Nacida en una familia de Delhi, a los cinco años empezó a decir que se llamaba Shanti Nath y que era en realidad de la ciudad de Mathura, en donde no había estado nunca. Describía los templos y calles de la ciudad y sus estudios universitarios, así como el nombre de su marido (Kedar Nath), y que había tenido un hijo. Los padres intentaron que la niña olvidara el asunto pero, a los nueve años, sus recuerdos se hicieron más intensos, de modo que el padre hizo indagaciones en Mathura y supo que allí vivía un comerciante denominado Kedar Nath, con un hijo y casado en segundas nupcias, ya que su primera esposa había muerto diez años antes al dar a luz su único hijo. En 1935, el profesor H. Banarjee, de la Universidad de Rajastán, y otros científicos, estudiaron el asunto y decidieron concertar un encuentro de la niña con su presunta familia anterior. Como resultado, Shanti Devi reconoció a su marido primero, y a sus padres después, entre un grupo de cincuenta personas, así como supo reconocer y describir los caminos que recorría la difunta y su dormitorio. También, por otro lado, conoció por primera vez al hijo de diez años que había tenido Shanti Nath y al que llamaba “hijo mío”, con el lógico estupor del niño (Shanti Devi tenía nueve años). Con todo ello, padres y marido reconocieron, en medio de un ambiente fuertemente emotivo, que Shanti Nath había vuelto en la niña Shanti Devi. Para personas ya predispuestas a favor de la reencarnación, este caso y varios otros servirán casi como prueba concluyente, pero se trataría de la reencarnación ¿de qué? Efectivamente, hay aquí algo que “reencarna” pero, ¿qué es en realidad? El propio lan Stevenson ofrece más de una explicación para el conjunto de los casos que ha estudiado, y una de ellas es la de la memoria genética. Aun en el plano físico, no es demasiado raro que suceda que un descendiente -como un nieto o un tataranieto- manifieste a veces más parecido con su abuelo o su tatarabuelo del que presentan otros descendientes más cercanos a éste. Tales características han permanecido latentes momentáneamente y, cuando las circunstancias eran favorables, por la razón que sea, se han manifestado exteriormente. En lo referente al dominio sutil o psíquico la cosa ocurre de modo semejante, y lo que por las apariencias serían recuerdos de una vida anterior de un determinado sujeto son en realidad elementos psíquicos recibidos por herencia; el individuo “recuerda” lo que le sucedió a uno o a varios de sus antepasados. Podrían denominarse estos casos como de memoria genético-ancestral; los padres transmiten al hijo un determinado germen psíquico y físico, ellos lo reciben de sus progenitores y así sucesivamente. Dicho germen es un conjunto bastante complejo, del cual muchas peculiaridades permanecen en estado latente hasta que las condiciones son propicias y, llegado el momento, a un descendiente le llegará a su campo de conciencia desde el “subconsciente” aquello que -aparentemente- son recuerdos de una vida anterior. Lógicamente, esta explicación sólo sirve para los casos en los que pueda probarse que el cuerpo físico desciende en línea directa del antepasado, ya sea con una distancia de pocos años o de varios siglos. En alguna otra ocasión, la explicación puede venir de la criptomnesia, es decir, el niño puede haber estado en contacto con alguien o con una fuente de información de la supuesta vida anterior y haberlo olvidado. Cuando los recuerdos que estaban en el olvido vuelven a la consciencia, el sujeto cree sinceramente que proceden de una vida anterior. Como señala lan Stevenson, cuando se da por parte del individuo el reconocimiento de varias personas que aún viven de entre aquellas que conoció en la “vida anterior”, la criptomnesia no es muy convincente ya que todos comprobamos en la vida ordinaria la dificultad de identificar a algún desconocido por simples descripciones pero sin una visión directa. Otros casos podrían encuadrarse en la hipótesis de la percepción extrasensorial. El niño adquiere la información por medios paranormales o extrasensoriales y asimila los datos obtenidos, de tal forma que él mismo se identifica con la persona fallecida y convence de ello a los demás. Apenas es discutible que algunas gentes pueden obtener extrasensorialmente información que les resultaría inaccesible por medios ordinarios. Además, muchas veces se sabe de varias personas que pueden haber actuado como enlace telepático entre el difunto y el “reencarnado”; en tales casos, basta con pensar en la telepatía sin acudir a otras facultades extrasensoriales más amplias, aunque en otras ocasiones sí que deberían tenerse en cuenta estas últimas para la explicación de ciertos casos más complejos. Sobre todo, es necesario, para comprender por qué se producen algunos o varios de los hechos de los que estamos tratando, el tener en cuenta la realidad de la metempsicosis. Dicho vocablo griego designa la transferencia de elementos psíquicos desde un ser hasta otro. En todo ser humano hay elementos psíquicos que proceden de la desagregación de otros seres humanos o incluso de animales de nuestro mundo, los cuales al morir no dejan sólo un cadáver visible y corpóreo sino que también abandonan unos elementos sutiles (a los que convendría no denominar “cadáver psíquico”, ya que no corresponden al plano corporal). Tales restos psíquicos irán a agregarse a otros seres humanos o animales de nuestro mundo, y ese adherirse a nuevos seres de entre los que están naciendo en nuestro mundo terrestre tendrá lugar con arreglo a la ley de afinidad (Cf. René Guénon, L’Erreur spirite). Un ser que nazca, por ejemplo, en la especie humana, atraerá hacia sí del medio cósmico, anímico o psíquico aquellos elementos que sean más afines a su naturaleza propia. La metempsicosis ocurre continuamente, por muy extraño que parezca a las mentalidades actuales, pero es fundamental tener presente que lo que se transmite no es de ningún modo el núcleo trascendente y sobrenatural del ser, luego que no hay “reencarnación” propiamente hablando, aunque sí hay algo que reencarna. Hay en cada uno de nosotros elementos procedentes de la desintegración de individuos que nos precedieron, y si sucede que alguno de dichos elementos aparece en el campo de la consciencia desde el “subconsciente”, nos damos cuenta de que somos portadores de algo cuyo origen resulta a primera vista inexplicable, pero la explicación pertinente es la realidad de la metempsicosis, que no se da solamente en quienes parecen recordar vidas pasadas sino en todos los seres humanos. También conviene percatarse de que para el traspaso de elementos psíquicos de un ser hacia otro no hace falta necesariamente la muerte de uno de ellos, y el ejemplo más evidente (aunque no el único) es precisamente la generación de un nuevo individuo por sus progenitores. A veces puede ocurrir que los elementos sutiles del ser individual cuyo cuerpo ha muerto, permanezcan sin apenas disociarse, y en tales casos será aparentemente más clara la evidencia de una reencarnación. El conjunto puede transferirse a un nuevo individuo recién nacido o que vaya a nacer, el cual conservará así más o menos completamente la memoria del anterior y parecerá ser el difunto reencarnado, pero, como hemos dicho, no se trata de ninguna vuelta del ser verdadero a este mundo. En términos occidentales, hay que distinguir el plano espiritual o del intelecto del plano anímico o de las formas sutiles, y a este último del plano visible o corporal. En la tradición hindú se diría que no hay que confundir la “envoltura causal” con la envoltura “sutil” ni a éstas con la envoltura grosera o corpórea (1). Generalmente, se ha visto que la desagregación del compuesto psíquico se ve frenada por algún suceso de fuerte carga emocional. Suele tratarse de muertos por un asesinato o muerte violenta o bien, a veces, son los elementos anímicos del criminal los que “reencarnan”. Como caso muy particular hay que citar el de los linajes de lama-tulkus del Budismo tibetano. Tras la brutal ocupación por parte de las tropas maoístas chinas del “País de las Nieves”, muchos lamas tibetanos, comenzando por el Dalai-Lama, se vieron obligados a abandonar su tierra; y varios de ellos se han extendido por todo Occidente. A raíz de ello, se ha hecho bastante habitual en la prensa el hablar de “reencarnaciones” de lamas, de “budas vivientes”, etc.; últimamente hay disputas incluso por la identidad del tulku (que no reencarnación) del Panchen Lama difunto, ya que los gobernantes ateos de Pekín quieren curiosamente imponer su propio “reencarnado” Panchen Lama. Sin embargo, no es el único caso de disensiones por la autenticidad de un tulku, ya que pueden entrar en juego poderosos intereses económicos. La palabra tulku significa aproximadamente “cuerpo de emanación” (en sánscrito, nirmana kaya), y está relacionada con la idea de producción de un fenómeno “mágico”. Básicamente se puede diferenciar entre los tulkus de algún sabio espiritual ya difunto y los tulkus de algún ser no humano; de entre estos últimos destacan el Dalai Lama, el Panchen Lama y la dama Lama Dorje Fagmo, existiendo también los tulkus de ciertas deidades de la región, los cuales son considerados “oráculos oficiales”.Los linajes de tulkus tuvieron sus inicios hacia el siglo XIII, y acerca de su formación hay interesantes interpretaciones aportadas por Alexandra David-Neel, viajera en Tíbet a principios de siglo: “ciertos lamas dicen que la energía sutil que subsiste tras la muerte del que la ha engendrado -o alimentado si es ya un tulku perteneciente a un linaje- atrae hacia ella y agrupa a los elementos afines, deviniendo así el núcleo de un nuevo ser. Otros dicen que el haz de fuerzas desencarnadas se une a un ser ya existente, cuyas disposiciones físicas y mentales adquiridas en vidas anteriores (en otros mundos, diríamos nosotros) permiten una unión armoniosa” (2). Cuando un lama que es ya un tulku está próximo a morir, predice o predecía la región en la que renacerá, y solía aportar algún dato sobre los padres, la casa, etc. Cuando se daba con un niño que parecía corresponder con las indicaciones del ama difunto, se le ponía a prueba presentándole objetos personales del muerto mezclados con otros parecidos, para comprobar si conserva el recuerdo de lo que fue suyo en la existencia anterior. Hoy en día el procedimiento es el mismo aunque parece que los signos se hacen cada vez más problemáticos. Como puede apreciarse, se trata claramente de casos de metempsicosis, semejantes a los estudiados por lan Stevenson. La particularidad de un tulku (cuando es auténtico) reside en que la cohesión del conglomerado de elementos psíquicos es debida a la potencia espiritual del individuo en cuestión. Hacia 1650, el quinto Dalai Lama, que era considerado, como todos los anteriores, un tulku de Gedundoup (discípulo y sucesor del reformador lama Tsong Kapa) declaró estar habitado por el Boddhisatva Chenrezig (Avalokitesvara en sánscrito) y asimismo dictaminó que su antiguo maestro espiritual, el Panchen Lama, del monasterio de Tashi Lumpo, era un avatar de Eupagmed (Amitabha en sánscrito). EL Panchen Lama venía siendo considerado como un tulku de Soubhouti, un discípulo del Buda histórico. Así pues, al menos en los casos más eminentes de tulkus se da una doble herencia espiritual y psíquica. Así como las reliquias corporales de algunos santos pueden convertirse en receptáculo de ciertas influencias espirituales, los linajes de tulkus -“cuerpo de emanación mágica” o forma sutil- pueden devenir algo parecido. La creencia es, por lo tanto, que los tulkus de Dalai-Lamas han pasado a ser al mismo tiempo tulkus de Chenrezig (el Boddhisatva Omnicompasivo que habita en el Paraíso Occidental) y los tulkus de Panchen-Lamas han devenido simultáneamente un soporte para la influencia espiritual de Eupagmed (el “Buda de Luz ilimitada”). Es probable que el caso de Pitágoras esté en relación con algo parecido, pero no hay, evidentemente, datos fiables. “¿Qué es lo que pervive en un tulku?” -Se pregunta el Rimpoché Sogyal. “¿Es exactamente la misma persona que aquella a la que reencarna? Sí y no. Su motivación y su dedicación para ayudar a todos los seres es la misma, pero de hecho no es la misma persona. Lo que pasa de vida en vida es una bendición, lo que un cristiano llamaría gracia” (3).Para desechar completamente la opinión que puede hacerse el público de que un tulku es como un alma individual que ha reencarnado en la Tierra, cabe señalar que en el Budismo tibetano se admite que un mismo difunto puede dividirse post mortem en varios tulkus que coexisten al mismo tiempo y que son reconocidos oficialmente. Ni que decir tiene que para las masas tibetanas no caben sutilezas, y cada Panchen Lama, por ejemplo, es el anterior que reencarna, según creen en su simpleza. Por último, para abarcar todas las posibilidades, conviene indicar que los seres de un determinado grado de existencia (como, por ejemplo, el estado humano) no están separados entre sí por ninguna solución de continuidad, no hay entre ellos ningún vacío. Desde los más cercanos hasta los más alejados, todos se influyen recíprocamente. En realidad, la herencia física y la herencia psíquica solamente son el aspecto más particular y más importante de la influencia del medio sobre un ser determinado, pero, dentro de los límites de nuestro mundo, recibimos la influencia mayor o menor de todos los seres que en él se manifiestan, por muy alejados que estén en el espacio y también en el tiempo (4).
NOTAS:
(1). Cf. René Guénon, “Las envolturas del Sí-Mismo”, en El hombre y su devenir según el Vedanta, CS, Buenos Aires, 1990, libro del que se ha escrito: “Me ha parecido bellísimo; inteligente, profundo”, (Mircea Eliade, La prueba del laberinto), Cristiandad, Madrid, 1980, p. 141) y también: “Aquí, todo es restituido a una esfera de grandeza, de seguridad incomparable y de transparencia casi olímpica” (Julius Evola).
(2). Cf. Alexandra David-Neel, Místicos y magos del Tíbet, Indigo, Barcelona,1988.
(3). Cf. Sogyal Rimpoché, El libro tibetano de la vida y la muerte, Urano, Barcelona, 1994.
(4). Cf. René Guénon, “El ser y el medio”, en La Gran Tríada, Obelisco, Barcelona, 1986. 
 

Muerte, Esoterismo y Reencarnación – Capítulo IV: FENÓMENOS ESPIRITISTAS Y REGRESIÓN HIPNÓTICA

Enlazando con el capítulo II, puede decirse que durante el siglo XVIII rebrotan las especulaciones sobre vidas sucesivas entre varios filósofos alemanes, destacando especialmente Gotthold Ephraim Lessing. A caballo entre los siglos XVIII y XIX prestaron también atención al asunto Schleiermacher y Schopenhauer, entre otros. Los autores mencionados entienden que una vez se nace como ser humano, la “reencarnación” sólo ocurre en otro cuerpo humano y mejorando progresivamente. En la Francia de la misma época, Charles Fourier, considerado el padre del socialismo utópico, afirmaba la reencarnación asociándola también con la evolución progresiva a mejor; creía que a todos nos esperan muchas vidas, algunas en este mundo y otras en un plano más elevado, con un cuerpo mejor y con sentidos mas refinados. Pierre Leroux, por su parte, especulaba con las reencarnaciones como necesarias etapas por medio de las cuales van alcanzando las criaturas un estado de progresiva felicidad; creía que la reencarnación es la más sensata explicación para el mal y el sufrimiento tan desigualmente repartidos. Así pues, en tales medios socialistas se estimaba la reencarnación como la más plausible explicación para las desigualdades sociales, y se asociaba con la evolución progresiva. Durante el siglo XIX , el transcendentalismo norteamericano no deja de interesarse por el tema de las diversas existencias, pudiéndose citar al respecto a Ralph Waldo Emerson y a Walt Whitman. Es también en los Estados U nidos y en 1848 donde hay que datar el origen del movimiento espiritista. A finales de 1847 y en una casa de Hydesville (Estado de Nueva York), en la que acababa de instalarse la familia Fox, comenzaron a notarse diversos e inexplicables golpes, desplazamientos de objetos y otros fenómenos, todos ellos típicos de lo que suele llamarse “casas encantadas” y que se conocen desde la Antigüedad. Al cabo de unos meses se tuvo la idea de comunicarse por medio de golpes rítmicos con la entidad que se manifestaba y se consiguió una respuesta coherente.. Se inventó entonces el llamado “spiritual telegraph”, numerando las letras del alfabeto, y ello permitió conversar con la “entidad”, la cual dijo haber sido en vida un tal Charles y también que había sido asesinado en la misma casa y enterrado allí. Excavando en el lugar se encontraron efectivamente restos de osamentas y también se observó que los fenómenos ocurrían casi siempre en presencia de las hermanas Fox, lo cual alertó en adelante sobre el papel de los médiums. A partir de ese momento, y a través de diversas vicisitudes, el espiritismo creció imparablemente, sobre todo en América, y a los cuatro años tenía ya lugar el primer congreso. Los “espíritus” se habían puesto en incesante movimiento y se comunicaban mediante diversas prácticas que fueron apareciendo, como mesas parlantes o giratorias, ouija, etc., pero sobre todo por intermedio de algún ser humano, de un “médium”.En Francia, H. Rivail, alias Allan Kardec, se ocupó de sistematizar las comunicaciones de los supuestos espíritus, especialmente en el Livre des médiums y el Livre des esprits; fue una iniciativa importante para fijar la ideología del movimiento, ya que se veía claramente que los mensajes que transmitían los “espíritus” de marras eran habitualmente contradictorios. Si hay algo evidente en las comunicaciones espiritistas es cómo reflejan, al menos en parte, el contenido mental de aquellos que asisten a las sesiones, el cual está además inevitablemente condicionado por las “ideas que están en el aire”, las corrientes mentales de una determinada época. Como ya se ha dicho, fenómenos similares a los de la mansión de Hydesville son conocidos desde muy antiguo, y ya en una carta de Plinio el Joven se relata un caso muy parecido de una casa de Atenas. Lo característico de los espiritistas es la interpretación que dan a estos fenómenos y a las comunicaciones obtenidas por médiums, vasografía, etc. Por encima de las diferencias ideológicas entre ellos, su creencia común es que se puede comunicar con los muertos por medios materiales. Los casos que se conocen desde la antigüedad serian verdaderamente comunicaciones del espíritu de los difuntos, y así las creencias y prácticas del espiritismo gozarían de una tradición venerable. Lo cierto es que los ejemplos que se invocan de otras épocas o de otras culturas no se corresponden con las banales creencias del espiritismo. Se sabía en la antigüedad que hay una serie de fenómenos que están ligados, no al núcleo permanente y sobrenatural del difunto, sino a los restos psíquicos que deja éste al morir. En el ya citado caso que relata Plinio el Joven (siglo I) el “espíritu” pidió que se llevaran a cabo los correspondientes ritos sagrados que no se habían cumplido a su muerte y, una vez realizado ello, el “fantasma” dejó de aparecer. Es un tópico habitual entre historiadores y antropólogos disertar sobre la “ambivalencia” de la actitud que mantienen diversos pueblos “primitivos” o antiguos con respecto a los “muertos”. Habría tanto una veneración respetuosa como, al mismo tiempo, un miedo irracional, todo ello debido a la ignorancia. Sin duda, todo conocimiento puede terminar por perderse o puede ir degenerando, pero, en este caso, no se trata de ignorancia alguna sino de la distinción entre dos aspectos muy distintos. Si está o estaba extendida entre diversos pueblos de la Tierra la prevención o el miedo hacia manifestaciones de los “muertos”, ello se debía a que, al menos ciertas élites, sabían que no se trata del espíritu del muerto en el sentido auténtico de la palabra, sino de elementos en descomposición pertenecientes al plano sutil. Hablando en términos cristianos, se puede mantener una actitud respetuosa hacia las “ánimas del Purgatorio” porque tales ánimas o almas están, por así decir, en el buen camino y a la espera de entrar en el Paraíso, pero ello no quita para que se tomen medidas higiénicas con relación al cadáver que dejan en el mundo visible. De forma parecida, tales ánimas pueden dejar un “fantasma”, sobre todo si han muerto violentamente, y los ritos mortuorios se dirigen, en parte, a prevenir tales infestaciones. Tampoco son infrecuentes las declaraciones sobre el primitivismo de ciertas culturas que creen en varias “almas”. Sin embargo, sin ir más lejos, la tradición hebrea distingue entre el ob, que es Io relacionado con las infestaciones, “casas encantadas”, etc., el nefesh, el ruah y el nesamah (aproximadamente, “alma vegetativa”, “alma sensitiva” y “alma racional”). El ob puede ser objeto de evocación mágica, y a ello se refiere la evocación del profeta Samuel que se narra en la Biblia. La posibilidad que hay de utilizar el ob en prácticas de brujería es lo que explica la tan extendida prohibición de la necromancia, la adivinación por los “muertos”.El espiritismo tuvo el mérito al principio de llamar la atención sobre realidades alternativas al agobiante materialismo reinante en la época, pero sus creencias no dejan de ser un materialismo traspuesto y reflejo de la ideología de su tiempo. Precisamente esto es lo que explica -en parte- el rápido avance que consiguió, sobre todo en América; especialmente destaca su culto supersticioso al fenómeno, adoración que comparte con la mentalidad predominante tanto hoy en día como en su época de origen. Se olvida demasiado frecuentemente que un mismo hecho es susceptible de varias explicaciones alternativas y que hechos semejantes pueden tener un origen completamente distinto; así, por ejemplo, hay fenómenos que se dan tanto en las vidas de algunos santos como en la brujería. La forma sutil del ser humano viviente es susceptible de diversas posibilidades generalmente desconocidas por el público y que pueden estar detrás de muchos hechos atribuidos a los muertos” por ignorancia. El medio cósmico sutil es llamado taijasa en la tradición hindú y se sabe que la forma sutil o psíquica puede, por ejemplo, condensarse y materializarse en cualquier lugar sin intervención de ningún médium, de donde los casos de bilocación o los de apariciones de seres humanos a distancia en el momento de su muerte o poco antes. La forma sutil puede adoptar la misma forma del cuerpo, pero a veces adquiere cualquier otra forma, de donde los relatos de brujos o chamanes que aparecen con apariencia de animales. También existe la posibilidad de transportar íntegramente la forma corporal hasta el estado sutil de nuestro mundo, con lo cual no queda cadáver visible; a tales casos muy especiales se refiere lo que la Biblia relata acerca de Henoch y de Elías. En definitiva, los mensajes de los “espíritus” en las sesiones, proceden en su mayor parte de las ideas más o menos conscientes de los participantes y el caso de Alían Kardec es paradigmático, puesto que las creencias en el progreso, en el evolucionismo y en la reencarnación progresiva y sólo en humanos proceden del ambiente de su tiempo y muy especialmente de los ya citados medios socialistas franceses del siglo XIX. Tales ideas las heredó del espiritismo la Sociedad Teosófica de H. P. Blavatsky (sobre todo la fe reencarnacionista) y de ambos movimientos pasaron a las diversas escuelas ocultistas. Así, a modo de ejemplo, el ocultista Papus aseguraba que la reencarnación ha sido enseñada como un misterio esotérico en todas las iniciaciones de la Antigüedad (1); al decir esto lo que hace Papus es confundir la reencarnación con la auténtica transmigración, como luego se verá. Para acabar, conviene traer a colación la sentencia de la Bhagavad-Guitá: “son hombres de tinieblas los que rinden un culto a los muertos y a los espíritus. Hay gente que no acepta en principio las hipótesis espiritistas pero que, sin embargo, participan en cierto modo de su mentalidad reverente y genuflexa ante los fenómenos; entre ellas, cabe incluir a los que creen sinceramente que pueden encontrarse pruebas de la reencarnación a través de la denominada “regresión de la memoria” en estado hipnótico. Ya a principios de siglo, el psiquiatra de Ginebra T. Flournoy reunió en el volumen De las Indias al planeta Marte lo que le contaba en trance hipnótico uno de sus sujetos de experimentación. Posteriormente, el coronel A. De Rochas (que fue derivando cada vez más del hipnotismo al espiritismo) emprendió un estudio más metódico en varias obras, destacando sobre todo Las vidas sucesivas. Acerca de tales experimentos cabe señalar en primer lugar que la hipnosis induce a un estado psíquico que puede variar en los sujetos desde una suave relajación hasta un profundo sonambulismo del que no se recuerde nada al despertar. Los pacientes son especialmente receptivos en tal estado tanto a la sugestión del hipnotizador como a la hipermnesia (facultad de acceso a la memoria mayor de lo habitual); el encefalograma muestra una percepción agudizada por encima de lo corriente, luego es una situación favorable para la transmisión de pensamiento y otros fenómenos paranormales. En semejantes condiciones, el sujeto puede atraer las ideas del hipnotizador, aunque éste no tenga voluntad consciente de influir, y tener acceso a ellas por telepatía, a menos que no sepa ya. más o menos de antemano el paciente cuales son las expectativas del hipnotizador e intente cumplirlas fabricando personalidades a partir de sus recuerdos conscientes o inconscientes. Se sabe de varios casos en los que al utilizar la hipnosis con el fin que sea, han aparecido subpersonalidades del sujeto por accidente, ya que en toda persona “normal” hay potencialidades de carácter que pueden dar origen a una personalidad disociada de la principal cuando llega una situación patológica. He aquí un abundante material para que el hipnotizado elabore “vidas anteriores”.Por añadidura, en el sueño ordinario todos experimentamos que una mínima alteración del entorno que no llegue a despertar al durmiente, puede dar lugar sin embargo a todo un sueño de lo más complicado. Entre el estado de sueño y el hipnótico hay una evidente relación, como el propio nombre lo indica. Luego, una pequeña indicación del hipnotizador, ¿acaso no puede dar lugar a toda una elaborada “personalidad anterior”? Se sabe que el psiquiatra ruso Vladimir Raikov realizó sorprendentes experimentos hipnóticos, y en uno de ellos sugirió a una estudiante de música poco adelantada que era el violinista Fritz Keisler, logrando de este modo que tocara con la maestría y estilo de éste mientras se encontraba en trance. Varios estudiantes mediocres de pintura convertíanse de hecho en maestros conocidos durante la hipnosis e incluso alguno conservaba su nuevo talento al pasar al estado ordinario. En todo caso, numerosos médicos y psicólogos creen que la hipnosis es un método equivocado para evocar una vida anterior. Baste decir que J. B. Rhine, de la Universidad Duke de Carolina del Norte -al que se puede considerar como el fundador de la parapsicología experimental- opinaba que la prueba de la reencarnación no se descubrirá en la regresión hipnótica. Es necesario descubrir antes dónde hay una personalidad espiritual que pueda existir aparte del cuerpo. Por su lado, el Dr. lan Stevenson, del que se tratará a continuación a propósito de la metempsicosis, resume certeramente la cuestión al estimar que los resultados de estos experimentos son decepcionantes, puesto que las “personalidades” que surgen en las regresiones parecen formadas por los ingredientes de: la personalidad ordinaria del sujeto hipnotizado, su capacidad de fantasía, sus expectativas sobre lo que el hipnotizador pretende conseguir y, en ocasiones, algún elemento paranormal; ahora bien, desde que se admite el ingrediente paranormal, la hipótesis de la reencarnación se torna innecesaria en todos los casos. Señalemos por último que todas aquellas prácticas que puedan hacer surgir aparentes recuerdos de vidas anteriores podrían resultar, en ocasiones, beneficiosas espiritual o psíquicamente (y por derivación, físicamente) sin que por ello quepa admitir la hipótesis reencarnacionista. Se ha comprobado que los seres humanos pueden resistir muy pocos días sin dormir y que todos sueñan, aunque algunos no lo recuerden al despertar; el hecho en si es que el sueño resulta absolutamente necesario para el equilibrio psico-físico, pero ¿cuántas teorías circulan hoy sobre la naturaleza del sueño? A propósito de los sueños, conviene pensar en los sueños premonitorios como alguna de las causas que están detrás de la impresión del “déjà vu”, la sensación de haber vivido ya anteriormente alguna situación concreta. Simplemente puede tratarse de que uno ha soñado premonitoriamente el suceso o la ocasión de que se trata y haberlo olvidado al despertar, hasta que lo recuerda justamente en el momento de producirse. Cabe alguna otra explicación alternativa para estos casos, pero, al igual que en las denominadas regresiones hipnóticas, desde el momento en que se admite algún elemento paranormal, la teoría de la reencarnación está de sobra.
NOTA:.(1). Cf. Papus, La reencarnación, EDAF, Madrid, 1976.

Nacimiento y Muerte

Llegamos a este plano terrenal como un fragmento de consciencia cósmica.

Mientras venimos de la fuente, venimos con el Cuerpo Etéreo como estructura para el Ser.

Llegamos a este plano terrenal para tener experiencias únicas.
Para nuestras experiencias nosotros seleccionamos el vientre,
Seleccionamos los padres, ambiente y situaciones.

Todo el diseño de vida es conocido para el Ser.

Después de seleccionar a la madre, el fragmento de consciencia entra al vientre de la madre.
Después de que la consciencia entra, el feto tiene vida.

El cuerpo físico toma la forma de acuerdo a la Energía Cósmica en el Cuerpo Etéreo y de acuerdo a la Causa.

La Consciencia estará viajando frecuentemente a la fuente hasta que tome el primer aliento.

Después de salir del vientre de la madre, toma su primer aliento externo.
Esto se conoce como Nacimiento.

Del día 1 a la edad de 7 años tendremos conocimiento de la fuente.

La mente empieza a tomar forma desde la edad de siete y se forma completamente a la edad de 14.

El intelecto empieza su activación desde la edad de 14 y se desarrolla totalmente a la edad de 21.

De la edad de 21 a la edad de 28, uno experimenta la combinación de cuerpo, mente e intelecto.

A partir de la edad de 28 la vida depende del Auto Conocimiento.

Si uno no tiene conocimiento del Ser, su consciencia yace entre el cuerpo y la mente.
Debido a esto, todo el misterio empieza.
No puede entender las situaciones.
Las cosas se vuelven críticas para él.

Se moldea dentro de una rigidez oculta.
La rigidez bloquea el flujo cósmico.
Debido a esto sufre con enfermedad física, estrés y tensiones.

Pasa sus días sin consciencia.
No puede entender el propósito de su vida.

Si pasa su vida sin consciencia y sin entendimiento,
Entonces,
Pasa de la niñez a la juventud, después a la edad adulta y finalmente fallece en este plano terrenal sin completar su propósito de venir al plano terrenal.
Es lo que llamamos Muerte.

Aún después de la muerte, la capa de mente rígida con entendimiento equivocado no permite la consciencia para alcanzar la fuente.

Debido al entendimiento equivocado crea su propio infierno y cielo

y queda como un ser del mundo astral inferior.

Si uno empieza la vida con el Ser, siempre será armonioso en todas las situaciones dadas.

Aún después de la Muerte, no estará en las frecuencias inferiores.
Regresará a la fuente.